Evolución deísta
Aunque el término no se escucha con frecuencia, la evolución deísta es quizá la mejor manera de describir una variedad de lo que se suele llamar evolución teísta. Esta es la idea de que Dios empezó el proceso de la evolución, produciendo la primera materia e implantando dentro de la creación las leyes que han guiado su desarrollo. Por lo tanto, el programó el proceso y después se retiró de la implicación activa, convirtiéndose por así decirlo, en Creador emérito. El progreso del orden creado está libre de la influencia directa de Dios. Él es el Creador de todas las cosas, pero sólo se creó directamente el primer componente del proceso. Todo el resto de lo que Dios ha creado ha sido hecho de forma indirecta. Dios es el Creador, la causa última, pero la evolución es el medio, la causa próxima. Por tanto, excepto por la idea del principio mismo de la materia, la evolución deísta es idéntica a la evolución naturalista, ya que niega cualquier actividad directa de un Dios personal durante el proceso creativo posterior.
La evolución deísta tiene pocos problemas con los datos científicos. Sin embargo, con el material bíblico es una cosa distinta. Existe un conflicto definido entre la idea deísta de un Dios ausente y la imagen bíblica de un Dios que se ha implicado no sólo en uno sino en toda una serie de actos creativos. En particular, los dos relatos del Génesis sobre el origen de los seres humanos indican que Dios definida y distintivamente deseaba crearlos y actuó para ello.
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