Definición del término "Milagro"
Al intentar definir el término milagro, nos topamos con el hecho de que una conceptualización precisa es dificultosa, ya que la palabra se utiliza ampliamente. Así, por ejemplo, un estudiante universitario puede considerar el hecho de haber aprobado una asignatura como un milagro. Otra persona puede afirmar que ella se curó milagrosamente de una infección viral de la garganta al cabo de una semana después de haber orado intensamente. Pero un médico probablemente no consideraría a esta evolución favorable un milagro, ya que los síntomas de este tipo de infecciones virales mayormente desaparecen después de una semana sin requerir una causa sobrenatural. Por otro lado, algunos creyentes cristianos no suelen distinguir estrictamente entre milagro y providencia divina. Así, por ejemplo, se puede considerar una provisión inesperada después de intensas oraciones como acto de Dios, mediante el cual Él provee lo necesario de manera especial. Aunque muchos considerarían esto como un milagro, otros preferirían hablar de un acto especial de la divina providencia, ya que los procesos naturales quedaron intactos por la actuación indirecta de Dios. Estos pocos ejemplos ponen de relieve la dificultad de una descripción precisa del término milagro.
Agustín de Hipona (354-430) fue el primer teólogo que expuso una doctrina sistemática de los milagros bíblicos. Según Agustín, los milagros eran señales visibles de la gracia divina. Él no se preocupaba por la cuestión de la posibilidad de los milagros. Las causas de los milagros fueron puestas por Dios en la naturaleza durante la creación. Dios había implantado causas y semillas ocultas en su creación, las cuales, con el paso del tiempo, se desvelaban. Ya que los milagros fueron causados por hechos naturales instituidos por Dios, ellos no se contraponían al orden natural. Agustín, por lo tanto, afirmaba que un prodigio “no ocurre de modo contrario a la naturaleza, sino contrariamente a lo que nosotros entendemos por naturaleza”. Ciertamente, algunos eventos que parecen milagrosos pueden ser causados por mecanismos desconocidos. No obstante, mecanismos que no se conocen no pueden ser confirmados ni refutados. Hugh Melinsky también resalta que Agustín descuidó la dimensión trascendente del milagro, pues él veía “la intervención divina no tanto como un acto del poder creativo de Dios sino como un despertar de semillas ya plantadas en las cosas por la mano de la Providencia.”
Tomás de Aquino (1225-1274) recuperó la dimensión trascendente de los milagros, estableciendo la intervención divina como causa de los milagros. Aquino afirmaba que el milagro, por un lado, “sobrepasa las facultades de la naturaleza” y, por otro lado, es “una manifestación de algo sobrenatural.” Debido a esto, los milagros son llamados “señales”. La teología cristiana conservadora generalmente describió los milagros dentro de los parámetros de Aquino.
Más recientemente, Richard L. Purtill definió el milagro como un evento en el cual Dios temporalmente obra una excepción al orden
habitual de la naturaleza para mostrar que Él está actuando. Según Purtill, cada parte de esta definición es importante:
1. La excepción al orden natural es temporalmente limitada, ya que los eventos posteriores son determinados por las leyes naturales.
2. El milagro es una excepción al orden habitual de la naturaleza. Fue, por ejemplo, natural que Lázaro muera debido a su enfermedad (Juan 11). Pero su resurrección efectivamente fue sobrenatural, ya que sobrepasó el orden habitual de la naturaleza.
3. A no ser que no exista una idea de cómo las cosas generalmente ocurren, es decir, las leyes de la naturaleza, no se podría establecer una excepción milagrosa singular. Si la naturaleza fuera caótica, si cualquier cosa pudiera suceder, no se podrían contrastar los milagros con los eventos ordinarios. Por lo tanto, las leyes naturales describen eventos regulares que son causados naturalmente. Pero los milagros son eventos singulares que son causados sobrenaturalmente.
4. La causa del evento extraordinario es Dios. Si un poder menor que Dios originara el evento en cuestión, no sería un “milagro”. Desde el punto de vista cristiano, la magia también puede causar prodigios excepcionales. Un hechicero logra esto con la manipulación de fuerzas espirituales o demoníacas. De acuerdo a la Biblia, un evento causado por la magia, aunque sea un suceso paranormal, seguiría siendo un evento natural, ya que los demonios forman parte del orden creado.
5. El propósito de un milagro es señalar que Dios actúa.
Ciertamente, definiciones como la de Purtill y otros muestran varios aspectos válidos. Pero, como Holthaus señala, ellas también muestran una deficiencia, porque los milagros no necesariamente tienen que ser una excepción temporal al curso habitual de la naturaleza. Así Dios pudo haber guiado los peces a las redes de los discípulos (Lucas 5:1-11, Juan 21:1-14) de forma natural, sin crearlos de la nada o trasladarlos repentinamente de una parte del lago a las redes de los discípulos. Erickson también señala que el milagro de la pesca abundante pudiera ser más bien una muestra de la omnisciencia de Jesús, ya que él conocía en el momento preciso el lugar exacto de los peces. Por lo tanto, el milagro de la pesca abundante como evento singular no requería necesariamente de una excepción al curso habitual de la naturaleza. Del mismo modo, a las plagas del libro de Éxodo pudieran subyacer causas naturales. Varios eruditos mantienen que las primeras nueve plagas se debían a una secuencia de desastres naturales, donde la plaga antepuesta causaba una catástrofe posterior. Estas explicaciones naturales no excluyen la dimensión trascendente, ya que las plagas se presentan después del vaticinio de Moisés con una intensidad poco común. Dale Moody sostuvo que los relatos de las plagas son “una combinación de lo natural con lo sobrenatural”. La sinergia entre causas sobrenaturales y naturales se muestra especialmente en Éxodo 14:21, donde las aguas del Mar de las Cañas se dividieron después de que Moisés extendió su mano y Yahvé causó que un viento fuerte soplara toda la noche.
Un concepto antinatural de una definición de los milagros pone en relieve un importante problema teológico, ya que en esta perspectiva los milagros como obras de Dios parecieran estar en contención con el orden creacional de Dios. Debido a esto, otros mantienen que las fuerzas naturales no serían suspendidas cuando ocurre un milagro. Por tanto, las leyes naturales podrían seguir operando de forma regular, aunque serían compensadas por una fuerza sobrenatural introducida por Dios al mundo natural. De esta manera, Dios no habría suspendido la ley de gravedad para que un hacha flotara (2 Reyes 6:6), porque Él mismo la habría sostenido. Esta perspectiva tiene el beneficio de que los milagros no serían antinaturales sin dejar de ser sobrenaturales.
Esta breve discusión pone de relieve algunos aspectos importantes. Los milagros tienen un aspecto trascendente, porque son obrados por Dios. Ellos son, por lo tanto, actos divinos sobrenaturales. Al mismo tiempo, la Biblia no desvela los mecanismos exactos que causan los milagros. En algunos casos, los milagros parecen ser causados por una intervención sobrenatural y en otros se deben a una combinación de causas sobrenaturales y naturales. Evidentemente, un milagro sobrepasa la experiencia de la uniformidad natural de los testigos, ya que fue causado por un acto creativo especial de Dios, una intervención poderosa o porque Él impartió un preconocimiento especial a uno de sus profetas. Además, sin una distinción clara entre los procesos naturales y la excepcionalidad del prodigio, el milagro no sería cognoscible. Por lo tanto, para la Biblia un milagro es una actuación visible y singular de Dios en la creación que sobrepasa el modo común de su gobierno providencial del mundo. Los milagros tienen como objetivo respaldar la intención salvífica de Dios para con el mundo, revertiendo los efectos del pecado.
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