Métodos de formulación de una teoría de la inspiración
Debemos examinar aquí los dos métodos básicos de formulación de una teoría de la inspiración. El primero, representado por la “Escuela de Princeton” de B.B. Warfield, Charles Hodge y A. A. Hodge, pone el énfasis principal en las afirmaciones de los escritores bíblicos sobre la Biblia y el punto de vista sobre ella revelado en su manera de utilizarla. El segundo enfoque, representado por Dewey Beegle, examina cómo es la Biblia, analizando las distintas maneras en que los escritores expresan los sucesos, para comparar relatos paralelos.
El método utilizado para construir la doctrina de la inspiración debería tener un paralelismo con el método utilizado para formular otras doctrinas. Con respecto a la cuestión de la santificación del creyente, el primer método enfatizaría los pasajes didácticos de la Biblia que describen y definen la santificación. El segundo enfoque analizaría casos reales de cristianos y trataría de determinar lo que realmente produce la santificación en sus vidas. Este enfoque utilizaría ejemplos bíblicos (narraciones y descripciones) así como biografías históricas y contemporáneas de cristianos. En cuanto a la cuestión de la perfección, el primer método observaría las enseñanzas de Pablo y otros autores de las Escrituras sobre el tema; el segundo examinaría si los cristianos realmente muestran una vida de perfección. Si el asunto es si Jesús estaba o no libre de pecado en su vida en la tierra, el primer método consultaría los pasajes doctrinales didácticos como Hebreos 4:15. El segundo enfoque, por su parte, examinaría los relatos de la vida de Jesús, preguntando si su maldición de la higuera, el echar a los mercaderes del templo, su denuncia de los escribas y fariseos, su comportamiento en el jardín de Getsemaní la noche de la traición y otras acciones similares fueron realmente las acciones de una persona sin pecado o se deberían interpretar como ejemplos de petulancia, furia y miedo, cosa que en un hombre normal se denominaría pecado.
Con respecto a las doctrinas enumeradas, el enfoque (y la mayoría de los teólogos que enfatizan la suprema autoridad de la Biblia) es colocar el énfasis principal en el material didáctico y el secundario en los fenómenos. Por lo tanto, el último debería interpretarse a la luz del primero. Cualquier buen teólogo sistemático debe ser constante en el método utilizado. Por lo tanto, la base principal de nuestra doctrina de la inspiración será el material didáctico. Los fenómenos reales de las Escrituras se utilizarán para ayudar a determinar el significado del material didáctico. Un ejemplo paralelo es la doctrina de que Jesús carecía de pecado. Pasajes como Hebreos 4:15 establece la doctrina; las narraciones de la vida de Jesús nos ayudan a entender exactamente lo que significa. Ambos aspectos son necesarios, pero uno debe tener un énfasis mayor, y la coherencia de la metodología teológica dicta empezar con las enseñanzas en lugar de con los fenómenos. Las enseñanzas nos dan la naturaleza formal de la doctrina, mientras que los fenómenos ayudan a llenarla de contenido.
Es necesario decir unas pocas palabras sobre la diferencia entre la enseñanza bíblica sobre las Escrituras y los fenómenos que iluminan la naturaleza de las Escrituras, ya que hay una confusión considerable sobre estos dos asuntos. Con el primero, nos referimos a la doctrina mantenida por Jesús y los apóstoles (y otros autores bíblicos) sobre la naturaleza de la Biblia. Su punto de vista del grado de inspiración o de la intensidad de la inspiración normalmente no se expresa de forma explícita, pero a menudo puede deducirse de lo que dijeron sobre las Escrituras o cómo consideraron ellos lo que enseñaban las Escrituras. Jesús y los apóstoles consideraban las Escrituras como autoridad porque creían que Dios había dirigido al escritor bíblico: lo que escribieron fue lo que Dios dijo. Que ellos consideraran incluso los detalles minúsculos como obligatorios indica que creían que la inspiración de Dios se extendía incluso a los detalles más pequeños. De esto podemos deducir la doctrina que Cristo y los apóstoles mantenían en lo que se refiere al grado e intensidad de la inspiración de Dios de las Escrituras.
Los fenómenos, por otra parte, se preocupan de lo que son realmente las Escrituras en lugar de lo que los autores creían sobre sus escritos o los de otros autores bíblicos. Aquí nos dedicamos a comparar los pasajes paralelos, evaluar el grado de exactitud de los escritos y actividades similares. Observe cuidadosamente la distinción entre el material didáctico y los fenómenos en el ejemplo siguiente, que pertenece a la doctrinas de la santificación y la perseverancia. Que Juan Marcos abandonase a Pablo y Bernabé y luego volviese a ser útil es un fenómeno (lo que hizo Marcos) que podría arrojar luz sobre estas doctrinas. La posición oficial de Pablo en esto es parte del material didáctico; que Pablo se reconciliara con Marcos y le recibiese de nuevo, aunque no haga comentario explícito sobre la santificación y la perseverancia nos permite deducir algo sobre ellas. En este caso particular, derivamos nuestro conocimiento de los fenómenos (que Marcos volviese a ser útil) y de la enseñanza de Pablo (deducido del hecho de que Pablo encontrase útil de nuevo a Marcos) de los escritos de Pablo (2 Ti. 4:11). No obstante, hay una distinción lógica entre los fenómenos y el material didáctico. Esta distinción debería tenerse particularmente en cuenta, especialmente cuando estamos investigando la naturaleza de las Escrituras. Ya que en ese caso el tema de la investigación es también una fuente del material didáctico.
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