Atributos de la grandeza de Dios

Cuando hablamos de los atributos de Dios, nos estamos refiriendo a las cualidades de Dios que constituyen lo que es, las características mismas de su naturaleza. No nos estamos refiriendo a sus actos, como crear, guiar y sustentar, ni a sus roles correspondientes tales como Creador, Guía y Sustentador.

Los atributos son cualidades de la Divinidad en su conjunto. No se deberían confundir con las propiedades que, técnicamente hablando, son las características distintivas de las distintas personas de la Trinidad. Las propiedades son funciones (generales), actividades (específicas) o actos (más específicos) de los miembros individuales de la Divinidad.

Los atributos son permanentes y son cualidades intrínsecas, que no se pueden ganar o perder. Por lo tanto, la santidad, en este sentido, no es un atributo (una característica permanente, inseparable) de Adán, sino de Dios. Los atributos de Dios son dimensiones esenciales e inherentes a su misma naturaleza.

Aunque nuestra manera de entender a Dios ha pasado sin duda por el filtro de nuestro propio marco mental, sus atributos no son concepciones proyectadas sobre él. Son características objetivas de su naturaleza. Aunque el autor bíblico a menudo expresa su reacción o respuesta a estos atributos, los atributos y las respuestas se distinguen con bastante claridad unas de otras.

Los atributos son inseparables del ser o la esencia de Dios. Algunas teologías anteriores pensaban que los atributos eran algo que en cierta manera iba adherido, o al menos era distinguible de la sustancia subyacente, o del ser o esencia. En muchos casos, estas ideas estaban basadas en la concepción aristotélica de sustancia y atributo. Algunas otras teologías se han ido al extremo opuesto, prácticamente negando que Dios tenga una esencia. Aquí los atributos se describen como una especie de conjunto de cualidades. Se consideran como partes fragmentarias o segmentos de Dios. Es mejor concebir los atributos de Dios como su naturaleza, no como una colección de partes fragmentarias o como un aditamento a su esencia. Por lo tanto, Dios es su amor, santidad y poder. Estas son maneras diferentes de ver el ser unificado, Dios. Dios es ricamente complejo, y estas concepciones son meros intentos de captar diferentes aspectos o facetas objetivas de su ser.

Entonces, cuando hablamos de la incomprensibilidad de Dios, no queremos decir que haya un ser o esencia desconocido más allá o tras sus atributos. Más bien, queremos decir que no conocemos sus cualidades o su naturaleza completa y exhaustivamente. Sólo conocemos a Dios tal como se ha revelado a sí mismo. Aunque su auto-revelación es sin duda coherente con su naturaleza completa y precisa, no es una revelación exhaustiva. Es más, no entendemos totalmente o no conocemos exhaustivamente lo que nos ha revelado de sí mismo. Por lo tanto, hay, y siempre habrá, un elemento de misterio en lo que se refiere a Dios.