Satanás

El diablo es el nombre que las Escrituras dan al jefe de estos ángeles caídos. También se le conoce como Satanás. El nombre hebreo 'satansignifica "ser o actuar como un adversario". Así que él es el oponente, el que se opone a la causa y al pueblo de Dios. La palabra griega 'satanases una transliteración de este nombre hebreo. La palabra griega más común para él es 'diabolos': "diablo", "adversario", "acusador". También se utiliza 'kategor– acusador – Apoc. 12:10). Otros términos utilizados con menos frecuencia son: tentador (Mt. 4:3; 1 Ts. 3:5), Belcebú (Mt. 12:24, 27; Mr. 3:22; Lc. 11:15, 19), el enemigo (Mt. 13:39), el malo (Mt. 13:19, 38; 1 Jn. 2:13; 3:12; 5:18), Belial (2 Co. 6:15), adversario (1 P. 5:8), la serpiente antigua (Apoc. 12:9), el gran dragón (Apoc. 12:3), padre de mentira (Jn. 8:44), homicida (Jn. 8:44), pecador (1 Jn. 3:8). Todos ellos transmiten algo sobre el carácter y la actividad del diablo. Aunque al diablo no se le denomina expresamente demonio en las Escrituras, Jesús identificó a Satanás con Belcebú, el príncipe de los demonios (ver los relatos paralelos de Mt. 12:22- 32; Mr. 3:22-30 y Lc. 11:14-23). Que Satanás es un demonio también queda implícito en Lucas 10:17-20, donde la expulsión de demonios es señal de que se vence a Satanás. Los que estaban poseídos por demonios se decía que estaban: “oprimidos por el diablo” (Hch. 10:38; cf. Lc. 13:16).

El diablo se dedica, como su nombre indica, a oponerse a Dios y a la obra de Cristo. Hace esto especialmente tentando a los humanos. Esto se demuestra en la tentación de Jesús, en la parábola del trigo y la cizaña (Mt. 13:24-30) y el pecado de Judas (Lc. 22:3). (Ver también Hch. 5:3; 1 Co. 7:5; 2 Co. 2:11; Ef. 6:11; 2 Ti. 2:26).

Uno de los principales métodos utilizados por Satanás es el engaño. Pablo nos dice que Satanás se disfraza de ángel de la luz, y que sus ministros se disfrazan de ministros de justicia (2 Co. 11:14-15). Su uso del engaño también se menciona en Apocalipsis 12:9 y 20:8, 10. A los incrédulos “les cegó el entendimiento, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Co. 4:4). Se opone y estorba a los cristianos en su servicio (1 Ts. 2:18), incluso valiéndose de dolores físicos para conseguir su fin (así, probablemente en 2 Co. 12:7).

A pesar de todo el poder de Satanás es limitado, como se indica en el caso de Job. Se le puede resistir con éxito y huirá (Stgo. 4:7; ver también Ef. 4:27). Sin embargo, se le puede hacer huir no por nuestro propio esfuerzo, sino sólo por el poder del Espíritu Santo (Ro. 8:26; 1 Co. 3:16).

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