Apariencia de los ángeles
En la mayoría de los casos no se ve a los ángeles. El Señor tuvo que abrir los ojos a Balaam para que viera al ángel que estaba en su camino (Núm. 22:31). Eliseo oró para que el Señor abriera los ojos de su criado; después el joven vio la montaña llena de hombres a caballo y carros de fuego alrededor de Eliseo (2 R. 6:17). Cuando se ve a los ángeles, normalmente tienen apariencia humana, de manera que pueden ser confundidos con humanos (Gn. 18:2, 16, 22; 19:1, 5, 10, 12, 15, 16; Jue. 13:6; Mr. 16:5; Lc. 24:4). A veces la gloria del Señor resplandece en ellos (Lc. 2:9; 9:26). Quizá la razón por la cual a veces se les ve llevando ropa blanca de brillante apariencia. Fijémonos en cómo describe Mateo al ángel del Señor que removió la roca del sepulcro de Jesús: “Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve” (Mt. 28:3; cf. Ez. 1:13; Dn. 10:6; Apoc. 1:14 y 19:12).
Algunos de los conceptos que se han mantenido comúnmente no están apoyados por ninguna referencia de las Escrituras. No hay indicaciones de ángeles que aparezcan con forma femenina. No hay referencias específicas a que tengan alas, aunque en Daniel 9:21 y Apocalipsis 14:6 se dice que vuelan. El querubín y el serafín son representados con alas (Éx. 25:20; Is. 6:2) y también las criaturas simbólicas de Ezequiel 1:6 (cf. Apoc. 4:8). Sin embargo, no podemos estar seguros de que lo que es cierto para un querubín y un serafín lo sea también para los ángeles en general. Como no hay referencia explícita que indique que la totalidad de los ángeles tienen alas, debemos considerar esto como una mera inferencia, pero no una inferencia necesaria, sacada de los pasajes bíblicos en los que se les describe volando.
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