Estratificación de los temas
El paso final en el método teológico es clasificar los temas según su orden de importancia relativa. Esto es como decir que tenemos que esquematizar nuestra teología asignando números romanos a los temas principales, una letra mayúscula a los subtemas, un número arábigo a los temas que dependen de los subtemas, etc. Necesitamos saber cuáles son los temas principales. Y tenemos que saber cuáles podemos tratar como subtemas, esto es, temas que, aunque importantes, no son tan cruciales ni indispensables como las divisiones principales. Por ejemplo la escatología es un área importante de investigación doctrinal. Dentro de esta área la segunda venida es una creencia importante. Bastante menos crucial (y enseñada con bastante menos claridad en las Escrituras) es el tema de si la iglesia será arrebatada del mundo antes o después de la gran tribulación. Clasificar estos temas según su importancia debería ayudarnos a emplear menos cantidad de tiempo y energía en temas que tienen una importancia secundaria (o terciaria).
Una vez hecho esto, tendremos que hacer una evaluación incluso de los temas que están en el mismo nivel. Aunque tienen un estatus semejante, algunos son más básicos que otros. Por ejemplo, la doctrina de las Escrituras afecta a todas las demás doctrinas, ya que éstas se derivan de las Escrituras. Es más, la doctrina de Dios merece especial atención porque tiende a formar el marco dentro del cual se desarrollan todas las demás doctrinas. Una modificación aquí marcaría una diferencia bastante considerable en la formulación de las otras doctrinas.
Finalmente, tenemos que señalar que en un momento particular una doctrina puede necesitar más atención que otra. Por lo tanto, aunque no queremos afirmar que una doctrina es superior a otra en un sentido absoluto, podemos concluir que en un momento dado una de ellas puede tener mayor importancia para toda la empresa teológica e incluso eclesiástica, y por lo tanto merece mayor atención.
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