La Biblia y su credibilidad

Ahora, las fuentes más antiguas que tenemos acerca de la muerte y resurrección de Jesús, históricamente son los Evangelios junto con las cartas de Pablo y el libro de Hechos. Posiblemente en 1 Corintios 15 tenemos un credo o himno muy antiguo, el cual Pablo escuchó poco tiempo después de su conversión (cf. Hechos 9:27ss.; Gal 1:21ss.). Este texto fue escrito unos 25 a 26 años después de la muerte de Jesús. Pero no solo eso; según la mayoría de los eruditos el texto de Pablo en 1 Corintios 15 se basa muy probablemente en un credo o un himno cristiano (1 Cor 15:3a: yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí:...”), el cual, poco tiempo después de la muerte de Jesús, en el año 30 d.C. fue cantado, y probablemente también recitado. Pertenece a los testimonios más antiguos que tenemos acerca de la resurrección de Cristo. Los evangelios fueron escritos entre los años 50 hasta 95. Mateo, Marcos, Lucas y Hechos incluso antes del 65 d.C.

Lucas en su evangelio, añade un prólogo (Lc 1:1-4), cual nos indica, que su obra la quiere tener entendida como una obra históricamente fiable. Él dice haberlo investigado todo con diligencia y lo que escribe, hace en orden. Además de eso, Lucas nos presenta un conocimiento muy bueno y exacto de la topografía de Judea, lo cual habla a favor de su autenticidad.

Los evangelios pretenden ser documentos históricos, fiables y exactos. Para un historiador son importantes las fuentes de los Evangelios. Hoy no tenemos el documento original de ningún solo párrafo del Nuevo Testamento. ¿Podemos estar seguros que el texto de la Biblia es realmente el original de los autores? ¿O fueron manipulados y ampliados? Las respuestas a esas preguntas tienen que ver directamente con la confiabilidad del texto. Si se tiene una gran cantidad de manuscritos disponibles, lo más cerca posible al autor original entonces históricamente logramos un alto grado de fiabilidad. Si encima estas copias fueron distribuidas en un gran territorio sin grandes diferencias y si se tienen textos completos, esa fiabilidad aumenta. En este caso, con el Nuevo Testamento tenemos el texto mejor testificado de toda la antigüedad. La historia del texto neotestamentario fue mejor estudiada que la de cualquier otro documento. No existe ningún secreto. Hoy cada uno puede estudiarlo en el aparato crítico de diferentes versiones del texto griego. Precisaremos esto con algunos ejemplos:

1. El Nuevo Testamento, claramente, tiene la mayor cantidad de manuscritos. Otras obras antiguas se basan en el testimonio de unos pocos manuscritos parciales o completos, normalmente menos que 10. De "La Ilíada" de Homero, segunda mejor atestiguada, tenemos 643 manuscritos y de la obra "Bellum Gallicum" de César, tenemos 10 manuscritos. De las obras de Herodoto, 8. De las obras de Aristóteles, 5. Todo nuestro conocimiento de la antigüedad, acerca de esas obras, se basa en estos textos. Del Nuevo Testamento existen 5.686 manuscritos independientes parciales o completos. Además de eso, existen miles de manuscritos de traducciones al latín, el sirio o el copto. Llegamos de esa manera a un total de alrededor de 25.000 manuscritos. Si partimos de los 5.686 manuscritos independientes, entonces el Nuevo Testamento se adelanta a "La Iliada" con el factor 8,8 y al resto de los documentos de la antigüedad con un factor de más de 500.

2. A pesar de la gran diversidad de textos y en un territorio muy grande, existe un alto grado de homogeneidad en el texto. El texto lo podemos reconstruir. Llegamos a 98% de seguridad del texto. Es decir, podemos llegar a reconstruir el texto original a pesar de la existencia de un número de variantes. El restante 2% se refiere a unos 10 a 20 versículos dónde no podemos decir con certeza cuál ha sido el texto original. Pero ninguno de esos versículos cambia alguna doctrina cristiana. Significa que tenemos un texto fiable y la transmisión del mismo ha sido muy cautelosa.

3. Un factor importante para la fiabilidad de un texto es el tiempo entre el original y el manuscrito que poseemos. Otra vez el Nuevo Testamento deja atrás a todo lo conocido de la antigüedad. El "Bellum Gallicum" de César fue escrito por el mismo en los años 100-40 a.C. El manuscrito más antiguo que poseemos data del año 1000. Más o menos igual es el caso con los "Anales de Tácito". En el caso de Herodoto hablamos de una distancia de 800 años. Lo más cerca llegamos con "La Iliada" de Homero dónde tenemos un intervalo de solo 400 años entre el original y la copia más antigua. En el caso de Platón y Aristóteles hablamos de 1200 y 1400 años respectivamente. Esa es la norma. Por otro lado, el documento más antiguo reconocido del Nuevo Testamento es el Fragmento de Rylands conocido como P52 que contiene partes de Juan 18. Se lo data alrededor del año 120 d.C. Sabemos que Juan vivió hasta el tiempo de Trajano, lo que sería 98 d.C. Significa, si Juan, como es comúnmente aceptado entre los eruditos neotestamentarios, escribió el evangelio alrededor del año 95, que la distancia entre el original y el manuscrito que tenemos es de apenas 25 a 30 años. Importante también son los Papiros Bodmer y Chester Beatty. Contienen la mayoría de los textos del Nuevo Testamento, también algo del Antiguo Testamento. El primero data de alrededor del año 200 y el segundo alrededor del año 250 d. Cr. Significa que tenemos 100 a 150 años, después de la muerte de los autores ya manuscritos de casi todos los libros del Nuevo Testamento. El códice Sinaítico con todo el Nuevo Testamento y el Vaticano con casi todo el texto, provienen de unos 250 años después de los autores originales. Este hecho sorprendente, John A. T. Robinson, lo resume de esa manera: “La cantidad de manuscritos y el breve intervalo de tiempo entre la redacción y las copias más antiguas, lo hacen por lejos el texto mejor atestiguado del mundo antiguo.”

Por último, después del veredicto impresionante acerca de los manuscritos y su fiabilidad, queda la pregunta acerca de la fiabilidad del relato de los evangelios mismos. Históricamente tenemos algunos criterios que ayudan a definir si textos son confiables en su contenido o no:

1) Evidencias antiguas son preferidas. Si hablamos de Jesús, entonces evidencias entre los años 30 a 50 d.C. serían muy antiguas y altamente confiables.

2) Se aumenta la credibilidad de los textos, si los mismos vienen de testigos oculares (p. ej. de Mateo, Juan, los discípulos, etc.).

3) Testimonios independientes de varios testigos son mejores y aumentan nuevamente la fiabilidad. En este caso, pequeñas contradicciones aumentan la credibilidad porque textos posteriormente editados habrían ocultado las mismas unificando el texto.

4) El “principio de la vergüenza” mejora la credibilidad. Significa que un texto recibe mayor credibilidad si el autor escribe de sí o de un hecho al cual lo califica como positivo, de manera negativa o desfavorable. Relatos netamente positivos son más sospechosos de ser inventos. Los Evangelios cumplen con el “principio de la vergüenza”. Un ejemplo es la muerte deshonrosa de Jesús en la cruz. ¿Qué interés tendrían los discípulos de difundir la historia deshonrosa en su misión bajo los griegos y romanos? Un Jesús heroico que cayó en la pelea como un valiente se podría haber vendido mucho mejor.

5) Si fuentes contrarias concuerdan con los relatos bíblicos, aumenta la credibilidad de los mismos (cf. Tácito, Anales 15,44 refiriéndose al cristianismo como una mal y dañina herejía).

Hemos comprobado la confiabilidad de las fuentes. Estas fuentes que tenemos, hablan de un suceso histórico: la muerte, la resurrección y la aparición de Cristo.

 

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