La iluminación del Espíritu Santo
Hay una serie de razones por las cuales la iluminación o el testimonio del Espíritu Santo es necesario para que el ser humano entienda el significado de la Biblia y esté seguro de su verdad. (Ni la iglesia ni la razón humana lo conseguirán). Primero está la diferencia ontológica entre Dios y la humanidad. Dios es trascendente; va más allá de nuestras categorías de entendimiento. Nunca podremos comprenderlo del todo con nuestros conceptos finitos y nuestro vocabulario humano. Se puede entender, pero no completamente. En relación con la trascendencia de Dios está la finitud humana. Los humanos son seres limitados desde su origen en el tiempo hasta su capacidad de asimilar información. En consecuencia, no pueden formular conceptos que sean conmensurables con la naturaleza de Dios. Estas limitaciones son inherentes al ser humano. No son el resultado de la caída o del pecado humano individual, sino de la relación Creador – criatura. No llevan asociado ninguna connotación moral ni ningún estigma.
Sin embargo, más allá de estas limitaciones, existen otras que sí provienen del carácter pecador del ser humano, como individuo y como raza. Estas últimas no son inherentes a la naturaleza humana, sino que son el resultado de los efectos negativos del pecado sobre nuestros poderes noéticos. La Biblia da testimonio de muchas maneras y muy enfáticas de estas limitaciones del entendimiento humano, en particular en lo que respecta a los asuntos espirituales.
La razón final por la que es necesaria la obra especial del Espíritu Santo es que los seres humanos necesitan certeza con respecto a los asuntos divinos. Ya que aquí se tratan temas como la vida (espiritual y eterna) y la muerte, es necesario tener algo más que la mera probabilidad. Nuestra necesidad de certeza está en proporción directa con la importancia del tema que se trate; en materias de consecuencias eternas, necesitamos una certeza que el razonamiento humano no puede proporcionar. Si se trata de decidir qué coche comprar o qué tipo de pintura utilizar en una casa, hacer una lista de ventajas y desventajas normalmente resulta suficiente. (La opción con más ventajas suele ser la mejor). Sin embargo, si la cuestión es a quién o qué creer con respecto al destino eterno, la necesidad de certeza es mucho mayor.
Para entender lo que hace el Espíritu Santo, tenemos que examinar más atentamente lo que la Biblia dice sobre la condición humana, en particular la incapacidad para reconocer y entender la verdad sin la ayuda del Espíritu. En Mateo 13:13-15 y Marcos 8:18 Jesús habla de los que escuchan, pero nunca entienden y ven, pero nunca perciben. Su condición se describe con imágenes vívidas en todo el Nuevo Testamento. El corazón de este pueblo se ha entorpecido, y con los oídos oyen pesadamente y han cerrado sus ojos (Mt. 13:15). Habiendo conocido a Dios, no lo glorifican como Dios, se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido (Ro. 1:21). Romanos 11:8 atribuye su condición a Dios, que “les dio espíritu insensible, ojos que no vean y oídos que no oigan.” Por lo tanto [sean] oscurecidos sus ojos (v. 10). En 2 Corintios 4:4, Pablo atribuye su condición al dios de este mundo, que “entre los incrédulos... les cegó el entendimiento, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo.” Todas estas referencias, así como muchas otras alusiones, argumentan la necesidad de una obra especial del Espíritu para aumentar la percepción humana y su entendimiento.
En 1 Corintios 2:14 Pablo nos dice que la persona natural (la que ni percibe ni entiende) no ha recibido los dones del Espíritu de Dios. En el original encontramos la palabra 'dechomai', que significa no solo “recibir” algo, sino también “aceptar” algo, dar la bienvenida, ya sea a un regalo o a una idea. Los humanos naturales no aceptan los dones del Espíritu porque la sabiduría de Dios les parece absurda. Son incapaces de entenderla 'gnōnai' porque debe ser discernida o investigada 'anakrinetai' espiritualmente ('pneumatikōs'). El problema, entonces, no es únicamente que la gente en su estado natural no desee aceptar los dones y la sabiduría de Dios, sino que, sin la ayuda del Espíritu Santo, son incapaces de entenderlos.
El contexto de 1 Corintios 2:14 contiene evidencias que corroboran que los humanos no pueden entender sin la ayuda del Espíritu Santo. En el versículo 11 leemos que sólo el Espíritu de Dios conoce los pensamientos de Dios. Pablo también indica en 1:20-21 que el mundo no pudo entender a Dios a través de su sabiduría, ya que Dios enloqueció la sabiduría del mundo. De hecho la sabiduría de este mundo es insensatez ante Dios (3:19). Los dones del Espíritu son enseñadas ('didaktois') no con palabras de sabiduría humana, sino con la que enseña el Espíritu (2:13). Según todas estas consideraciones, parece que Pablo no está diciendo que las personas no espirituales entienden pero no aceptan. Más bien, no aceptan, al menos en parte, porque no entienden.
Pero esta condición se supera cuando el Espíritu Santo empieza a obrar dentro de nosotros. Pablo habla de tener los ojos alumbrados ('pephōtismenous'), un participo pasivo perfecto, que sugiere que se ha hecho algo y que todavía tiene efecto (Ef. 1:18). En 2 Corintios 3, habla de que el velo será quitado (v. 16) para que reflejemos como en un espejo la gloria del Señor (v. 18). Aunque esto originalmente hacía referencia a los israelitas (v. 13), Pablo amplió esta referencia a todos (v. 16) ya que en el resto del capítulo y en los seis primeros versículos del capítulo siguiente la referencia es casi universal. El Nuevo Testamento hace referencia a esta iluminación de los humanos de varias maneras: circuncisión del corazón (Ro. 2:29), ser llenos del conocimiento e inteligencia espiritual (Col. 1:9), el don del entendimiento para conocer a Jesucristo (1 Jn. 5:20), oír la voz del Hijo de Dios (Jn. 10:3). Lo que antes parecía ser una locura (1 Co. 1:18; 2:14) y un tropezadero (1 Co. 1:23) ahora aparece ante el creyente como poder de Dios (1Co. 1:18), como sabiduría oculta de Dios (1:24; 2:7) y como la mente del Señor (2:16).
Lo que estamos describiendo aquí es una obra puntual del Espíritu: la regeneración. Introduce una diferencia categórica entre el creyente y el no creyente. Sin embargo, hay una obra continuada del Espíritu Santo en la vida del creyente, una obra descrita y elaborada particularmente por Jesús en su mensaje a sus seguidores en Juan 14-16. Aquí Jesús promete la venida del Espíritu Santo (14:16, 26; 15:26; 16:7, 13). En algunas referencias, Jesús dice que él mismo enviará del Padre el Espíritu (Jn. 15:26; 16:7). En la primera parte del mensaje él habla de que el Padre enviará al Espíritu en nombre de Jesús (14:16, 26). En la frase final, él solo habla de la venida del Espíritu Santo (16:3). Parece por tanto que el Espíritu fue enviado por el Padre y por el Hijo, y que fue necesario que Jesús se fuera al Padre (nótese el uso redundante y enfático de ('egō') en 16:7 y 14:12 – “Voy al Padre”). El Espíritu Santo tenía que tomar el lugar de Jesús y realizar sus funciones particulares también ¿Cuáles son las funciones que el Espíritu Santo realizará?
1. El Espíritu Santo enseñará a los creyentes todas las cosas y les recordará todo lo que Jesús les enseñó (14:26).
2. El Espíritu Santo dará testimonio de Jesús. Los discípulos también darán testimonio de Jesús, porque estuvieron con él desde el principio (15:26-27).
3. El Espíritu Santo convencerá ('elegchō') al mundo de pecado, de justicia y de juicio (16:8). Esta palabra en particular implica reprender de tal manera que se llegue a la convicción, por contraste con la palabra 'epitimaō'), que sugiere simplemente una reprimenda no merecida (Mt. 16:22) e ineficaz (Lc. 23:40).
4. El Espíritu Santo guiará a los creyentes a la verdad. No hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga (Jn. 16:13). Y con ello glorificará a Jesús (16:14).
Fíjese en particular en la designación del Espíritu Santo como Espíritu de verdad (14:17). El relato de Juan sobre lo que dijo Jesús no hace referencia al Espíritu Santo como al verdadero Espíritu ('alēthes' o 'alēthinon'), sino como el Espíritu de la verdad ('tēs alētheias'). Esto puede no ser más que la traducción literal al griego de una expresión aramea, pero es probable que signifique que la naturaleza misma del Espíritu es la verdad. Es alguien que comunica verdad. El mundo no puede recibirle ('lambanō', simplemente recibir, por oposición a 'dechomai', aceptar), porque ni le ve ni le conoce. Los creyentes, por otra parte, le conocen ('ginōskō'), porque mora en ellos y estará en ellos. (Hay alguna disputa sobre si el tiempo del verbo final del versículo 17 se tiene que entender como futuro o presente.
Resumamos el papel del Espíritu tal como se describe en Juan 14-16. Conduce a la verdad, recordando las palabras de Jesús, no hablando por sí mismo, sino hablando lo que oye, aportando convicción, siendo testigo de Cristo. Por lo tanto su ministerio definitivamente está implicado en la verdad divina. Pero ¿qué significa esto? No parece ser un nuevo ministerio, o añadir una verdad nueva no conocida previamente, sino una acción del Espíritu Santo en relación con la verdad ya revelada. Por lo tanto, el ministerio del Espíritu Santo implica dilucidar la verdad, aportando creencia, persuasión y convicción, pero no una revelación nueva.
Pero ¿este pasaje tiene que ser entendido con referencia a la iglesia en todos los periodos de su vida o estas enseñanzas sobre la obra del Espíritu Santo sólo se aplican a los discípulos en los tiempos de Jesús? Si se adopta la segunda postura, la dirección hacia la verdad que el Espíritu ofrece a los discípulos hace referencia sólo a su papel en la producción de la Biblia y no a ningún ministerio continuado. Es obvio que el mensaje fue dado en principio al grupo que físicamente rodeaba a Jesús en aquellos momentos. Hay ciertas referencias que lo localizan claramente (por ejemplo, 14:8-11). Sin embargo, hay en su mayoría una ausencia de elementos que restringen la interpretación. Por supuesto, algunas enseñanzas (por ejemplo 14:1-7; 15:1-17) también se comunican en otras partes de la Biblia. Es obvio que no estaban restringidas únicamente a los primeros oyentes, ya que tenían promesas y órdenes aceptadas por la iglesia de todos los tiempos. Es lógico concluir que las enseñanzas respecto al ministerio del Espíritu también son para nosotros.
De hecho, lo que enseña Juan 14-16 sobre que el Espíritu conduce a los creyentes a la verdad también se encuentra en otras partes de la Biblia. En particular, Pablo menciona que el mensaje del evangelio les llegó a los Tesalonicenses a través del Espíritu Santo. Pablo dice que “no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre” (1 Ts. 1:5). Cuando los tesalonicenses recibieron ('paralabontes') la palabra, la aceptaron ('edexasthe'), no como la palabra de un ser humano, sino como lo que realmente era, la palabra de Dios (2:13). La diferencia entre mera recepción indiferente del mensaje y aceptación efectiva activa se entiende como obra del Espíritu Santo. Es más, Pablo ora para que los Efesios (3:14- 19) sean fortalecidos con poder en el hombre interior por el Espíritu para que sean capaces de comprender ('katalabesthai') y conocer ('gnōnai') el amor de Cristo que excede ('huperballousan') a todo conocimiento ('gnōseōs'). La implicación es que el Espíritu Santo comunicará a los efesios un conocimiento del amor de Cristo que supera el conocimiento normal.
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