Apologistas del Nuevo Testamento

No cabe la menor duda de que el mejor apologista del Nuevo Testamento. fue el Señor Jesucristo, quien supo defender su identidad y responder con sabiduría a las insinuaciones negativas de sus opositores hebreos. El evangelista Juan recoge algunas de estas conversaciones apologéticas. Por ejemplo, a los judíos que procuraban matarle, Jesús les dijo:

"Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis" (Jn. 8: 41-45).

Jesús defiende aquí su identidad como Hijo de Dios ante las insinuaciones malévolas de los judíos que creían que su nacimiento había sido ilegítimo. Su argumento apela a la conciencia humana: “¡Las acusaciones que lanzáis contra mí carecen de base, y vosotros lo sabéis; si no sois capaces de reconocer mis palabras es porque sois extraños a Dios!”.

Más tarde, cuando el sumo sacerdote judío Anás le interroga, Jesús responde:

"¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho. Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas? Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote" (Jn. 18:21-24).

Jesús presentó defensa ante sus opositores con una extraordinaria mansedumbre. El apóstol Pablo, después del Señor Jesús, es el apologista cristiano por excelencia. A los cristianos de Corinto, les describe su ministerio con estas palabras:

"Pues, aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Co. 10: 3-5).

Pablo practicó una apologética externa con los escépticos de la fe cristiana y otra apologética interna contra las falsas doctrinas generadas en el seno de la Iglesia. A los filósofos griegos epicúreos, que no creían en Dios y pensaban que el mundo se había formado por una agrupación casual de átomos, les habló de la milagrosa resurrección de Jesucristo.

El evangelista Lucas escribe en el libro de los Hechos de los Apóstoles: "Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él (Pablo); y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección" (Hch. 17:18).

Los filósofos estoicos estaban también presentes en el discurso apologético que Pablo dio en la colina de Marte (Areópago) (Hch. 17:16- 34). Estos creían que Dios era la “Razón universal” y les daban una interpretación simbólica a las mitologías tradicionales. Por eso Pablo usó algunas de sus creencias y su simbología, como el altar “AL DIOS NO CONOCIDO”, para ofrecerles un contenido cristiano. El apóstol de los gentiles se enfrentó también a los errores doctrinales de los cristianos judaizantes, así como a los de los cristianos helenistas. Más adelante veremos cómo denunció asimismo el gnosticismo.

El apóstol Pedro, aunque no tuvo acceso a una educación tan selecta como Pablo, fue también un buen apologista. Él escribió precisamente estas palabras que ya han sido citadas: "santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" (1 P. 3:15). Los cristianos tenemos que saber lo que creemos y por qué lo creemos. Debemos defender nuestra fe con cortesía y no por medio de ninguna beligerancia arrogante.

El apóstol Judas practicó también la apologética. En su epístola dice: "Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos" (Jud. 1:3). ¿Ante quién había que contender ardientemente por la fe? El v. 4 nos lo aclara: "Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo" (Jud. 1:4).

Se refiere a ciertos miembros de la iglesia que apelaban a la gracia infinita de Dios para continuar pecando y llevando vidas licenciosas o de relajación moral, creyendo así que seguían siendo salvos. Sin embargo, Judas les dice que, aunque los cristianos no están bajo la Ley dada a Moisés, sí son llamados a cumplir la ley del amor. Tal como también Pablo escribió: "Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor" (Ro. 13:9-10). Esta manera libertina y equivocada de pensar de algunos miembros de la iglesia primitiva (conocida como antinomianismo) generalmente se asocia al gnosticismo y, en la actualidad, sigue presente todavía en movimientos como la Nueva Era.

Otro gran apologista del Nuevo Testamento fue el judío Apolos: "Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan" (Hch. 18:24-25). En el versículo 28 puede leerse: "Porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo".

Sin duda, Apolos era un judío helenista, es decir, un hombre abierto a las corrientes culturales del mundo grecorromano y que, precisamente por eso, tenía interés en ir a Grecia a extender el conocimiento del Evangelio.