Neofundamentalismo
Según este planteamiento, si la ciencia se opone a la Biblia, hay que rechazar la ciencia. La ciencia es una invención de Satanás, y por tanto debemos prescindir de ella. Esto recordaría un poco la postura de los amish, que siguen cocinando con leña y alumbrándose con lámparas de aceite. Hay grupos evangélicos radicales que, prescindiendo de toda regla hermenéutica, defienden que si la Biblia afirma que Josué detuvo el Sol, es porque el Sol gira alrededor de la Tierra, digan lo que digan Copérnico y toda la astrofísica moderna.
No obstante, existen otras posturas más eclécticas y conciliadoras entre la Biblia y la ciencia humana. A lo largo del siglo XX, hubo numerosos apologistas cristianos, tanto moderados como liberales o modernistas, tanto protestantes como católicos, tales como: C.S. Lewis (1898-1968), Francis Schaeffer (1912-1984), Paul Tournier (1898-1966), Josh MacDowell (1940-), Charles Colson (1931-), Maurice Blondel (1861-1949), Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), Herman Schell (1850-1906), Karl Adam (1876-1966), Karl Barth (1886- 1968), Emil Brunner (1889-1966), Rudolf Bultmann (1884-1976), Paul Tillich (1886-1965) y otros. Algunos de ellos eran cristianos convencidos de que, fe y razón, no se contradicen, que no hay ninguna incompatibilidad entre la reflexión científica y la existencia de Dios. Y que, por tanto, una fe razonada hace una fe firme. Sus esfuerzos no fueron en vano y la semilla que con esfuerzos sembraron a lo largo del siglo XX sigue dando frutos en el presente.
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