Definición de inspiración

Por inspiración de las Escrituras entendemos la influencia sobrenatural del Espíritu Santo en los autores de las Escrituras para que ofrecieran en sus escritos un informe fiel de la revelación o para que lo que escribieran realmente fuera la Palabra de Dios.

Si la revelación es la comunicación de Dios a los humanos de la verdad que necesitan saber para relacionarse con Dios adecuadamente, debería resultar clara la necesidad de la revelación. Aunque la revelación beneficia a los que la reciben inmediatamente, ese valor podría perderse para los que están más allá del círculo inmediato de la revelación. Como Dios no repite su revelación a cada persona, tiene que haber alguna manera de conservarla. Por supuesto, podría conservarse mediante la transmisión oral o fijándola en una tradición definida, esto desde luego estuvo operativo en el periodo que a veces se produjo entre el momento de la revelación inicial y su escrituración. Hay ciertos problemas asociados a esto, durante siglos e incluso milenios la tradición oral está sujeta a la erosión y la modificación. Por lo tanto está claro que se necesita algo más que la transmisión oral.

Aunque la revelación es la comunicación de la verdad de Dios a los humanos, la inspiración se relaciona más con la transmisión de esa verdad desde el primer receptor a otras personas, en aquel momento o posteriormente. Por lo tanto, la revelación se debería considerar como una acción vertical, y la inspiración como un tema horizontal. Aunque la revelación y la inspiración se suele creer que van unidas, es posible tener la una sin la otra. Hay casos de inspiración sin revelación. El Espíritu Santo en algunas ocasiones impulsa a los autores de las Escrituras a recoger las palabras de los no creyentes, palabras que desde luego no fueron reveladas de forma divina. Algunos autores de las Escrituras han anotado temas que no les fueron revelados especialmente a ellos, pero que eran informaciones disponibles para cualquiera que estuviera investigando. Las genealogías, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento (la enumeración del linaje de Jesús), podría muy bien tener este carácter. También hubo revelación sin inspiración: ejemplos de revelación que no se recogieron porque el Espíritu Santo no inspiró a nadie para que las anotara. Juan hizo esto en Juan 21:25, cuando dijo que si se anotara todo lo que hizo Jesús “pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir.” Si, todas las palabras y acciones de Jesús eran las palabras y las acciones de Dios, el Espíritu fue aparentemente muy selectivo en lo que él inspiró a los autores bíblicos para que lo anotaran.