Una marioneta del universo

Particularmente entre ciertos existencialistas, pero también en sectores más amplios de la sociedad, encontramos la idea de que los seres humanos están a merced de fuerzas del mundo que controlan su destino, pero que no se preocupan realmente por ellos. Se les considera fuerzas ciegas, fuerzas del azar en muchos casos. A veces son fuerzas personales, pero aún así son fuerzas sobre las cuales los individuos no tienen influencia alguna, como superpotencias políticas. Esto es básicamente un punto de vista pesimista que representa a las personas como seres aplastados por un mundo que les es hostil o cuando menos indiferente a su bienestar y necesidades. El resultado es una sensación de desamparo, de futilidad. Bertrand Russell expresa elocuentemente esta sensación de “desesperación inflexible.”

"Que el hombre es el producto de causas que no tuvieron previsión del final que estaban consiguiendo; que su origen, su crecimiento, sus esperanzas y temores, sus amores y creencias, no son más que el resultado de las colocaciones accidentales de los átomos; que ni el fuego, ni el heroísmo, ni la intensidad del pensamiento y del sentimiento, puede conservar una vida individual más allá de la tumba; que las labores de los siglos, toda la devoción, toda la inspiración, toda la brillantez del genio humano, están destinadas a la extinción en la vasta muerte del sistema solar, y el templo entero de los logros del hombre debe ser enterrado inevitablemente bajo los restos de un universo en ruinas: todas estas cosas, aunque alguien pudiera discutirlas, son tan seguras, que ninguna filosofía que las rechace se puede mantener. Sólo en los andamios de estas verdades, sólo sobre los firmes cimientos de la desesperación inflexible, se puede construir de aquí en adelante la habitación del alma de forma segura... La vida del hombre es pobre e impotente; sobre él y sobre toda su raza el destino lento y seguro cae oscuro y sin piedad. Ciega al bien y al mal, desatenta ante la destrucción, la materia omnipotente avanza sin descanso; porque el hombre, condenado hoy a perder a los que más quiere, pasará también mañana las puertas de la oscuridad, sólo le queda apreciar, antes de que el golpe se produzca, los pensamientos altivos que ennoblecen su pequeño día; ...desafiando orgullosamente a las irresistibles fuerzas que toleran, durante un momento, su conocimiento y su condenación, para sostener solo, un cansado pero inflexible Atlas, el mundo que han formado sus propios ideales a pesar de la marcha destructiva del poder inconsciente".

El existencialista Jean-Paul Sartre ha desarrollado este tema de lo absurdo y la desesperación en varios de sus escritos. Uno de estos: “El muro,” cuenta la historia de un miembro de un grupo revolucionario que ha sido capturado. Va a ser ejecutado a menos que revele el paradero del líder del grupo, Gris. Él sabe que Gris está escondido en un sótano, pero está decidido a no revelar esta información. Mientras espera su muerte, reflexiona sobre su vida, su novia, sus valores. Finalmente, de broma, les cuenta a los carceleros que Gris está escondido en el cementerio. Ellos salen a buscarle. Cuando vuelven el héroe es liberado, porque sin él saberlo, Gris había abandonado su escondite para esconderse en el cementerio y es capturado allí. La vida del héroe –una vida que ya no desea– se ha salvado por un giro irónico del destino.

Albert Camus también ha capturado esta idea general en su reelaboración del mito clásico de Sísifo. Sísifo había muerto e ido al mundo inferior. Sin embargo, fue enviado de regreso a la tierra. Cuando fue llamado de nuevo al mundo inferior, se negó a volver, porque disfrutaba completamente de los placeres de la vida. Como castigo, fue traído de vuelta y sentenciado a empujar una gran roca hasta la cima de una colina. Sin embargo, al llegar arriba, la roca rodaba hacia abajo. Él tenía que bajar de nuevo hasta el fondo de la colina y empujar otra vez la roca hasta la cima, de donde esta volvía a caer. Estaba destinado a repetir este proceso infinitamente. A pesar de todos sus esfuerzos no había un resultado permanente. Ya estén inmerso en pensamientos de temor a la muerte, a la futura 

extinción natural del planeta, a la destrucción nuclear, o meramente en la lucha contra el control del poder político y económico, todos los que mantienen que un ser humano es básicamente un títere a merced del universo están dominados por un sentimiento similar de impotencia y resignación.