Monismo
Los puntos de acuerdo entre las posiciones tricotomistas y dicotomistas superan sus diferencias. Ambas coinciden en que el humano es complejo y compuesto, hecho de partes separables. En contraste hay varias formas de la posición que consideran que el humano es indivisible. El monismo insiste en que no se debe pensar que el humano está compuesto de partes o entidades separadas, sino más bien de una unidad radical. En la idea monista, la Biblia no ve al hombre como cuerpo, alma y espíritu, sino simplemente como un ser. Los términos que a veces se utilizan para distinguir partes de un humano en realidad deben ser tomados básicamente como sinónimos. El hombre nunca es tratado en la Biblia como un ser dualista.
Según el monismo, ser humano es ser o tener un cuerpo. La idea de que, de alguna manera, un hombre pueda existir sin un cuerpo es impensable. En consecuencia, no hay posibilidad de existencia tras la muerte sin un cuerpo. La inmortalidad del alma es insostenible. Por tanto, no sólo es imposible que haya una vida futura sin la resurrección del cuerpo, sino que cualquier tipo de estado intermedio entre muerte y resurrección también queda descartado.
El monismo, que surge en parte como una reacción contra la idea liberal de la inmortalidad del alma, fue popular en la neoortodoxia y en el movimiento de la teología bíblica. Su enfoque se basaba principalmente en un método de estudio de las palabras en sí. Un ejemplo destacado es "The Body", un estudio de John A. T. Robinson sobre la teología paulina. Él sostiene que el concepto del cuerpo es la piedra angular de la teología de Pablo y que Pablo es el único escritor del Nuevo Testamento para el que la palabra 'sōma' tenía alguna importancia doctrinal.
Según Robinson, es un hecho destacable que no haya una palabra hebrea para cuerpo, ni ningún equivalente en el Antiguo Testamento de la palabra griega clave sōma. Hay varias palabras hebreas traducidas por sōma en la Septuaginta, de las cuales la más importante y la única de importancia teológica es 'basar'. No obstante, significa esencialmente “carne” más que “cuerpo,” y en la gran mayoría de los casos en la Septuaginta se traduce por 'sarx'. Por tanto, las dos palabras más decisivas en la antropología de Pablo “carne” y “cuerpo”, representan a una misma palabra en el hebreo original. Robinson sostiene que la antropología de Pablo se tiene que entender a la luz de las suposiciones hebraicas sobre los humanos. Como el Antiguo Testamento presenta una visión unitaria del hombre, sin hacer distinción entre carne y cuerpo, no hay que diferenciar los términos carne y cuerpo, cuando aparecen en los escritos de Pablo. Ambos se refieren a toda la persona.
¿Cómo explica Robinson que el griego tenga dos palabras diferentes para lo que en hebreo es un único concepto? Explica que los hebreos nunca plantearon ciertas cuestiones que sí hicieron los griegos. Varios temas que surgieron del pensamiento griego acabaron en la distinción entre carne y cuerpo:
1. La oposición entre forma y materia. El cuerpo es la forma impuesta y que define a la materia o sustancia de la que está hecha.
2. El contraste entre uno y muchos, el todo y sus partes. El cuerpo frente a las partes u órganos que lo componen.
3. La antítesis entre cuerpo y alma. En el pensamiento griego el cuerpo no es esencial para la personalidad. Es algo que el hombre posee y no algo que el hombre es.
4. El principio de individualidad. El cuerpo, en contraste con la no individualidad de la “carne,” marca y aísla a un humano de otro.
Robinson ve estos como temas que plantearon los griegos pero que eran extraños al pensamiento hebreo. Es ilustrativo señalar que no ofrece como documentación ni siquiera una fuente de pensamiento griego para lo que propone como pensamiento griego.
Robinson concede que Pablo, por supuesto, utiliza los dos términos sōma y sarx. Pero para sarx, Robinson afirma que, Pablo no se refiere a carne como sustancia o materia de la que está hecho el cuerpo. Más bien, la carne hace referencia a la persona en general, y en particular a la persona teniendo en cuenta su aspecto externo, su existencia física. Se utiliza, por ejemplo para señalar el punto de la circuncisión exterior en contraste con la circuncisión interior del corazón. La palabra carne también se utiliza para designar la humanidad en contraste con Dios. Denota debilidad y mortalidad. De forma similar, en las cartas de Pablo la palabra cuerpo no hace referencia a algo que el hombre tiene, algo externo a sí mismo. Sino que es sinónimo de persona.
En todo esto, John A. T. Robinson está siguiendo el pensamiento de H. Wheeler Robinson, que comentaba la terminología del Antiguo Testamento sobre los humanos y la naturaleza humana. La expresión “cuerpo y alma” no se tiene que entender como una distinción marcada entre los dos, o algo que divide a los humanos en dos componentes. Más bien, debería considerarse una descripción exhaustiva de la personalidad humana. En la concepción del Antiguo Testamento, un hombre es una unidad psicofísica, carne animada por alma. Como dice una ahora clásica frase de H. Wheeler Robinson: “La idea hebrea de personalidad es un cuerpo animado, y no un alma encarnada.” Él declara que la respuesta a la vieja pregunta de: “¿Qué es el hombre?” es: “El hombre es una unidad , y esta unidad es el cuerpo como un conjunto de partes, que extraen su vida y actividad del alma que les da aliento, que no tiene existencia fuera del cuerpo.” Por lo tanto, el hebreo no tiene una palabra específica para cuerpo: “nunca necesitó una porque el cuerpo era el hombre.”
Para resumir el argumento monista moderno: los datos bíblicos dibujan al hombre como un ser unitario. El pensamiento hebreo no conocía ninguna distinción en la personalidad humana. Cuerpo y alma no eran términos contrarios, sino sinónimos intercambiables.
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