Regeneración

La conversión hace referencia a la respuesta del ser humano a la oferta de Dios de salvación y acercamiento a los hombres. La regeneración es el otro lado de la conversión. Es totalmente obra de Dios. Es la transformación que Dios hace de los creyentes individuales, el darles una nueva vitalidad espiritual y una nueva dirección en sus vidas cuando aceptan a Cristo.

Subyacente a la doctrina de la regeneración encontramos una suposición sobre la naturaleza humana. La naturaleza humana necesita ser transformada. El ser humano está muerto espiritualmente y por lo tanto necesita un nacimiento nuevo o nacimiento espiritual. Hemos señalado anteriormente que la persona natural no es consciente de o no responde a los estímulos espirituales. Las imágenes bíblicas de humanos no regenerados como personas ciegas, sordas y muertas indican la falta de sensibilidad espiritual. Y los no creyentes no sólo no son capaces de percibir las verdades espirituales, son incapaces de hacer nada que altere su condición de ceguera y su tendencia natural al pecado. Cuando leemos la descripción del humano pecador en Romanos 3:9-20, queda bastante claro que se necesita un cambio radical o metamorfosis, y no una mera modificación o reajuste en la persona. Para algunos, esto parece una visión muy pesimista de la naturaleza humana, y desde luego lo es, en lo que se refiere a su potencial natural; pero nuestra visión no limita sus expectativas a las posibilidades naturales.

Las descripciones bíblicas del nuevo nacimiento son numerosas, vívidas y variadas. Incluso en el Antiguo Testamento, encontramos llamativas referencias a la obra renovadora de Dios. Él promete: “Y les daré otro corazón y pondré en ellos un nuevo espíritu; quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas y guarden mis decretos y los cumplan, y sean mi pueblo y yo sea su Dios” (Ez. 11:19-20). Aunque la terminología y la imaginería difiere de la del Nuevo Testamento, tenemos aquí la idea básica de la transformación de la vida y el espíritu.

En el Nuevo Testamento, el término que más literalmente expresa la idea de la regeneración es 'palingenesia'. Aparece sólo dos veces en el Nuevo Testamento. Una de ellas es en Mateo 19:28, donde hace referencia a “la renovación de todas las cosas” [NVI] que formarán parte del escatón. El otro es Tito 3:5, que hace referencia a la salvación: “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.” Aquí tenemos la idea bíblica de renacimiento. Aunque el término literal 'palingenesia' no se encuentra en otras partes del Nuevo Testamento, la idea desde luego es muy frecuente.

La exposición más conocida y amplia del concepto del nacimiento nuevo lo encontramos en la conversación de Jesús con Nicodemo en Juan 3. Jesús le dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (v. 3). Posteriormente en la discusión comenta: “No te maravilles que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (v. 7). La palabra griega que se utiliza es 'anothenque también se puede traducir por “desde arriba”. Sin embargo, que “otra vez” o “de nuevo” es la traducción correcta aquí se puede ver por la respuesta de Nicodemo: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?” (v. 4). Nicodemo entendió que Jesús estaba diciendo que se debe nacer de nuevo.

Aunque la terminología varía, la idea se encuentra en otras partes del Nuevo Testamento. En la misma conversación con Nicodemo, Jesús habla de “nacer del Espíritu” (Jn. 3:5-8). Él tenía en mente una obra sobrenatural que transformaba la vida del individuo. Esta obra, que es indispensable si se quiere entrar en el reino de Dios, no es algo que se pueda conseguir mediante el esfuerzo o la planificación humana. También se habla de “nacido de Dios” o “renacidos de la palabra de Dios” (Jn. 1:12-13; Stgo. 1:18; 1 P. 1:3, 23; 1 Jn. 2:29; 5:1, 4). Cualquiera que pase por esta experiencia es una creación nueva: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17). Pablo habla de renovación en el Espíritu Santo (Tit. 3:5), de recibir la vida (Ef. 2:1, 5) y de resucitar de la muerte (Ef. 2:6). La misma idea está implícita en las declaraciones que hace Jesús de que ha venido para dar vida (Jn. 6:63; 10:10, 28).

Aunque es bastante fácil hacer una lista de ejemplos donde aparezca la idea del nacimiento nuevo, no es tan fácil asegurar su significado. Sin embargo, no deberíamos sorprendernos que el nuevo nacimiento sea difícil de entender. Jesús indicó a Nicodemo, que tenía dificultades para entender lo que Jesús estaba diciendo, que el concepto era difícil. Es como el viento: aunque no se sabe de dónde viene o dónde va, se oye su sonido (Jn. 3:8). Como el nacimiento nuevo trata temas que no se pueden percibir con los sentidos, no se puede estudiar de la misma manera que se estudian otros temas. También existe una resistencia natural a la idea del nacimiento nuevo, una resistencia que dificulta el que podamos examinar objetivamente el concepto. La necesidad del nacimiento nuevo es una acusación para todos nosotros, porque señala que ninguno de nosotros es lo suficientemente bueno en su estado natural; todos tenemos que sufrir una metamorfosis si queremos complacer a Dios.

A pesar de los problemas al entender el concepto, se pueden hacer varias afirmaciones sobre la regeneración:

1. Implica algo nuevo, todo un cambio en las tendencias naturales de la persona. No es meramente una ampliación de los rasgos ya presentes. Por una parte la regeneración implica matar o crucificar las cualidades existentes. Comparando la vida en el Espíritu con la vida en la carne, Pablo dice: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gá. 5:24-25). Otras referencias a la muerte del individuo o de ciertos aspectos del individuo incluyen Romanos 6:1-11 y Gálatas 2:20; 6:14. La idea de morir para la carne (la manera natural de actuar y vivir) y vivir en el Espíritu es evidencia de que la regeneración es la producción de una creación totalmente nueva (como correctamente la denomina Pablo) y no solamente una manera de mejorar lo que ya era la dirección básica en la vida de alguien.

2. Como muerte de la carne, el nuevo nacimiento implica contrarrestar los efectos del pecado. Esto quizá se ve de forma más clara en Efesios 2:1-10. La muerte que requiere una transformación es resultado del pecado en que vivimos, siendo guiados por el príncipe del poder del aire. Aunque la regeneración implica algo totalmente nuevo para nosotros, no trae como resultado algo que resulta extraño a la naturaleza humana. Más bien, el nacimiento nuevo es la restauración de la naturaleza humana al estado original que se pretendía que tuviera y que tuvo en realidad antes de que el pecado entrara en la raza humana en el momento de la caída. Es simultáneamente el principio de una vida nueva y un regreso a la vida y a la actividad original.

3. Además, parece que el nacimiento nuevo es en sí mismo instantáneo. Nada en su descripción sugiere que sea un proceso y no una única acción. En ningún sitio se dice que sea incompleto. Las Escrituras hablan de creyentes “nacidos de nuevo” o “que han nacido de nuevo” no dice que “estén naciendo de nuevo” (Jn. 1:12-13; 2 Co. 5:17; Ef. 2:1, 5-6; Stgo. 1:18; 1 P. 1:3, 23, 1 Jn. 2:29; 5:1, 4 – los verbos griegos relevantes en estas referencias están en aoristo, lo cual no hace referencia alguna a la duración, o en tiempo perfecto que apunta hacia un estado de acción completada). Aunque no se pueda determinar el tiempo preciso del nacimiento nuevo, y puede que haya toda una serie de antecedentes, parece que el nacimiento nuevo mismo se completa en un instante.

4. Aunque la regeneración se completa instantáneamente, no es un fin en sí misma. Como cambio de impulsos espirituales, la regeneración es el comienzo de un proceso de crecimiento que continúa a lo largo de toda la vida. Este proceso de maduración espiritual es la santificación. Habiendo señalado que sus lectores antes estaban muertos y ahora están vivos, Pablo añade: “pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (Ef. 2:10). Habla en Filipenses 1:6 de continuar y terminar lo que ha empezado: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. La regeneración es un comienzo, pero queda mucho más por venir. Las manifestaciones de esta madurez espiritual se denominan el “fruto del Espíritu”. Se oponen directamente al fruto de la antigua naturaleza, a las obras de la carne (Gá. 5:19-23).

5. El nacimiento nuevo es también un hecho sobrenatural. No es algo que se pueda conseguir mediante el esfuerzo humano. Jesús dejó esto claro en Juan 3:6: “Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es.” Estaba respondiendo a la pregunta de Nicodemo de si el nacimiento nuevo tenía que hacerse entrando de nuevo en el vientre materno. La regeneración es especialmente la obra del Espíritu Santo. Aunque la salvación la planeó y la originó el Padre y fue cumplida por el Hijo, el Espíritu Santo es el que la aplica a la vida del creyente, cumpliendo así la intención que Dios tenía para los humanos.

Hubo momentos en el pasado en que se creyó que la regeneración era una alteración de la sustancia del alma. Esa idea no es muy interesante para nosotros, en parte porque el significado de “sustancia” no está demasiado claro. Sería mejor pensar en términos de un cambio en las inclinaciones e impulsos de un individuo y no especular sobre la naturaleza exacta del cambio.

La doctrina de la regeneración coloca a la fe cristiana en un lugar inusual. Por una parte, los cristianos rechazan la creencia secular actual en la bondad humana y las expectativas optimistas que surgen a partir de ahí. La misma insistencia en la regeneración es una declaración de que sin ayuda externa y sin la transformación completa no existe posibilidad de que la bondad genuina en gran escala surja de la humanidad. Por otra parte, a pesar de la valoración pesimista de la capacidad humana natural, el cristianismo es muy optimista: con ayuda sobrenatural los humanos pueden ser transformados y restablecidos a su estado original de bondad. Fue respecto a la habilidad de Dios para cambiar los corazones humanos, permitiéndonos entrar en su reino que Jesús dijo: “Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible” (Mt. 19:26).