Los no nacidos
Otro tema con amplias implicaciones, particularmente en el campo de la ética, es el que se refiere al estatus del no nacido o, más específicamente, del feto que todavía está en el útero materno. ¿Se tiene que considerar el feto humano, o es simplemente una masa de tejido dentro del cuerpo de la madre? En el primer caso, el aborto supone acabar con una vida humana y por lo tanto tiene serias consecuencias morales. En el segundo caso, el aborto no es más que un proceso quirúrgico para extraer algo que crece de forma no deseada como ocurre con un quiste o un tumor.
Los que afirman que el feto es humano presentan dos tipos de argumentos: biológicos y bíblicos. Con frecuencia, se utilizan juntos. El argumento biológico emplea varios estudios científicos del desarrollo del feto durante el periodo de la gestación. Se examinan los datos en un esfuerzo por determinar el punto de diferenciación, el momento en el cual se establece positivamente la identidad individual del feto. En general se observa que hay un desarrollo continuo y gradual del feto desde la concepción al nacimiento; por lo tanto, no se puede especificar un momento concreto en el que surja la humanidad o se infunda el alma. Según esto, es necesario considerar el feto como humano en cualquier momento del proceso de desarrollo. Este argumento, por supuesto, se basa en la teología natural; emplea sólo los datos de la revelación general. Por significativa que esta sea, no haremos de ella nuestra principal autoridad.
Los que presentan el argumento bíblico han examinado las Escrituras buscando indicaciones del estatus del feto no nacido. Se citan un considerable número de pasajes que tratan la cuestión de si Dios considera humano al feto. Un pasaje que se menciona con frecuencia es la plegaria de penitencia de David, Salmos 51, que contiene la expresión “En maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre” (v. 5). Aunque David utiliza pronombres personales aquí, no queda del todo claro en este versículo si él está pensando en sí mismo como en una persona en el periodo previo a su nacimiento. Casi expresa más esta idea el Salmo 139:13-15: “Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré, porque formidables y maravillosas son tus obras; estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, aunque en oculto fui formado y entretejido en lo más profundo de la tierra.” Aquí David habla como si Dios tuviera algún tipo de relación personal con él cuando estaba todavía en el útero materno.
Otro pasaje del Nuevo Testamento que algunos creen que trata este tipo de tema es Lucas 1:41-44. Isabel, embarazada de Juan el Bautista, es saludada por su prima María que le anuncia que va a ser madre del Mesías. Lucas cuenta: “Cuando oyó la salutación de María, la criatura saltó en su vientre, y Elisabet, llena del Espíritu Santo, exclamó a gran voz: ‘Bendita... porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.’” Si tomamos las palabras de Isabel literalmente, tendríamos aquí un ejemplo de fe prenatal. Sin embargo, es difícil saber qué interpretación hay que darle a este suceso. No estamos seguros de lo que significa exactamente que Isabel esté “llena del Espíritu Santo.” ¿Ella, y por lo tanto sus palabras, en realidad fueron “inspiradas” en el sentido técnico de esa palabra? Tampoco queda claro si ella pretendía que se tomara literalmente su afirmación de estar explicando la acción de su hijo no nacido (saltó de alegría).
Otro pasaje del Nuevo Testamento que se cita algunas veces en conexión con el tema del estatus del feto es Hebreos 7:9-10, el relato de la reunión de Abraham con Melquisedec y el pago del diezmo. El escritor termina comentando: “Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos, porque aún estaba en las entrañas de su padre.” Tomándolo literalmente, este argumento iría en favor de la humanidad no sólo del feto no nacido, sino incluso de las personas que todavía no han sido concebidas, ya que Leví era un biznieto de Abraham. Sin embargo, es más significativo tomar este pasaje como evidencia de traducianismo, la idea de que toda la naturaleza humana de una persona, tanto la material como la inmaterial (o el cuerpo y el alma), se recibe por transmisión directa; esto es, el alma no es algo que se infunde en un momento posterior (por ejemplo el nacimiento) dentro del cuerpo, que se generó físicamente en la concepción. Si Hebreos 7 realmente da apoyo al traducianismo (y así lo parece), este pasaje a su vez argumentaría a favor de la humanidad del feto, ya que no sería posible pensar en el feto sin un alma o una naturaleza espiritual.
El pasaje que más se discute en conexión con el tema de la humanidad del feto es probablemente Éxodo 21:22-25, que aparece en una larga lista de preceptos y leyes que siguen a los Diez mandamientos. Dice: “Si algunos riñen y hieren a una mujer embarazada, y esta aborta, pero sin causarle ningún otro daño, serán penados conforme a lo que les imponga el marido de la mujer y juzguen los jueces. Pero si le causan otro daño, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.” Esta es una aplicación de la lex talionis, la ley del talión que se explicaba en Levítico 24:17-20 (“según lo hizo, así le sea hecho”). Una interpretación de Éxodo 21:22-25 es que en caso de aborto causado por riña entre dos hombres, la lex talionis se aplica sólo si la madre sale dañada. Según esto se concluye que el feto no se consideraba un alma o una persona, y por lo tanto no se le puede considerar totalmente humano.
Una interpretación alternativa, que, aunque menos popular, tiene una tradición bastante larga, recientemente se ha visto reavivada en medio de la moderna controversia sobre el aborto. Jack Cottrell, ha presentado una de las expresiones más claras y completas de esta alternativa. Según Cottrell, la frase traducida “y esta aborta” se debería traducir literalmente “y su hijo sale fuera.” El nombre aquí es 'yeledh', que es una palabra común para niño o vástago. La única cosa poco habitual sobre el nombre en Éxodo 21:22 es que está en plural. El verbo aquí es 'yatsa’, que normalmente significa “salir, salir adelante, ir hacia delante.” Se utiliza normalmente para referirse al nacimiento normal de niños, aparecer de las ingles del padre o del útero de la madre. Ejemplos del primer uso se encuentran en Génesis 15:4; 46:26; 1 Reyes 8:19; e Isaías 39:7. Ejemplos del segundo uso los encontramos en Génesis 25:25-26; 38:28-29; Job 1:21; 3:11; Eclesiastés 5:15 y Jeremías 1:5; 20:18. En cada uno de estos casos 'yatsa’ hace referencia al nacimiento ordinario de un niño normal; en ningún caso es la palabra que se utiliza para aborto. En Números 12:12 se refiere al nacimiento de un niño muerto; debemos señalar aquí que se trata del nacimiento de un niño muerto, no de un aborto. El concepto de mortinato se comunica mediante la descripción específica del niño (“el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre tiene ya medio consumida su carne”), no mediante el verbo 'yatsa’. Hay una palabra hebrea ('shakhol') que hace referencia específicamente al aborto; se utiliza en Éxodo 23:26 y Oseas 9:14. Cottrell concluye: “Por tanto, no parece haber garantía para interpretar Éxodo 21:22 como ‘la destrucción de un feto.’”
Según Cottrell, la situación que se tiene en mente en Éxodo 21:22-25 es sencillamente la siguiente: si un niño nace de forma prematura sin daño alguno debido a que la madre sufre a consecuencia de la disputa entre dos hombres, no habrá más pena que una multa. Sin embargo, si se produce daño, entonces se aplica el principio de una vida por una vida y del ojo por ojo. Obsérvese que no hay especificación alguna de a quién hay que dañar para que la lex talionis se lleve a efecto. Ya sea a la madre o al hijo el principio es igualmente aplicable. Si se interpreta de esta manera, Éxodo 21:22-25 apoya la idea de que la Biblia considera a los no nacidos personas. La interpretación de Cottrell, Carl F. Keil y Franz Delitzsch,21 y otros está más de acuerdo con los datos del pasaje de lo que se suele pensar o interpretar. Cuando menos, pues, la idea de que el pasaje no trata al feto como completamente humano es bastante cuestionable. Sin embargo, no podemos decir que el pasaje establezca de forma concluyente la humanidad del no nacido.
De hecho, ninguno de los pasajes que hemos examinado demuestra de forma concluyente que el feto sea humano a los ojos de Dios. No obstante, en su conjunto, nos dan evidencias suficientes para hacer que esta interpretación sea bastante probable. Y cuando tratamos con un tema tan importante como la posible destrucción de una vida humana, la prudencia dicta que se debe seguir una vía conservadora. Si uno está cazando y observa un objeto moviéndose que puede ser un ciervo u otro cazador, o si se está conduciendo y se ve lo que puede ser un bulto de trapos o un niño tirado en la calle, uno siempre asume que es un ser humano. Un cristiano concienciado tratará a un feto como si fuera un ser humano, ya que es muy probable que Dios considere al feto como una persona capaz de (al menos potencialmente) tener esa comunión con Dios para la que los humanos fueron creados.
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