Sustitución
En anteriores apartados hemos señalado que Cristo murió por nuestro bien o por nosotros. Pero ¿es correcto hablar de muerte sustitutoria, es decir, murió realmente en nuestro lugar? Diversas consideraciones indican que Cristo realmente ocupó nuestro lugar:
1. Hay toda una serie de pasajes que nos indican que nuestros pecados fueron “transferidos” a Cristo, él “cargó” con nuestra iniquidad, “se le hizo pecado” por nosotros. Un ejemplo destacable es Isaías 53: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (v. 6). “Fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores” (v. 12b). Al ver a Jesús, Juan el Bautista exclamó: “¡Ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!” (Jn. 1:29). Pablo dijo: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21), y “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros” (Gá. 3:13). El escritor de la carta a los hebreos dijo: “también Cristo fue ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, ya no para cargar con pecado alguno, sino para traer salvación a quienes lo esperan” (He. 9:28). Y evidentemente teniendo Isaías 53:5-6, 12 en mente, Pedro escribió: “Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. ¡Por su herida habéis sido sanados!” (1 P. 2:24). La idea común en estos pasajes es que Jesús cargó con nuestros pecados; le fueron transferidos o transmitidos de nosotros a él. Como él llegó a ser pecado, nosotros hemos dejado de ser pecado o pecadores.
2. Una evidencia más son las preposiciones utilizadas para designar la relación específica entre la obra de Cristo y nosotros. La preposición que sugiere con más claridad la sustitución es 'anti'. Esta palabra en contextos no soteriológicos significa claramente “como sustituto de” o “en lugar de.” Por ejemplo, Jesús preguntó: “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente?” (Lc. 11:11). En Mateo 2:22 la palabra se utiliza en conexión con un hijo que sucede a su padre: “Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes.” Y en 1 Corintios 11:15 Pablo observa que, siendo impropio que una mujer ore con la cabeza descubierta (v. 13), en lugar de velo la naturaleza le ha dado el cabello. Cuando observamos pasajes en los que la preposición 'anti' se utiliza para especificar la relación entre la muerte de Cristo y los pecadores, esta misma idea de sustitución está claramente presente. A. T. Robertson observa que 'anti' significa “en el lugar de” o “como sustituto de” cuando aparece en contextos donde “dos sustantivos colocados en oposición uno a otro son equivalentes y pueden ser intercambiados.” Por tanto, al igual que se tiene en mente la sustitución en frases como “ojo por ojo” de Mateo 5:38, también lo está en casos como Mateo 20:28: “Como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por todos.” Robertson dice que pasajes doctrinales importantes como Mateo 20:28 y Marcos 10:45 “enseñan el concepto sustitutivo de la muerte de Cristo, no porque 'anti' signifique en realidad “en lugar de,” que no es cierto, sino porque el contexto deja cualquier otra idea resultante fuera de la cuestión.” La misma idea surge en 1 Timoteo 2:6, donde se utiliza una posición diferente de la preposición 'huper', pero aparece 'anti' en una forma compuesta en el nombre 'antilutron' (“rescate”).
La otra preposición pertinente es 'huper'. Tiene varios significados, dependiendo en parte del caso en el que se utilice. A nosotros, nos interesan, en particular, los ejemplos de 'huper' con el caso genitivo. Se ha afirmado que 'anti' literalmente significa “en lugar de” y 'huper' “en nombre de.” Sin embargo, G. B. Winer ha dicho: “En la mayoría de los casos, alguien que actúa en nombre de otra persona aparece en lugar de ella [1 Ti. 2:6; 2 Co. 5:15], y por tanto 'huper' a veces se acerca al campo semántico de 'anti' “en lugar de.” Sobre esta idea de que alguien que actúa en nombre de otro aparece en su lugar Robertson comenta “Depende de la naturaleza de la acción, no del 'anti' o el 'huper'”. No obstante, en el caso de ostraca y papiro, la palabra 'huper' significa claramente “en lugar de.”
En algunos pasajes bíblicos, por ejemplo, Romanos 5:6-8; 8:32; Gálatas 2:20 y Hebreos 2:9, 'huper' puede ser tomado en un sentido de “en nombre de,” aunque probablemente significa “en lugar de.” Sin embargo, en varios otros pasajes, muy de destacar Juan 11:50; 2 Corintios 5:15 y Gálatas 3:13, el significado es más obvio. Sobre estos versículos Robertson dice: “'huper' tiene la noción resultante de “en lugar de” y sólo ignorando el contexto se puede deshacerse de ella.” No es necesario que el significado de “en lugar de” quede patente en cada ejemplo, ya que hay suficientes evidencias a lo largo de las Escrituras de que la muerte de Cristo fue sustitutiva. Leon Morris comenta:
"Cristo ocupó nuestro lugar, como la víctima del sacrificio ocupa la plaza del devoto. Me doy cuenta de que el significado del sacrificio se ha discutido ampliamente, y que hay algunos que rechazan cualquier aspecto sustitutivo. Aquí no hay espacio para ocuparse completamente del tema. Sólo puedo afirmar dogmáticamente que a mi juicio el sacrificio no se puede entender de forma satisfactoria si no incluye un aspecto de sustitución. Y Cristo murió como nuestro sacrificio. Por lo tanto murió como nuestro sustituto".
La teoría sustitutiva de la expiación de la muerte de Cristo, cuando se capta en toda su complejidad, es una verdad rica y significativa. Tiene varias implicaciones importantes para nuestra forma de entender la salvación:
1. La teoría de la sustitución penal confirma la enseñanza bíblica de la depravación total de todos los seres humanos. Dios no habría llegado tan lejos como para dejar que su preciado Hijo muriese si no hubiese sido absolutamente necesario. Los humanos eran absolutamente incapaces de suplir su propia necesidad.
2. La naturaleza de Dios no tiene una sola cara, ni existe tensión entre sus diferentes aspectos. No es únicamente justo y exigente, ni amoroso y generoso. Es justo, hasta el punto de necesitar que se le proporcione un sacrificio por el pecado. Y amorosamente, hasta el punto de proporcionar él mismo ese sacrificio.
3. No existe otra manera de salvación que no sea la gracia, y específicamente la muerte de Cristo. Tiene un valor infinito y por tanto cubre todos los pecados de toda la humanidad para siempre. Un sacrificio finito, por el contrario, ni siquiera podría cubrir todos los pecados de la persona que lo está ofreciendo.
4. Hay seguridad para el creyente en lo que se refiere a su relación con Dios. Como base de la relación, la expiación de la muerte de Cristo es completa y permanente. Aunque nuestros sentimientos pueden cambiar, la base de nuestra relación con Dios permanece inamovible.
5. Nunca debemos tomar a la ligera la salvación que tenemos. Aunque es gratuita, también es costosa, porque le costó a Dios el sacrificio más grande. Por lo tanto debemos estarle siempre agradecidos por lo que ha hecho; debemos amarle e imitar su carácter generoso.
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Jn. 4:10).
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