Roma
ROMA, la capital del Imperio Romano y una de las ciudades más famosas del mundo, fue fundada en el año 753 a.C. por Rómulo, que vino a ser su primer rey, a orillas del río Tíber. Muy pronto se extendió hasta cubrir siete colinas: la Capitolina, la Palatina, la Aventina, la Esquilina, la Vimidal, y la Quirinal. La primera fase de su existencia fue la de una monarquía. Hubo siete reyes sucesivos hasta la proclamación de la república en el año 510 a.C., provocada por la tiranía de Tarquino el soberbio. La historia de los dos primeros siglos de la república es asimismo oscura. El gobierno estaba dirigido por los patricios. Para entonces, la población de Roma estaba compuesta por una mezcla de latinos, sabinos y etruscos. La clase patricia, que detentaba el poder, era ganadera y terrateniente, en tanto que la plebe estaba compuesta de granjeros, artesanos y comerciantes. Se crearon tensiones, en las que los plebeyos demandaban una igualdad jurídica; de estas tensiones se llegó a una serie de reformas, en las que los plebeyos contaban con un tribuno propio. Más tarde, hacia el año 450-420 a.C., se logró la codificación de las leyes romanas con la promulgación de las Doce Tablas. A partir de entonces se crea una estratificación social no basada en el linaje, sino en la posesión de medios económicos. Se llegó así lentamente a la situación en que todo ciudadano (una minoría de la población, formada en su mayor parte por esclavos) tenía derecho a voto. Fue bajo la república que Roma extendió su dominio por toda Italia (entre los años 496 a 270 a.C.). Posteriormente, la república se vio enfrentada con Cartago, que antes había sido fiel aliada en la defensa de sus intereses comunes. El enfrentamiento contra Cartago recibe el nombre de las (tres) Guerras Púnicas. En el intervalo correspondiente a las dos primeras guerras púnicas, Roma conoció un período de paulatina expansión, marcada por algunos reveses (las victorias de Aníbal, escenario de la guerra en la misma Italia, Roma misma amenazada). Sin embargo, el final de la segunda guerra púnica vio a Roma dueña de unos territorios muy amplios, que comprendían, por el año 201, Sicilia, Córcega, Cerdeña, y toda la España mediterránea. A partir del año 200 a.C. empezó a intervenir intensamente en los asuntos de oriente. En el año 190 a.C. Antíoco el Grande, rey de Siria y padre del infame Antíoco Epifanes, fue derrotado por los romanos en Magnesia. A partir de ello, Roma asumía el protectorado de varias ciudades de Asia Menor (cfr. 1 Macabeos 8:1-10).
Hacia el año 100 a.C. poseían ya casi toda España, el sur de Francia, toda la península de Italia incluyendo la parte alpina, Dalmacia, Grecia, la zona occidental de Asia Menor, y Creta. En el año 63 a.C., Pompeyo se apoderó de Judea, después de haber eliminado el poder de los Seléucidas, reduciendo a Siria a la condición de provincia romana. Judea, aunque hecha tributaria, conservó durante un cierto tiempo un gobierno autónomo. En Roma, las rivalidades políticas abocaron a una serie de luchas intestinas que, sin embargo, no detuvieron sus campañas exteriores. El enfrentamiento entre Mario y Sila no detuvo las victoriosas campañas contra Mitrídates IV, rey del Ponto Euxino, ni el comienzo de la ocupación de las Galias, del archipiélago Balear, y muchas otras campañas. Después de la derrota de Mario, Sila fue nombrado dictador (82 a. C.), pero se vio forzado a abandonar el poder ante la ineptitud del sistema de gobierno que él propugnaba (79 a.C.). Al cabo de varios años de disturbios y luchas intestinas de las que no se libraban ni provincias tan apartadas como España, en el año 60 a.C. se formaba el triunvirato de César, Pompeyo y Craso. Deshecho éste por mutuas suspicacias, César destrozaba el ejército de Pompeyo en Lérida, en España. Habiendo muerto Craso en su lucha contra los partos, César consiguió un poder incontestado. Sin embargo, caía asesinado el año 44 a.C. en pleno Senado. Se desencadenó una nueva guerra civil. Antonio, Octavio y Lépido formaron un nuevo triunvirato, que acabó con la imposición de la supremacía de Octavio en el año 31 a.C. El nuevo dueño de la situación se hizo proclamar emperador y asumió el título de Augusto. El Señor Jesucristo nació durante su reinado, y fue crucificado bajo el de Tiberio. El martirio de Jacobo, hermano de Juan, tuvo lugar bajo Claudio (Hechos 11:28; 12:1-2). Por lo que respecta a Pablo, apeló a Nerón (Hechos 25:11). La destrucción de Jerusalén profetizada por el Señor (Mateo 24; Marcos 13; Lucas 19:41-44; 21:5-36) tuvo lugar en el año 70 d.C. bajo el reinado de Vespasiano y bajo el mando del general Tito, que sería el siguiente emperador. Los limites del imperio en la época de Augusto eran el Rin, el Danubio, el Éufrates, el desierto de África, el Atlántico, y el mar del Norte. Bajo Claudio se conquistó una parte de Gran Bretaña. Trajano llevó el poderío romano más allá del Éufrates; el imperio romano llegó a englobar la práctica totalidad del mundo civilizado conocido. Posteriormente, con el paso de los siglos, el imperio romano empezó a mostrar señales de decadencia. Los excesos y la corrupción interior, así como los ataques constantes de los enemigos del exterior, fueron fraguando su ruina. El último soberano del imperio en su integridad fue Teodosio (379-395 d.C.). Sus dos hijos reinaron cada uno sobre una parte del imperio, que quedó dividido en el Imperio de Occidente y el Imperio de Oriente, y que ya jamás volvieron a reunirse. El Imperio de Occidente se desintegró, y Roma cayó bajo los embates de los bárbaros germánicos en el año 476. Uno de sus caudillos, Odoacro, se proclamó rey de Italia. El Imperio de Oriente, o Bizancio, resistió aún mucho tiempo, hasta la toma de Constantinopla por los turcos en el año 1453.
La religión de Roma
En la época de la república se marca ya una distinción entre la religión de los campesinos en las zonas rurales y la religión del Estado. Los primeros mantenían el culto a los espíritus de los antiguos agricultores, dando su adoración a los dioses de la naturaleza, de los campos y de los bosques, protectores de sus ganados y también de la vida familiar y guardianes de la casa y de sus ocupantes (Lares y Penates). Era una especie de animismo que concebía la presencia de un espíritu para cada cosa o actividad, pero que no les daba ninguna apariencia antropomórfica.
Las fiestas estaban íntimamente relacionadas con los diferentes hitos del año agrícola. Nada conducente a una exaltación poética, bien al contrario de Grecia, la religión autóctona de los romanos era la de un toma y daca con los espíritus, que a cambio de quedar satisfechos por el reconocimiento de sus poderes en cada campo concreto, protegían a la familia, sus actividades y posesiones. Por otra parte, la religión del Estado giraba alrededor de deidades tutelares y protectoras, como Júpiter, Marte y muchos otros dioses y diosas. Gradualmente se fue estableciendo la religión estatal. Al principio los cultos eran dirigidos por el cabeza de familia; el Estado asumió el culto, utilizándolo para sus propios propósitos. El templo erigido en la colina Capitolina, en el mismo centro de Roma, vino a ser el centro oficial de la adoración de una tríada divina que simbolizaba la majestad religiosa del Estado.
El sacerdocio, electivo en lugar de hereditario como en Grecia, estaba compuesto de una jerarquía de «flamines» para los dioses más importantes; por otra parte, el colegio de «pontífices», que estaba presidido por el «pontifex maximus», vino a ser el guardián de la ley sagrada, manteniendo el secreto del calendario de fiestas. Éste era notificado al pueblo de mes en mes. El orden de pontífice proviene del puente construido sobre el Tíber por Ancus Martius, y que fue entregado al cuidado de los sacerdotes. Casi todas las fiestas romanas estaban consagradas a su historia, Las «Lemurias» eran solemnes expiaciones por el asesinato cometido por el primer rey; las «Quirinales» eternizaban su entronización. Las danzas sabinas se celebraban en honor del escudo que los dioses habían lanzado a los romanos desde el cielo. Así, cada acto y función del Estado vino a revestirse de significado religioso. Los generales ascendían la colina del Capitolio para consagrar en el templo de Júpiter el botín conseguido. Las mismas asambleas para elecciones o para la discusión de legislación no podían ser convocadas hasta que los augurios no fueran favorables, de la misma manera que el general en el campo de batalla no debía iniciar el combate hasta haber recibido las bendiciones de los auspicios. De esta manera, los «Augures» vinieron a ser una institución oficial en Roma.
La conquista de Grecia llevó a la admirada Roma a la imitación del derrotado adversario. El arte, la literatura, filosofía y religión de Grecia asumieron carta de naturaleza en Roma; en religión, Roma pasó de los antiguos «numina», que en manos del Estado habían ido adquiriendo una concepción más y más antropomorfa, a la identificación de ellos, uno por uno, con los dioses de la jerarquía del Olimpo. Sin embargo, la clase intelectual, aun asumiendo las formas del politeísmo, pasó mayormente a favorecer distintas escuelas de pensamiento filosófico griego, con todas sus concepciones de la «nueva academia» que, con Carneade, enseñó a Roma el menosprecio por lo sagrado, y que empezó, con un corrosivo cinismo, a minar las bases morales de aquella sociedad en sus clases dirigentes. La religión, en Roma, vino más y más a centrarse en el culto al Estado, encarnado posteriormente en la persona del emperador. Ya establecido el Imperio bajo Augusto, Virgilio, en su obra Eneida, conecta la familia Julia, a la que pertenece el emperador, con Eneas de Troya. Según el mito, Eneas era hijo de Afrodita / Venus, que era a su vez hija de Zeus / Júpiter. Así, en esta obra se glorifica a la familia Julia, y por ende a Augusto y a los demás emperadores julianos, como descendencia directa de Júpiter y, por tanto, divinos.
Roma y el cristianismo
Roma hizo su aparición en época tardía en el Oriente bíblico. En el Antiguo Testamento es entrevista proféticamente en el libro de Daniel (el cuarto imperio en los capítulos 2 y 7 del libro de Daniel). En cambio, su poderío se deja ver de continuo en todo el Nuevo Testamento. Los judíos soportaban a regañadientes la ocupación romana, con todas las vejaciones que ella implicaba, los pesados impuestos, las profanaciones del Templo. El nacionalismo de los judíos, exacerbado por la implacabilidad de la administración romana, se manifestaba en motines y revueltas ocasionales. Sin embargo, la religión judía había sido reconocida por Roma, de manera oficial, como «religio licita» (religión legal). Josefo (Ant. 14:10, 8, 17) recoge el decreto que permitía explícitamente a los judíos el ejercicio de su religión como de origen demostrable. Así, el judaísmo como tal no podía ser perseguido en Roma. Este hecho fue de gran importancia al principio de la difusión del cristianismo, que era considerado oficialmente como una corriente del judaísmo (cfr. Hechos 18:15).
Por otra parte, el sometimiento total de los judíos a Roma quedó patente en el hecho de que la sentencia de muerte contra el Señor Jesucristo tuvo que ser confirmada por un juez romano, y ejecutada por romanos siguiendo sus métodos para los que no eran ciudadanos romanos (esto es, la crucifixión). Naturalmente, se daban casos de linchamientos al margen de la legalidad establecida, como lo fue el martirio de Esteban por la turba judía, y cómo se intentó con Pablo, cosa que impidió la autoridad romana a tiempo (cfr. Hechos 21:30-32 ss.).
Difusión del Evangelio
Al principio, la existencia del Imperio Romano fue muy favorable para la difusión del Evangelio. Durante más de dos siglos, el orden estable y enérgico establecido por Roma aseguró la paz y la prosperidad. Las excelentes carreteras romanas, la supresión de la piratería y bandidaje, y el desarrollo consiguiente del tráfico marítimo y terrestre, el conocimiento generalizado del griego en Oriente y del latín en Occidente, la unidad exterior del imperio todo ello ofrecía unas posibilidades que hasta entonces nunca se habían dado para la proclamación universal de la Palabra de Dios. Por otra parte, el dominio romano, que había quebrantado las barreras entre las razas y religiones particulares, consiguió, por una parte, familiarizar a personas de distintas procedencias entre sí; al mismo tiempo, sin embargo, existía una tal corrupción moral y un tal abandono de las antiguas creencias paganas, que las almas estaban ávidas de una vida nueva y de una verdad liberadora. La gran difusión de las religiones de misterios provenientes de Oriente constituye una prueba de ello. Cuando surgió el Evangelio, también evocó una respuesta en muchos corazones. En la época de Hechos y de las Epístolas, los funcionarios romanos evidencian en general una actitud de indulgencia hacia los cristianos, y la calidad de ciudadano romano que Pablo ostentaba le fue útil en más de una ocasión. Pero las persecuciones comenzaron ya bajo Nerón, que acusó a los cristianos del incendio de Roma. Empezaron a ser considerados como traidores y peligrosos para la estabilidad del Estado, porque rehusaban participar en la religión pagana, que constituía un verdadero sostén de lealtad de la plebe al orden establecido. Si las cosechas fracasaban, si el río Tíber se desbordaba, si había epidemia, el pueblo gritaba: "Los cristianos a los leones". Al ser conscientes las autoridades del hecho de que grandes masas de la población que no eran judíos habían asumido la nueva fe, separaron tajantemente su trato hacia los cristianos del que daban a los judíos. Así, se lanzaron grandes persecuciones contra los no judíos que rehusaran participar en el culto al emperador. Al final del siglo I d.C., el emperador Domiciano hizo encarcelar y dar muerte a multitudes de cristianos. Las persecuciones se fueron sucediendo, con algunos períodos de calma, durante dos siglos y medio. Estas persecuciones ayudaron a refrenar el proceso de corrupción que había invadido a la iglesia cristiana en muchos de sus estamentos, como se puede comprobar de los escritos de los «Padres de la Iglesia», en triste cumplimiento de la advertencia profética del apóstol Pablo (Hechos 20:28-31 ss.). Por otra parte, la firmeza de muchos cristianos ante las persecuciones, a pesar del también crecido número de muchos meros profesantes que recaían en el paganismo, contribuyó a que muchos más se interesaran en el Evangelio.
La evidencia tradicional y literaria proveniente de líderes y escritores eclesiásticos desde el año 95 d.C. hasta el 326, y las muchas pinturas e inscripciones en tumbas cristianas que indican que Pedro y Pablo fueron mártires, han llevado a muchos arqueólogos y expertos a concluir que estos dos grandes apóstoles sufrieron martirio en Roma durante el reinado de Nerón.
El cristianismo llegó finalmente a tener tanta influencia social que el emperador Constantino, cuya madre profesaba el cristianismo, promulgó en el año 313 el Edicto de Milán, por el que los cristianos recibían las mismas libertades y derechos que los paganos, como medida de prudencia política. No fue hasta el reinado de Teodosio (346-395) que el cristianismo fue proclamado la religión oficial de todo el imperio.
La Roma arqueológica
Eje del imperio romano en los tiempos del Nuevo Testamento, Roma estaba idealmente situada para dominar la península de Italia lo mismo que Italia estaba idealmente situada para dominar el mundo mediterráneo. Ubicada en el centro de la península, podía enfrentar a sus enemigos uno por uno y así evitar que se combinaran efectivamente contra ella.
Alrededor de 26 kms. desde donde el Tíber entra al mar, aquél fluye a través de un grupo de pequeñas colinas. Entre estas colinas había una tierra pantanosa la que fue secada a principios de la historia romana. De estas colinas el Palatino fue la mejor ubicación para ser colonizada convirtiéndose en la primera de las colinas ocupada por los latinos. Tiene una cima más o menos plana de 10 ha. de extensión y sus lados precipitosos y fácilmente defendibles la hicieron un sitio escogido. Hacia el norte del Palatino, donde todos los caminos parecían cruzarse, surgió el foro romano.
“La Ciudad Eterna” por largo tiempo ha gozado de la atención detallada de arqueólogos e historiadores. Legiones son los monumentos que han sido excavados y/o conservados. La mayoría de ellos no tienen nada que ver con el relato bíblico y las limitaciones de espacio no permiten una consideración de muchos objetos de interés. El principio de selección en este artículo tiene 3 partes: (1) ¿Qué estructuras o lugares son los que Pablo posiblemente vio mientras estuvo en Roma (2) ¿Cuáles estructuras importantes habrían tenido una parte en las vidas de los cristianos durante el siglo I o habrían sido conocidas por ellos (3) ¿Cómo debe evaluarse el supuesto descubrimiento de la tumba de Pedro?
Cuando Pablo caminó a través de la Porta Capena, la puerta por la cual la vía Apia pasaba a través de la antigua muralla servia, ante él se levantaba el gran circus maximus. A su derecha, se levantaban los palacios de los Césares sobre la colina Palatina y dominaban el circus. Más hacia su derecha, al otro lado del Palatino, estaba el foro, donde el Apóstol probablemente estuvo en juicio delante del César. Hacia el oriente del foro, Nerón, más tarde, construyó su casa dorada, aproximadamente en el tiempo en que Pablo era martirizado. Seguramente, los cristianos del primer siglo que vivían en Roma, se habrían beneficiado grandemente de los acueductos y baños y estarían impresionados con el coliseo y la tumba de Augusto.
I. Los Palacios de los Césares
- Las Estructuras Palatinas: Directamente al sur del foro romano está la colina del Palatino, la primera de las colinas de Roma ocupada por los latinos y posteriormente llegó a ser la residencia de los emperadores. Las excavaciones en el Palatino empezaron sobre el año 1725 bajo los auspicios de Francisco I de Parma y fueron continuadas por los franceses alrededor de medio siglo más tarde. Después de investigaciones esporádicas durante la primera mitad del siglo XIX, en 1860, Napoleón III abrió una nueva fase del trabajo. Bajo la dirección de arqueólogos italianos, numerosas campañas se han conducido allí en el siglo XX antes de la Primera Guerra Mundial, entre las guerras y después de la Segunda Guerra Mundial.
Las investigaciones han dado a luz los restos de chozas de la edad del hierro que datan tan temprano como los siglos VIII y VII a.C., y han demostrado que durante todo el período de la república, la colina no tuvo una importancia particular en el desarrollo político y económico de la ciudad. Era simplemente un área residencial exclusiva y un lugar donde varios templos fueron erigidos durante los siglos III y II a.C. Entre los residentes importantes de la colina durante la última parte de la república estuvieron el tribuno M. Livius Drusus, Marco Antonio y Cicerón.
El uso del Palatino cambió radicalmente con Augusto (27 a.C. - 14 d.C.) de quien la tradición dice que nació allí y vivió allí como un ciudadano privado. Exactamente dónde estaba situada su casa es un asunto de controversia. Tiberio (14–37) construyó un nuevo palacio en la parte noroccidental de la colina, cubierto casi completamente hoy por los bellos jardines farneses y, por lo tanto, sin haber sido excavado. Sólo una parte del lado sur de la estructura puede verse. Calígula (37–41) extendió el palacio de Tiberio en la dirección del foro y lo unió por un puente con la colina capitolina. Claudio (41–54) pudo haber empezado el palacio usado por Nerón (54–68) en los años antes del fuego (64) situado en la parte central y sur de la colina.
Domiciano (81–96), el emperador que exilió a Juan a la isla de Patmos, modificó la configuración de la colina y demolió y cubrió muchas de las antiguas estructuras con sus nuevos y grandiosos edificios. Principalmente éstos incluían el palacio oficial, la residencia y el estadio. Los dos primeros siguieron la forma clásica de una casa romana con cuartos ordenados alrededor de un patio abierto con columnas (peristilo). Sin embargo, la residencia fue más elaborada que el palacio oficial y tenía dos patios. Domiciano proveyó agua para su palacio (con sus fuentes) extendiendo el acueducto claudiano desde la colina Caelia al Palatino. Mientras que Trajano y Adriano no vivieron en el Palatino, otros emperadores sí lo hicieron. Ellos efectuaron alguna construcción propia pero no modificaron mayormente el plan por el cual Domiciano y su arquitecto Rabirius fueron responsables.
Siendo que el visitante al Palatino hoy verá primeramente las ruinas de la construcción de Domiciano (y esto es lo más conocido completamente por los arqueólogos), unas pocas palabras de descripción están en orden. Por el lado que da hacia el foro (al noreste), se entra al palacio oficial a través de tres puertas. La de la izquierda conduce a la capilla, mientras la de la derecha, comúnmente llamada la basílica, parece haber servido para las audiencias judiciales del emperador. Tenía una línea de columnas de mármol a lo largo de cada una de las extensas paredes y un ápside en la pared posterior separada del resto del pasillo por una reja. El gran salón central de audiencia (30 por 38 mts.) estaba cubierto con mármol policromado en el cual había nichos para estatuas y conducía directamente al peristilo. A lo largo de ambos lados del peristilo había cuartos cuyo uso se desconoce y en la parte posterior de éste estaba el comedor.
Las cámaras privadas del emperador se encontraban adyacentes al palacio oficial hacia el sureste y consistían de una colección de cuartos agrupados, como se ha notado, alrededor de dos peristilos: uno en la cima de la colina y el otro en la mitad del camino entre la colina en un nivel de unos 12 mts. más bajo. La mayoría de los cuartos no son grandes, pero hay unos más grandes que alternan con los más pequeños para pasadizo o para descanso. Fragmentos de pavimento de mármol y frisos en las paredes pueden aún verse en el palacio.
Junto al palacio privado (en el sureste) está el estadio de Domiciano en un nivel mucho más bajo. De unos 143 mt. de largo, está cerrado por el norte con una línea de cuartos y por el sur con una pared semicircular. Probablemente este era un lugar para carreras y juegos reservado para el uso privado del emperador. Las ruinas del Palatino actualmente parecen grandes masas de ladrillo con techos arqueados, pero durante el primer siglo estaban magníficamente enmarcadas en mármol.
- La Casa Dorada de Nerón: Después del gran incendio del 64 d.C., Nerón decidió edificar para sí mismo un gran palacio nuevo en el centro de la ciudad. Los terrenos cubrían el área entre las colinas Esquilina, Palatina y Celiana. Conocida como la casa dorada o domus aurea, esta Versalles del antiguo mundo comprendía varios palacios, arboledas, parques, praderas, pastizales, una piscina y un zoológico: un vasto edificio que cubría 51 ha.
Emperadores posteriores quisieron destruir la memoria de esta monstruosidad de Nerón. Los flavianos rellenaron los terrenos del lago y construyeron el coliseo sobre éste; Trajano construyó sus baños sobre el palacio en la colina Opia. Estos dos emperadores y otros construyeron templos y otros edificios públicos monumentales sobre los alrededores de los terrenos a lo largo del norte y del oriente del foro.
Desde 1907, cuando el arqueólogo alemán F. Weege luchó para pasar a través de un hueco en la pared de los baños de Trajano y comenzó a explorar el domus aurea, los arqueólogos modernos han estado trabajando en el sitio. Hasta ahora 84 cuartos del complejo del palacio han sido trabajados; mucho más trabajo tiene que hacerse allí. En el ala occidental del palacio había un arreglo convencional con los cuartos agrupados alrededor del peristilo con un jardín y una fuente. El ala oriental es más irregular en el plano. La decoración de los cuartos es absolutamente fantástica y requiere un examen minucioso del sitio para apreciarla. Se empleó un tumulto de colores para pintar los cielos rasos y las paredes, muchos de los cuales están aún decorados con escenas mitológicas y eróticas. Venus languideciendo en los brazos de Marte, Cupido corriendo en una carroza tirada por panteras, esfinges con arbustos que crecen en sus espaldas, grifos, sátiros y centauros están entre los muchos temas que componen la decoración exagerada.
Miss E. B. Van Deman en 1925 pudo restaurar sobre el papel los 107 mt. de ancho de la monumental llegada a la domus aurea desde el lado norte del foro. Cerca del posterior Arco de Tito yacía una estatua colosal de Nerón de 37 mt. de alto.
II. El Foro
En los primeros tiempos, el área entre las colinas palatina y capitolina fue significativa como el cruce de importantes caminos. Más tarde llegó a ser un cementerio para las comunidades de las colinas cercanas. Y como la población de estas colinas se expandía en el valle y el área era habitable por la construcción de un gran alcantarillado, el valle llegó a ser el eje de la vida romana: religiosa, política, económica y social. A través de los siglos, el foro llegó a ser incrementadamente formalizado y gradualmente uno de los rasgos más objetables de comercio (tal como la venta de carne, aves y vegetales) fue forzado a salir a otras partes. También se pavimentó el área.
Durante la república, el foro fue el escenario de las luchas políticas con su oratoria apasionada y multitudes alegres con el triunfo de los emperadores. Pero todo esto cambió bajo el imperio al cambiar la vida de antiguas formas republicanas con una autocracia crecientemente imperial. Varios emperadores desarrollaron programas de construir otros foros cercanos para administrar los asuntos crecientes del gobierno en la capital. Augusto, Domiciano, Nerva y Trajano siguieron la pauta empezada por Julio en la edificación de estos nuevos centros. Pero el antiguo foro romano nunca perdió su lugar de primacía en el afecto del pueblo.
Al declinar Roma, los bárbaros hicieron considerable destrucción en el foro; pero no tanta como en otros lugares de Roma. Algunos edificios allí fueron preservados durante la primera parte de la edad media debido a que fueron transformados en templos cristianos. Sin embargo, ocurrió severo daño durante los siglos IX a XII, con la declinación papal, declinación de la población y la lucha partidista dentro de la ciudad. Durante los siglos XVI y XVII grandes cantidades de piedra fueron removidas del foro para construir en otras partes y mucho de esto desapareció en los hornos de cal.
La investigación arqueológica tomó sus primeros débiles pasos en el área del foro en 1788, cuando el embajador sueco en Roma excavó allí brevemente. Carlo Fea llegó a ser el comisionado para las antigüedades romanas en 1803 y llevó a cabo trabajos allí por más de 30 años. El gobierno papal continuó el trabajo durante la mitad del siglo. Después, el nuevo gobierno de Italia consiguió a Roma por capital en 1870 y una nueva fase empezó en la excavación del foro. Pietro Rosa dirigió el trabajo hasta 1885. Giacomo Boni dirigió las excavaciones en 1898–1925 y empezó la práctica de excavar hasta el lecho de roca. El fue seguido por Alfonso Bartoli. El trabajo ha sido hecho en forma continua en el foro desde la Segunda Guerra Mundial.
Aunque mucho queda por conocer, un conocimiento general del área está ahora disponible. Tal vez sería útil tratar de visualizar el foro como el apóstol Pablo lo conociera. Hacia el oeste, un poco más arriba, estaba la colina capitolina con su gran templo a Júpiter en la cima y el Tabularium u oficina de registro de estado en la falda oriental. Al pie de la Capital , adyacente al foro, estaba la Prisión Mamertina, donde Pablo fue probablemente encarcelado. Está ahora debajo de la iglesia de San Giuseppe de' Falegnami. Una cámara donde los prisioneros notables (conspiradores y otros) eran puestos antes de su ejecución, fue evidentemente construida en el siglo III a.C. Originalmente era un cono truncado de 4 mt. de alto, pero posteriormente, fue construida una cámara subterránea de piedra sobre el calabozo y en el reinado de Tiberio una fachada de travertino fue construida al frente del foro.
En cuanto al foro mismo, probablemente es mejor llegar del oriente por medio de la vía Sacra. El primer edificio importante que se pasaría sería la casa de las vírgenes vestales con su templo adyacente donde estaba guardado el fuego que simbolizaba la perpetuidad del Estado. Al frente del templo de Vesta estaba la regia o residencia oficial de la cabeza de la religión del Estado. La vía Sacra ahora da vuelta hacia la izquierda y pasa el templo de César (del divino Julio) y el arco de Augusto y conduce derecho a los escalones del templo de Cástor y Pólux, el santuario de los jinetes. Ahora la vía Sacra se desvía a la derecha nuevamente y pasa la basílica Julia, donde Pablo probablemente estuvo en juicio ante César. La estructura era de 95 mt. de largo por 40 mt. de ancho con un gran salón central que medía 71 por 25 mt. Pavimentado con mármol de color, este salón estaba rodeado por una doble hilera de pilares de ladrillo enmarmolados lo cual formaba pasillos que estaban abovedados y estucados. Este salón era el asiento del tribunal de los centumviri, quienes juzgaban casos civiles.
Al pararse en la vía Sacra junto a la basílica Julia, él podía ver derecho al frente de él en el centro del foro la Rostra donde oradores podían dirigirse a la multitud reunida en el foro. En una esquina de la Rostra estaba la marca dorada, una columna de mármol cubierta con bronce dorado, en el cual se marcaba la distancia de Roma a las ciudades principales de Italia y del imperio. Junto a la marca dorada estaba el arco de Tiberio a través del cual podía apreciarse un vislumbre del templo de Saturno. Directamente al otro lado del foro desde la basílica Julia se levantaba la basílica Aemilia, un gran centro comercial de 91 por 24 mt., usado especialmente para el cambio de moneda. Contigua a esta basílica estaba la casa del Senado y el edificio de las oficinas del Senado.
El gran incendio del 64 d.C., destruyó las tiendas del oriente y noreste en las esquinas del foro. Allí Nerón construyó la fachada de su casa dorada, la memoria de la cual emperadores posteriores trataron de destruir. Tito construyó su arco triunfal en el extremo oriental del foro (después de su conquista de Jerusalén en el 70 d.C.) y Domiciano construyó almacenes lujosos sobre parte del vestíbulo de la casa dorada.
III. Arquitectura Recreativa
- Circos: La más grande de las estructuras recreativas de Roma en el tiempo de Pablo fue el Circus Maximus y él hubiera visto este edificio inmediatamente de entrar a la ciudad por la Porta Capena. El circo estaba entre las faldas paralelas del Aventino y el Palatino. Había evolucionado a través de un proceso repetido de destrucción y reconstrucción y estaba destinado a ser casi completamente reconstruido por Nerón después del incendio del 64.
La longitud total del circo era de 549 mt. y el ancho total no pasaba los 183 mt. La arena tenía alrededor de 521 por 78 mt. En la mitad del circo se levantaba la espina o barrera central alrededor de la cual corrían las carrozas, con una longitud de 315 mt. En el extremo occidental había doce casillas o sitios para el arranque de las carrozas y en el extremo oriental el circo era curvo con una puerta en el centro. Esta fue más tarde reemplazada por una puerta monumental en tributo a Tito por su victoria en Palestina.
Alrededor de la arena había una plataforma elevada sobre la cual se colocaban sillas para los altos oficiales. Desde esta plataforma se levantaban tres filas de asientos, la más baja de piedra y la más alta, y tal vez la mediana, de madera. El cálculo de la capacidad en gente sentada varía grandemente; pero se estima en 200.000, lo cual probablemente no es una estimación equivocada. El exterior consistía de una arcada de 3 pisos con columnas empotradas, como el Coliseo, y todo estaba cubierto con mármol.
Había por lo menos otros tres circos en Roma durante el siglo I de la era cristiana. C. Flaminius Nepos en el 221 a.C., construyó uno al norte de la colina capitolina. Sus dimensiones eran de 238 por 91 mt. Calígula empezó un circo que Nerón terminó en el sitio donde la catedral de San Pedro se levanta ahora. Su tamaño es incierto. Hacia el noroeste del panteón, Domiciano construyó un circo del que se dice que sentaba a 15.000 espectadores. En todas estas estructuras, las carreras de carros eran realizadas comúnmente con cacerías de bestias salvajes o juegos que podían ocurrir y en donde los cristianos podían ser martirizados.
- Baños: Bajo el imperio esto era una parte de cada romano respetable: su rutina diaria de frecuentar el baño. Baste decir que durante el reinado de Augusto ocurrió la transición de los baños públicos pequeños y simples diseñados para bañarse únicamente, a las enormes estructuras imperiales que sirvieron como grandes centros sociales para todo el público. Estos baños eran mucho más que baños. Eran lugares de reuniones sociales: lugares donde se podían hacer citas para encontrarse con los amigos. Había gimnasia, pisos para ejercicios, cuartos para sudar, baños fríos y calientes, cuartos de masaje, bibliotecas y cuartos donde se reunían los poetas y los filósofos.
Bajo Nerón los baños alcanzaron su forma típica. Su estructura era rectangular (midiendo unos 174 por 110 mt.) y se entraba por el norte. En la mitad del lado norte estaba el baño frío, en el salón central el baño tibio y en el lado sur el baño caliente. Al otro lado del baño caliente había 4 cuartos vestidores o para descansar. Grandes patios con columnas para actividades gimnásticas estaban situados hacia el oriente y el occidente del salón central.
Otros de los grandes baños del siglo I fueron los de Tito. Construidos rápidamente a tiempo para la dedicación del Coliseo y abiertos con juegos magníficos, estaban situados al oeste de los últimos baños de Trajano en la falda superior del Coliseo. El arreglo era similar al de los baños de Nerón, pero sobre un plan más pequeño. A fines del siglo, Domiciano dedicó un gran baño público al pueblo romano. Entre los grandes baños del siglo II y siguientes están los construidos por Trajano, Caracalla, Decio, Cómodo, Diocleciano y Majencio. Desafortunadamente poco se sabe de los detalles y procedimientos implicados al tomar un baño propiamente romano; pero generalmente se iba del tibio al caliente y de éste al frío.
- Anfiteatros: Los anfiteatros se construyeron temprano en Roma (el más antiguo en el 46 a.C.), el más grande y más famoso fue el Coliseo. Empezado por Vespasiano en el sitio del lago que estaba al lado del domus aurea de Nerón, fue completado por Tito y dedicado en el 80 d.C. Sufrió algunas destrucciones parciales y luego algunas reconstrucciones. Los últimos combates de gladiadores ocurrieron allí en el 404. Fue afectado por un terremoto en el 847 y después de esto fue gradualmente destruido hasta el siglo XVIII. Desde ese tiempo ha sido protegido con mayor cuidado.
La circunferencia de esta estructura elíptica tiene unos 526 mt., y la altura de sus paredes de 48 mt. Estando los espectadores sentados podía acomodar a 45.000, con lugar para 5.000 más de pie. La pared exterior del edificio descansaba sobre ochenta pilares conectados por bóvedas de piedra y en la parte externa con tres cuartos de columnas dóricas que hacían de entablamento. Estos ochenta arcos permitían el acceso al anfiteatro y todos ellos estaban numerados para facilitar el movimiento según el número de los boletos. Sobre la arcada más baja había una segunda y una tercera encaradas con columnas jónicas y corintias respectivamente. Las estatuas fueron colocadas en la segunda y tercera arcadas. El cuarto piso consistía de paredes sólidas de albañilería revestidas con pilastras.
En el centro de la estructura había una arena (lugar para peleas) de 88 por 54 mt. con piso de madera. En la subestructura hay rastros de cuevas para animales salvajes, ascensores y provisión para el drenaje del agua. Los asientos estaban divididos en tres grandes bandas o secciones. La primera era para los ciudadanos más distinguidos, la segunda para la clase media y la tercera para los pobres y las mujeres. La totalidad de la estructura (incluyendo los asientos) estaba cubierta por dentro y por fuera con mármol. Los combates de gladiadores y las peleas de bestias salvajes fueron los entretenimientos más comúnmente celebrados allí.
IV. Acueductos y Mausoleos
- Acueductos: Sin una adecuada provisión de agua los grandes baños y fuentes de Roma no se hubieran podido mantener. En efecto, la ciudad misma con su población de 1.500.000 habitantes no hubiera podido existir. Cuando los godos cortaron los acueductos en el siglo VI d.C. Roma llegó a ser una ciudad de poca importancia. Como la palabra latina lo indica, un acueducto era simplemente un medio para “conducir agua” a la ciudad. Las porciones superiores eran simplemente canales de agua en la superficie del terreno o en canales subterráneos. El primer acueducto construido para Roma fue en el 312 a.C. Era un túnel cubierto de 16 km. desde las fuentes orientales de la ciudad. Más tarde, cuando se construyeron cursos de agua más largos, cuando la habilidad de ingeniería y la riqueza lo permitieron, y cuando el deseo de proveer agua para las colinas de Roma lo demandaba, la última parte del curso era llevada sobre altos arcos de concreto y ladrillo a través de los campos a la ciudad. El canal de agua del famoso acueducto de Claudio descansaba sobre arcos de 34 mt. Aun entonces, aproximadamente dos tercios del sistema de agua se transportaba por encima o debajo de la superficie del terreno. Era la manera más barata y más segura; un acueducto debajo del terreno era más difícil para que el enemigo lo encontrara y lo cortara.
El agua era llevada a Roma desde las fuentes o arroyos de las montañas (de tanta distancia como a 98 km.) hasta grandes recipientes de distribución en la ciudad y luego encauzada para ir a través de tubos de plomo bajo las calles a las fuentes públicas, baños y casas privadas. En los días de Pablo, ocho acueductos servían a Roma. A fin del siglo había nueve. Finalmente había once en la primera parte del siglo III d.C. En esta última fecha proveía mil millones de litros de agua por día de acuerdo con Paul Mac-Kendrick (The Mute Stones Speak, pág. 134), aunque las estimaciones van hasta 1.600.000.000 litros diarios. Los cursos de los mayores acueductos de Roma han sido trazados por Thomas Ashby, de la Escuela Británica en Roma, y Esther B. Van Deman de la Academia Americana.
- El Mausoleo de Augusto: En la sección nordoccidental de Roma, adyacente al Tíber, Augusto empezó, en el 28 a.C., un inmenso mausoleo que estaba destinado a asemejar un túmulo funerario etrusco. Cuando la subestructura de concreto fue completada debió cubrirse con tierra y adornada con cipreses y coronada con una inmensa estatua del emperador.
Cuando los excavadores italianos limpiaron el mausoleo de los últimos acrecentamientos y lo excavaron en el 1935, encontraron que consistía de una inmensa pared exterior dentro de la cual se elevaba hasta una altura de 44 mt. una serie de corredores subterráneos concéntricos que rodeaban un cilindro hueco designado como depositorio de las cenizas del emperador. En el pasadizo alrededor del cilindro había colocadas urnas de mármol que habían contenido alguna vez las cenizas de varios miembros de la familia, tales como el hijo adoptivo de Augusto, Drusus, y su hermana Octavia, así como el emperador Calígula, el emperador Claudio y otros. Antes de la entrada a la tumba había tabletas de bronce inscritas con la autobiografía de Augusto.
V. Las Excavaciones Vaticanas
Lo más controversial en las excavaciones en Roma es el trabajo hecho debajo del Vaticano. De acuerdo con la tradición, Constantino edificó una basílica sobre la tumba de San Pedro. A través de los siglos ese templo de Constantino decayó gradualmente y fue reemplazado por la presente basílica de San Pedro empezando en 1506. El altar mayor del templo moderno supuestamente cubría la tumba del Apóstol. Finalmente, el Papa Pío XII permitió excavaciones debajo del Vaticano en 1940–49 siendo reiniciadas en 1953.
Debajo del templo se encontró un cementerio antiguo con tumbas que datan principalmente del año 100 d.C., hasta bien dentro del siglo IV. Pero había allí sepulturas que databan de antes del 100. Bajo el altar mayor del templo fue encontrado una especie de altar bajo el cual fueron hallados algunos huesos humanos. Los informes de la excavación oficial publicados en 1951 aludían al punto de vista de que verdaderamente esta era la tumba de San Pedro. A manera de trasfondo histórico debiera notarse que Gayo, un clérigo de Roma que vivió allí sobre el 200 d.C., habló de un altar memorial dedicado a Pedro, erigido allí alrededor del 160. Bajo el altar había rastros de una antigua tumba que era objeto de especial veneración.
En verdad, los hallazgos permiten muy diferentes interpretaciones. Los que apoyan y los que se oponen a las conclusiones de los excavadores no están divididos estrictamente de acuerdo a líneas partidistas. Un número de eruditos católicos romanos, incluyendo teólogos, rechazan definitivamente las conclusiones de los informes oficiales y arqueólogos independientes los apoyan.
Oscar Cullmann dice: “La tumba de Pedro no puede ser identificada” (Peter, pág. 156). Tomando una posición media, Toynbee y Perkins concluyen que “… aunque no hay nada que pruebe que esta tumba era la de San Pedro, nada en la evidencia arqueológica es inconsistente con tal identificación” (Jocelyn Toynbee y John Ward Perkins, The Shrine of St. Peter and the Vatican Excavations, pág. 161.) Margherita Guarducci está convencida de que el sitio de la tumba de San Pedro estaba en el Vaticano y en el lugar marcado por el altar bajo el presente altar mayor. Ella identifica el altar bajo el presente altar con el memorial de Gayo (The Tomb of St. Peter, págs. 180–81). Engelbert Kirschbaum, uno de los excavadores, cree que el altar descubierto era el que Gayo menciona y que la tumba de San Pedro estaba situada en esta porción del Vaticano, pero que la tumba del Apóstol no fue “descubierta” en el mismo sentido (The Tombs of St. Peter and St. Paul, pág. 118).
En vista de las opiniones conflictivas de los eruditos las conclusiones son difíciles. Una lectura de la evidencia no parece convencer completamente de que la tumba de Pedro haya sido encontrada. Por otra parte, esto no parece cerrar la puerta conclusivamente a la posibilidad de que Pedro haya sido sepultado allí.
VI. Las Catacumbas
El descubrimiento más importante para cristianos y judíos es el de las catacumbas, que están junto a los caminos en las afueras de la ciudad. Cuando comenzaron las persecuciones, los cristianos buscaron refugio en las cavidades secretas de los túneles subterráneos de las canteras de arena. Allí ampliaron los túneles y construyeron habitaciones, capillas y sepulturas. Allí vivían, adoraban y eran enterrados. Sus cantos, sus oraciones y sus cultos santificaron las catacumbas, que se convirtieron en la cuna del cristianismo occidental.
Las catacumbas fueron descubiertas y excavadas en el siglo XVI. Nuestros conocimientos sobre estas ciudades subterráneas es incompleto, debido a que hay muchas de ellas y son muy extensas. Sin embargo se ha acumulado, gracias a ellas, una gran cantidad de conocimientos.
Unos seis millones de personas están enterradas en unas sesenta catacumbas, cincuenta y cuatro de las cuales son cristianas y seis son judías. Cada una de estás tiene una entrada más bien oculta, de la cual parte una escalera que desciende hasta los túneles y las galerías subterráneos, que ramificándose en ángulos rectos unas con otras, crean una red de túneles y calles con una capilla en algunos sitios. Algunos tienen hasta cuatro niveles, cada uno conectado a los demás por una escalera. En cada uno de estos niveles hay un inmenso laberinto de estrechos túneles, tantos que si se conectaran en linea recta se extenderían por unos 940 km.
A lo largo de las paredes de estas galerías hay cristianos enterrados en sepulturas en las paredes (nichos). Cada tumba está cerrada con baldosas o con una losa de mármol, en la cual aparece el nombre del difunto. Muchas veces las paredes y los techos de los cubículos están adornados con pinturas de personajes o con escenas bíblicas, tales como Moisés golpeando la roca, David, Daniel, los tres jóvenes hebreos, Noé y Jonás. Cada caso representa una liberación mediante la intercesión milagrosa de Dios. En 1853 De Rossi encontró un cubículo clausurado por una losa de mármol, en el que estaban grabadas estas palabras: "Marco Antonio Rastuto hizo este sepulcro para sí mismo y para los suyos que confían en el Señor".
En las Escrituras, esta ciudad se cita varias veces sobre todo en el libro de los Hechos (escrito por Lucas, el médico amado sobre el 69 d.C.) y, por supuesto, en la epístola del apóstol Pablo a los Romanos (58 d.C, en Corinto), que es en sí misma una obra de teología sistemática.
En el tercer viaje misionero de Pablo:
"Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila, su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos salieran de Roma. Fue a ellos y, como era del mismo oficio, se quedó con ellos y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas" (Hechos 18:1-3).
Cuando Pablo llega a Roma:
"Pasados tres meses nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux (1). Llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días. De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio; y al día siguiente, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a Puteoli (2). Allí encontramos a algunos hermanos, los cuales nos rogaron que nos quedáramos con ellos siete días. Luego fuimos a Roma, de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas (3). Al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento. Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar; pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que lo vigilara" (Hechos 28:11-16).
(1) Cástor y Pólux: nombres latinos de los dioses mellizos (gr. Dioscuros o hijos de Zeus ), identificados con las dos principales estrellas de la constelación Géminis; eran considerados protectores de los marineros. La enseña (o mascarón de proa ) era una imagen pintada o tallada en la parte delantera de la nave que servía de talismán.
(2) hoy llamada bahía de Nápoles.
(3) De Puteoli a Roma había unos cinco días de camino, principalmente por la Vía Apia, el gran camino romano que comunicaba a Roma con el sur de Italia; todavía hoy algunos tramos de esta vía son transitables. El Foro de Apio (un mercado importante) y las Tres Tabernas se hallaban sobre la Vía Apia, antes de llegar a Roma.
Pablo saluda en su epístola a los romanos (desde Corinto):
"A todos los que estáis en Roma, amados de Dios y llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo" (Romanos 1:7).
Pablo expresa su deseo de visitar pronto Roma:
"Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros para tener también entre vosotros algún fruto, como lo he tenido entre los demás gentiles, pero hasta ahora he sido estorbado. A griegos y a no griegos (4), a sabios y a no sabios soy deudor. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma" (Romanos 1:13-15).
(4) A griegos y a no griegos: lit. a griegos y a bárbaros. Los griegos, al igual que los romanos, eran conocidos como gente civilizada; a los demás pueblos los consideraban incultos o bárbaros.
En la carta de Pablo a su discípulo, Timoteo:
"Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros. Ya sabes que me abandonaron todos los que están en Asia, entre ellos Figelo y Hermógenes. Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo (5), porque muchas veces me confortó y no se avergonzó de mis cadenas (6), sino que, cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló. Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó en Éfeso, tú lo sabes mejor" (2 Timoteo 1:14-18).
(5) Onesíforo: sin duda, un cristiano de Éfeso, mencionado tan solo aquí y en 2 Ti 4:19
(6) Esto da a entender que la carta fue escrita en la cárcel de Roma
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