Dios se contradice
¿No hay contradicción en los atributos de Dios? Por ejemplo, si Dios fuera omnisciente, no podría cambiar de opinión. O, al revés, si Dios cambia de opinión, entonces no es omnisciente.
Es cierto que en la Biblia hay varios pasajes en los que parece que Dios cambie de opinión. Por ejemplo, en Éxodo 32:14, podemos leer: "Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo". Es evidente que si Dios lo sabe todo, es eterno e inmutable, no va a cambiar de opinión, en el sentido de arrepentirse de algo, o de reconocer que estaba equivocado. A nosotros puede parecernos que cambia de opinión, desde nuestra perspectiva finita y temporal. Sin embargo, desde su perspectiva eterna Dios no puede cambiar. Lo que ocurre es que Dios solo se puede comunicar con el hombre por medio de una revelación antropomórfica o "antropopatismo". Es decir, hablándonos en términos humanos temporales que podamos entender. Rebajándose hasta nuestro nivel.
Por ejemplo, cuando Adán y Eva pecaron y se escondieron de la presencia de Dios, en Génesis 3:9, leemos: "Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?" ¿Es que el Dios omnisciente (que lo sabe todo) no sabía dónde se había escondido Adán? ¡Claro que lo sabía! No está preguntando por su localización física sino por su condición espiritual: ¿Dónde estás tú en relación conmigo? ¿Sigues siendo el mismo de antes o tu corazón ha cambiado? Incluso esto último también lo sabía Dios porque: "Él conoce los secretos del corazón" (Sal 44:21).
Él sabía dónde estaba el ser humano y qué había dentro de su corazón, pero deseaba que fuera el propio hombre quien se diera cuenta de lo que había hecho. Dios busca a Adán en el huerto de Edén sabiendo que ha pecado y sabiendo donde se esconde, pero lo explica desde nuestra perspectiva humana finita y espacial. De la misma manera, lo que a nosotros puede parecernos un cambio de opinión, o que Dios se arrepiente de sus intenciones previas, es solo un lenguaje humano (= antropomórfico) para que lo entendamos. Dios no se sorprende nunca de nuestras decisiones porque las conoce desde la eternidad. Él sabe qué elección hará cada persona, desde antes de la fundación del mundo. En Jeremías 18:8, Dios dice: “Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles”. Esta es una manera humana de hablar, puesto que Dios sabe desde el principio quién se arrepentirá y quién no. Él hace que todas las cosas contribuyan a sus planes eternos y a su voluntad suprema, "en la cual no hay mudanza, ni sombra de variación". (Stg. 1:17).
A veces se dicen también tonterías del estilo de: ¿puede Dios crear una piedra tan pesada que él mismo sea incapaz de levantar? Si no puede, entonces no es omnipotente. Dios no suele hacer cosas extrañas o contradictorias, como solteros casados, círculos cuadrados, mitades enteras o piedras que no se puedan levantar. Él hace aquello que es lógicamente posible, no lo que no lo es. Sin embargo, la persona incrédula es como una pesada roca que Dios no puede mover.
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