Consideraciones bíblicas

Cuando miramos con más detenimiento, nos encontramos con que la postura del monismo absoluto de la naturaleza humana ha pasado por alto u obscurecido algunos datos importantes. Ya que hay algunos temas, especialmente en el área de la escatología, que una postura totalmente monista tiene dificultades para tratar.

Ciertos pasajes parecen indicar un estado intermedio entre la muerte y la resurrección, un estado en el que los individuos siguen viviendo una existencia personal consciente. Uno de estos pasajes es la frase que Jesús le dice al ladrón en la cruz:De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43).

Otra es la parábola del hombre rico y Lázaro (Lc. 16:19-31). Algunos creen que esto no es una parábola, sino una historia real, ya que sería algo especial que en una parábola se pusiese nombre a uno de los personajes de la historia. Se nos dice que el hombre rico y el pobre murieron. El rico fue al Hades, donde sufrió un gran tormento entre las llamas, mientras que el hombre pobre, Lázaro, fue llevado al seno de Abraham. Ambos estaban en un estado consciente. Una tercera consideración que señala hacia un estado intermedio es la referencia de Pablo a estar ausentes del cuerpo y presentes ante el Señor (2 Co. 5:8). El apóstol expresa temor a ese estado de desnudez (vv. 3-4) deseando ser revestido (v. 4). Finalmente, hay algunas referencias en las Escrituras en las que la distinción entre el cuerpo y el alma es difícil de pasar por alto. Un ejemplo destacado son las palabras de Jesús en Mateo 10:28: “No temáis a los que matan el cuerpo pero el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”

Aunque la posición radicalmente unitaria tiene dificultades para tratar estas consideraciones escatológicas, también hay problemas con el caso positivo hecho para esta posición. En su volumen significativo e influyente, "Semantics of Biblical Language", James Barr ha criticado de forma convincente el tratado de John A. T. Robinson. Barr recuerda el argumento de Robinson de que los griegos plantearon preguntas que les obligaron a diferenciar entre el “cuerpo” y la “carne,” mientras que los hebreos no hacían tal tipo de distinción. Barr insiste en que la frase de Robinson “no se podría haber escrito si no fuera faltando totalmente a la semántica lingüística” se basa en la suposición de que una diferencia de conceptos requiere múltiples términos. Sin embargo un examen lingüístico nos muestra que esto no es verdad. Aunque algunos idiomas tienen dos palabras para “hombre” (latín 'vir' y 'homo', alemán 'Mann' y 'Mensch', griego 'aner' y 'anthropos', otros sólo tienen una (francés 'homme', inglés 'man'). De manera similar el francés, el alemán y el griego tienen más de una palabra para “conocer,” mientras que el inglés y el hebreo sólo tienen una. Sin embargo, en cada caso la distinción conceptual existe en la cultura; esto es así incluso cuando faltan términos separados que representen cada uno de los conceptos. Por lo tanto, el hecho de que el lenguaje no diferencie entre “cuerpo” y “carne” no significa que los hebreos no fueran conscientes de esta distinción. Cuando se va más allá de los ejemplos aislados que Robinson aduce, se ve que su procedimiento resulta perverso e incluso bastante cómico.

Barr además critica a Robinson por descuidar la semántica histórica o diacrónica. Robinson dice que eran necesarios los dos términos 'soma' y 'pneuma' por el contraste entre la forma y la materia, que él creía que era básico en el pensamiento griego. Sin embargo, aunque los dos términos estaban bien establecidos en los tiempos de Homero, Aristóteles mantiene que la distinción entre la forma y la materia era desconocida para los primeros filósofos griegos. Hay una verdadera cuestión, entonces, en si los griegos realmente pensaban en 'soma' y 'sarx' como forma y materia. Como se señaló anteriormente, Robinson no ofreció ningún tipo de documentación procedente del pensamiento griego.

Además de la crítica de Barr, tenemos que señalar otros problemas con la posición de Robinson. Uno es que parece ver “el punto de vista griego” como una mentalidad monolítica. No obstante, todo el que haya estudiado la primera filosofía griega conoce su gran variedad. Una vez más la falta de documentación de Robinson debilita su argumento.

Además, como es común en el movimiento teológico bíblico, Robinson asume una distinción muy clara entre el pensamiento griego y el hebreo. Esta suposición anteriormente había sido defendida por H. Wheeler Robinson, Johannes Pedersen y Thorleif Boman, pero ahora, tal como señala Brevard Childs, ha sido rechazada: “Pero incluso entre los teólogos bíblicos que no estaban convencidos [por la crítica de Barr], había acuerdo en que el énfasis que el Movimiento de teología bíblica ponía en una mentalidad distintiva nunca se podría mantener sin una revisión importante.” La diferencia entre el pensamiento griego y hebreo tiene que verse como algo mucho menos radical de lo que mantenía Robinson.

La valoración del valor relativo de las dos mentalidades también debe ser cuestionado. Robinson asume que la manera de pensar hebrea es automáticamente la más bíblica. Childs resume esta suposición del movimiento de teología bíblica: “El pensamiento hebreo era algo esencialmente bueno en contraste con el griego al que se consideraba malo.” Sin embargo, esta suposición nunca se justificó realmente. Ahora parece ser una expresión del malestar de la teología bíblica con pensamiento más ontológico y objetivo. Y esto a su vez debe reflejar la influencia de una o más de las escuelas filosóficas contemporáneas: pragmatismo, existencialismo, filosofía analítica y filosofía del proceso. También parece eliminar cualquier posibilidad de revelación progresiva, que podría implicar formas lingüísticas y conceptuales así como de contenido. Insistiendo en canonizar, como tal, la mentalidad hebrea se corre el riesgo de lo que Henry Cadbury llamaba “El peligro de arcaizarse.”

Revisemos el argumento de Robinson:

1. Los hebreos tenían una idea unitaria de la naturaleza humana. No tenían terminología para distinguir “carne” de “cuerpo” porque no diferenciaban la persona en su conjunto y el aspecto físico.

2. Pablo adoptó el concepto o marco hebreo.

3. Aunque utilizaba diferentes términos no tenía diferentes entidades en mente. Eran todos sinónimos para la persona en su conjunto.

4. Por lo tanto, ni el Antiguo ni el Nuevo Testamento enseñan una idea dualista de la naturaleza humana. Un dualismo cuerpo – alma no es bíblico.

Robinson no sólo no estableció su postura, sino que parece claro que basándonos en la lingüística profesional la ausencia de multiplicidad de términos es bastante coherente con la complejidad. Robert Longacre ha señalado, por ejemplo, que en el español mejicano una palabra, llave, sirve para identificar lo que en inglés se dice con tres: 'key', 'wrench' y 'faucet'. ¿Indica esto que el mejicano no ve estos tres objetos que el inglés distingue? Longacre cree que no. Como la palabra aparece en varios contextos, sabemos que el mejicano es tan capaz de distinguir los objetos representados por este único término como una persona de habla inglesa.

Parece que, de las consideraciones anteriores, se puede extraer que la enseñanza bíblica de la naturaleza humana no excluye la posibilidad de algún tipo de carácter compuesto, o al menos algún tipo de divisibilidad, dentro de la composición humana. Y, por supuesto, ya hemos señalado los pasajes de las Escrituras que argumentan a favor de una existencia sin cuerpo después de la muerte. Sin embargo, continúa habiendo una serie de objeciones filosóficas.

 

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