Origen de los demonios
La Biblia tiene poco que decir sobre cómo los ángeles malos llegaron a tener su actual carácter moral y dice menos aún sobre su origen. Podemos aprender algo de su origen por lo que se dice de su carácter moral. Dos pasajes estrechamente relacionados nos informan sobre la caída de los ángeles malos. 2 Pedro 2:4 dice: “Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los arrojó al infierno y los entregó a prisiones de oscuridad, donde están reservados para el juicio.” Judas 6 dice que “a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propio hogar, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día.” Los seres descritos en estos dos versículos se identifican claramente como ángeles que pecaron y serán juzgados. Deben ser seres creados, al igual que el resto de los ángeles.
Un problema que presentan estos dos versículos es que se dice que los ángeles fueron arrojados a las tinieblas para esperar allí a ser juzgados. Esto ha llevado a algunos a teorizar que hay dos clases de ángeles caídos: los que están en prisión, y los que están libres para llevar a cabo el mal en el mundo. Otra posibilidad es que estos dos versículos describan la condición de todos los demonios. Que esto último es correcto lo sugiere el resto de 2 Pedro 2. En el versículo 9 Pedro dice: “El Señor sabe librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio.” Este lenguaje es prácticamente idéntico al utilizado en el versículo 4. Observe que el resto del capítulo (vv. 10-22) es una descripción de la actividad pecadora continuada de esta gente que está siendo castigada. Concluimos que, asimismo, aunque arrojados a las tinieblas, los ángeles caídos tienen suficiente libertad como para llevar a cabo sus malvadas actividades.
Los demonios, pues, son ángeles creados por Dios y por lo tanto en origen eran buenos; pero pecaron y por eso se hicieron malos. Cuándo exactamente tuvo lugar la rebelión no lo sabemos, pero debió haber ocurrido entre el momento en que Dios terminó la creación y dijo que “era buena” y el momento de la tentación y la caída de los humanos (Gn. 3).
Como sujetos de Satanás, los demonios llevan a cabo su obra en el mundo. Por lo tanto se debe asumir que están implicados en todas las formas de tentación y el engaño que él emplea. Producen enfermedades: mudez (Mr. 9:17), sordomudez (Mr. 9:25), ceguera y sordera (Mt. 12:22), convulsiones (Mr. 1:26; 9:20; Lc. 9:39), parálisis o cojera (Hch. 8:7). Y, en particular, se oponen a la progresión espiritual del pueblo de Dios (Ef. 6:12).
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