Axiomas

1. Los dichos y las historias de Jesús primero circularon en pequeñas unidades independientes. Cuando se observa cuidadosamente, las transiciones cronológicas y geográficas entre muchas de las historias de los Evangelios parecen muy vagas. Estas transiciones se cree que son obra de un editor que trata de ajustar las historias entre sí para que tengan cierta coherencia. Son particularmente notables y abruptas en Marcos, especialmente en su fuerte uso de la palabra eutheōs (“inmediatamente”). Mateo y Lucas hicieron una edición algo más habilidosa, ocultando de esa manera esas transiciones tan bruscas que son tan evidentes en Marcos. Los Evangelios también presentan algunos de los mismos incidentes en distintos contextos. Esto refuerza la teoría de que los evangelistas tenían ante ellos historias “como montones de perlas sin ensartar.” Marcos cogió este montón de perlas y las ensartó de una manera que a él le parecía que tenían sentido.

2. Estas unidades de contenido individual o elementos de material encontradas en los Evangelios se pueden clasificar según sus formas literarias. Este principio se basa en la observación de que la tradición oral y las obras literarias de las culturas primitivas siguen comparativamente patrones fijos y tienen unos pocos estilos definidos. Primero están los dichos, que incluyen varios subtipos: parábolas, proverbios como los que se encuentran en la literatura sapiencial (como la judía, la griega o la egipcia), pasajes proféticos y apocalípticos, prescripciones legales (incluidas reglas de la comunidad) y frases con el “yo” (por ejemplo: “No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir.”). Y después están las historias, que también tienen subtipos:

(a) Las “historias de apotemas” proporcionan un contexto histórico para un dicho o un pronunciamiento de Jesús.

(b) Las historias de milagros normalmente están compuestas de descripciones de situaciones históricas, incluyendo las palabras que Jesús dijo en ese momento, y de un breve comentario del efecto del milagro.

(c) Las leyendas se parecen a los cuentos o fragmentos de cuentos sobre santos y personas ilustres tanto de las tradiciones cristianas como no cristianas. Predomina el interés biográfico. Un ejemplo es la historia del gallo que canta después de la negación de Jesús por parte de Pedro.

(d) Los mitos son recursos literarios utilizados para transmitir una verdad sobrenatural o trascendente de forma terrenal. No se distinguen fácilmente de las leyendas. Normalmente presentan las palabras u obras de un ser divino.

3. Una vez clasificadas, las distintas unidades del material evangélico se pueden estratificar. Esto es, se pueden clasificar por edades relativas. A partir de ahí es posible determinar el valor histórico de las distintas unidades del Evangelio. Cuanto más antiguo es el material más confianza histórica ofrece o más auténtico es.

La crítica de las formas asume que el proceso por el cual la iglesia transmitió los materiales evangélicos siguió las mismas reglas de desarrollo que gobernaron la transmisión de otros materiales orales, incluyendo los cuentos populares. Si conocemos el proceso y los patrones generales que siguen las tradiciones orales, es posible descubrir en qué momento se introdujo cierto elemento. Esto es particularmente cierto si conocemos en qué momento las influencias específicas estaban presentes en la comunidad que preservaba y transmitía la tradición.

Una tira cómica que apareció en un periódico universitario empezaba con un estudiante diciéndole a otro: “El presidente lleva puesta una corbata roja hoy.” En la viñeta siguiente el segundo estudiante le decía a un tercero: “El presidente tiene corbatas rojas.” Este estudiante le decía a un cuarto: “Al presidente le gusta el rojo.” Finalmente este estudiante exclamaba asombrado ante un quinto: “¡El presidente es un comunista redomado!” Si uno tuviera la segunda y la cuarta viñeta, pero no tuviera las demás, podría saber cuál iba primero e incluso podría reelaborar la primera y la tercera con cierto grado de certeza. Lo mismo que este rumor, las tradiciones orales siguen patrones de desarrollo definidos.

Surgen algunas conclusiones con respecto a los materiales del Evangelio. Por ejemplo, las explicaciones de las parábolas no pertenecen a las parábolas; las conclusiones moralizantes que se proporcionan a menudo son adiciones secundarias. Es más probable que las mismas parábolas sean las propias palabras de Jesús y las explicaciones y aplicaciones morales sean obra de la iglesia al tratar de interpretar esas palabras. Con frecuencia, los milagros también se pueden estratificar. Algunos milagros son típicamente “judíos” (curaciones y exorcismos); estas aportaciones deben ser del primer periodo, cuando la iglesia estaba casi bajo la exclusiva influencia de los judíos. Otras son “helenistas.” Los llamados milagros de la naturaleza, como el de calmar las aguas y la maldición de la higuera, reflejan el interés helenista de un periodo posterior cuando la iglesia tenía influencias griegas. Como la tradición de los milagros de curación surgió antes, es más probable que sean más auténticos que los milagros de la naturaleza.

4. Se puede determinar la situación vital de la iglesia primitiva. Un estudio cuidadoso de los Evangelios nos revelará los problemas a los que tenía que enfrentarse la iglesia primitiva ya que la forma de la tradición se vio afectada por estos problemas. Las palabras específicas de Jesús se preservaron para tratar las necesidades de la iglesia. En algunos casos puede que se crearan y le fueran atribuidas luego para servir a este propósito. Lo que tenemos en los Evangelios no es tanto lo que Jesús dijo o hizo como lo que la iglesia predicó sobre él (el kerygma).

Los resultados de la crítica de las formas han variado. Algunos críticos, como Rudolf Bultmann, son muy escépticos respecto a la posibilidad de saber lo que realmente ocurrió en la vida y el ministerio de Jesús. Bultmann escribió en una ocasión: “Uno puede admitir que no hay ni una sola palabra de Jesús para la que existan evidencias definitivas de autenticidad.” Esto, sin embargo, no es escepticismo total: “Se pueden señalar toda una serie de palabras procedentes del estrato más antiguo de la tradición que nos dan una representación coherente del mensaje histórico de Jesús.”

Otros llegan a conclusiones mucho más positivas en lo que se refiere a la autenticidad de lo que cuentan los Evangelios; y desde 1950 ha habido incluso una nueva búsqueda del Jesús histórico que toma en cuenta las perspectivas y conclusiones de la crítica de las formas. Sin embargo, para muchos críticos de las formas las palabras de Jesús pueden ser auténticas, pero hay una duda grave en lo que se refiere al marco narrativo. Toda la información sobre la situación original en la que estas palabras se dijeron se había perdido. Como estas palabras no podían dejarse colgando sin más, se creó todo un esqueleto para colocarlas. Es más, parece que lo que se ha escrito de Jesús no se hizo desde un punto de vista de unos observadores objetivos, sino desde la fe, con el deseo de influir en otros para que tuviesen fe en ese mismo Jesús. Si la posición de la mayoría de los críticos de las formas es correcta, los Evangelios deberían verse más como publicidad o literatura promocional hecha por un fabricante o un vendedor y menos como boletines de investigación cuidadosamente controlados publicados por un laboratorio científico independiente. La cuestión, por supuesto, es saber hasta qué punto se puede confiar en estos materiales y acompañando y precediendo a esta pregunta estaría la de saber hasta qué punto el método utilizado para determinar su fiabilidad es también fiable y objetivo.