El punto de vista de Daniel Fuller
Daniel Fuller ha propuesto un punto de vista original en lo que se refiere a la obra de iluminación del Espíritu Santo. Este punto de vista parece basarse exclusivamente en 1 Corintios 2:13-14, y en particular en la frase: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios.” Fuller mantiene que lo que se trata aquí no es del entendimiento del texto bíblico, sino de la aceptación de sus enseñanzas. Considera 'dechomai' como la palabra crucial, ya que denota no sólo la mera recepción de las enseñanzas de Dios, sino la aceptación voluntaria y positiva. Por lo tanto el problema del humano no espiritual no es que no entienda lo que dice la Biblia, sino que no desea seguir sus enseñanzas. La iluminación, pues, es el proceso mediante el cual el Espíritu Santo cambia la voluntad del ser humano para que acepte las enseñanzas de Dios.
Siguiendo esta interpretación de 1 Corintios 2:14 que muestra que el problema básico del no creyente es no querer aceptar la enseñanza de Dios. Fuller saca la conclusión injustificada de que el pecado ha afectado seriamente la voluntad humana, pero no su razón. Esto significa, dice Fuller, que un teólogo bíblico objetivo, descriptivo será más capaz de extraer el significado de un texto que un teólogo que considera la Biblia como autoridad. El primero no se verá afectado por factores subjetivos, ya que sólo se preocupa por averiguar lo que Jesús o Pablo enseñaron. En ningún sentido se siente obligado a obedecer o seguir esas enseñanzas. Por otra parte, el creyente puede encontrarse con un choque entre las enseñanzas de la Biblia y sus presuposiciones, y sentir la tentación, puede que inconsciente, de extraer el significado que espera encontrar. Su compromiso con las Escrituras hace que sean más probables las falsas interpretaciones.
Hay serias dificultades con la idea de Fuller sobre que la iluminación es una obra del Espíritu Santo sobre la voluntad humana (y sólo sobre ella). Aparte del hecho de que Fuller basa su punto de vista en una sola porción de las Escrituras, asume que sólo la voluntad humana, no la razón, se ve afectada por el pecado. Como la comprensión de los no creyentes no está corrompida por el pecado y, a diferencia de los creyentes, no tienen implicación personal en lo que dicen las Escrituras, pueden ser desapasionados y llegar al verdadero significado del texto bíblico. Pero ¿esto es realmente así? ¿Cuántos no creyentes son así de desapasionados y poco implicados? Los que examinan las enseñanzas de Jesús deben tener algún tipo de interés en ellas. ¿No puede ese mismo interés inclinarles a encontrar un significado más aceptable que el verdadero significado? Por otra parte, el mismo compromiso de los creyentes les confiere un interés más serio y una mayor preocupación por la Biblia. Este compromiso puede traer consigo un mayor deseo de seguir las Escrituras a cualquier parte que conduzcan. La seriedad de la creencia cristiana de que la Biblia es la Palabra de Dios debería llevarles a ser más diligentes en la búsqueda del verdadero significado. Si se ha aceptado a Cristo como el Señor, ¿no se desearía confirmar con precisión lo que el Señor ha declarado? Finalmente, los textos bíblicos que indican que los no creyentes no aceptan, al menos en parte, porque no entienden, y que el Espíritu Santo abre tanto el corazón como la mente, parece que tienen dificultades para encajar en el punto de vista de Fuller de que el pecado no ha afectado seriamente la razón humana, sólo su voluntad.
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