Los milagros en la Biblia

En cierto sentido amplio, todo evento sobrenatural causado por Dios, como el origen del universo, puede ser considerado un milagro. Pero la Biblia utiliza el concepto de milagro también en un sentido más restringido y técnico, para el cual recurre a términos como “señal”, “prodigio”, “poder” y otros. Los milagros en la Biblia son eventos sobrenaturales que demuestran el poder de Dios, cumpliendo varios propósitos como autenticar mensajeros divinos, mostrar interés en el bienestar humano e inspirar fe a las personas.

1. Milagros en el Antiguo Testamento. El teólogo Winfried Thiel observa que la religiosidad del antiguo Oriente Próximo esperaba intervenciones divinas en el curso habitual de la naturaleza. No obstante, Israel, en comparación con los pueblos circundantes, se destacaba por la gran cantidad de milagros, siendo el libro del Éxodo el texto veterotestamentario con mayor densidad de relatos milagrosos. Éste narra la liberación de Egipto y los milagros preliminares a este evento. En numerosas ocasiones, los vocablos hebreos ot y mopet' (“señales” y “prodigios”) describen conjuntamente la liberación y salvación de Egipto con milagros preliminares. La salvación de Egipto constituye para la fe veterotestamentaria el principal evento poderoso obrado por Yahvé. El Éxodo es, por lo tanto, el milagro fundacional del Antiguo Testamento. Ya que la historia del Éxodo termina con la conquista de la tierra prometida, el libro de Josué narra también varios prodigios asombrosos como el paso por el Jordán (Josué 3-4), la conquista triunfal de Jericó (Josué 6), así como también la granizada y la detención del sol y de la luna (Josué 10:11 y 10:12-13).

Con varias excepciones como el llamamiento de Gedeón (Jueces 6), la historia del profeta Joel, la salvación de Daniel y sus amigos (Daniel 3 y 6) y varias más; la narración de Elías y Eliseo en 1 Reyes 17 a 2 Reyes 8 es el segundo segmento veterotestamentario con una gran acumulación de relatos milagrosos. La división de las aguas del Jordán por Eliseo con el manto de Elías (2 Reyes 2:8.13-14) en analogía a la división del Mar de las Cañas, le establecen como sucesor legítimo de Moisés, el prototipo de todos los profetas. Tanto en el Antiguo Testamento como también en el Nuevo Testamento, Dios reconoce y autoriza a sus profetas y mensajeros para obrar milagros (por ejemplo Números 16). Debido a las numerosas analogías con Jesús, los prodigios de Moisés, Elías y Eliseo anticipaban ya los milagros de Cristo en el Nuevo Testamento.

2. Milagros en el Nuevo Testamento. La tercera gran acumulación bíblica de milagros se atribuyen a Jesús y en menor medida a sus discípulos. Una de las clasificaciones más influyentes de estos prodigios fue propuesta por C.S. Lewis en su libro “Los milagros” (1947):

  1. Milagros de fertilidad: la transformación de agua en vino, la multiplicación de panes y peces y la concepción virginal de María.

  2. Los milagros de curación con numerosos ejemplos en el NT.

  3. La destrucción y maldición de la higuera estéril.

  4. El dominio sobre la materia inorgánica al calmar las tempestades y caminar sobre el agua.

  5. Los milagros de reversión incluyen las resucitaciones de muertos.

  6. Finalmente, los milagros de perfección y glorificación incluyen la transfiguración, la resurrección de Jesús y la ascensión al cielo de Cristo.

Según Lewis, entre estos seis tipos de milagros se pueden distinguir dos subtipos. Las categorías 1-4 pertenecen a los milagros de la “vieja creación”. Mediante ellos, Dios obró directa e instantáneamente lo que los mecanismos naturales logran por sí mismos (por ej. la fermentación de vino). Mientras tanto, las categorías 5-6 pertenecen a los milagros de la “nueva creación” y anticipan lo que Dios hará en el futuro. Según los estudios del Nuevo Testamento, los milagros de Jesús y los apóstoles como también el derramamiento del Espíritu Santo fueron señales del acercamiento del Reino de Dios y la era mesiánica. En este contexto, los milagros glorificaban a Dios (Juan 2:11, 11:40), autorizaban a sus apóstoles (Hechos 2:22, Hebreos 2:3-4) y proporcionaban evidencia para la fe en Dios (Juan 6:2.14, 20:30-31).

 

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