La fórmula ortodoxa de la Trinidad

La doctrina ortodoxa de la Trinidad fue enunciada en una serie de debates y concilios que en gran parte fueron propiciados por las controversias provocadas por movimientos tales como el monarquismo y el arrianismo. El Concilio de Constantinopla (381) hizo una formulación definitiva en la que la iglesia dejó explícitas las creencias que hasta entonces sólo había mantenido implícitamente. La idea que prevaleció fue básicamente la de Atanasio (293-373), elaborada y refinada por los teólogos de Capadocia: Basilio, Gregorio Nazianceno y Gregorio de Nisa.

La fórmula que expresa la posición de Constantinopla es “una 'ousiaen tres 'hupostaseis.” El énfasis a menudo parece estar más en la última parte de la fórmula, esto es, la existencia separada de las tres personas más que en la de una divinidad indivisible. La divinidad única existe simultáneamente en los tres modos de ser o hipostases. Se resalta la idea de “co-inherencia” o, como se denomina más tarde, pericoresis, de las tres personas. La divinidad existe “indivisa en tres personas divididas.” Hay una “identidad de naturaleza” en las tres hipóstasis. Basilio dice:

"Porque todas las cosas que son del Padre se contemplan en el Hijo, y todas las cosas del Hijo son del Padre; porque todo el Hijo está en el Padre y tiene a todo el Padre en sí. Por lo tanto la hipóstasis del Hijo es como si fuera la forma y la cara del conocimiento del Padre, y la hipóstasis del Padre se conoce en la forma del Hijo, aunque la cualidad propia que se contempla allí permanece para una clara distinción de las hipóstasis".

Los capadocios intentaron exponer los conceptos de sustancia común y personas múltiples separadas por la analogía de un universal y sus particulares: las personas individuales de la Trinidad están relacionadas con la sustancia divina de la misma manera que los seres humanos individuales se relacionan con el universal humano (o humanidad). Cada una de las hipóstasis individuales es la ousia de la divinidad distinguidas por las características o propiedades peculiares de él, como los individuos humanos tienen características únicas que les distinguen de otras personas individuales. Estas propiedades respectivas de las personas divinas son, según Basilio, la paternal, la filial y el poder santificante o santificación.

Está claro que la fórmula ortodoxa protege la doctrina de la Trinidad en contra del peligro del modalismo. Sin embargo, ¿lo ha hecho a expensas de caer en el error opuesto: el triteísmo? A simple vista el peligro parece considerable. Sin embargo, se hicieron dos cosas para salvaguardar la doctrina de la Trinidad contra el triteísmo:

1. Se señaló que si podemos encontrar una única actividad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo que de ninguna manera se diferencia en ninguna de las tres personas, debemos concluir que no hay más que una única sustancia idéntica en todas ellas. Y tal unidad se encontró en la divina actividad de la revelación. La revelación se inicia en el Padre, continúa con el Hijo y se completa con el Espíritu. No son tres acciones, sino una acción en la que los tres están implicados.

2. Se insistió en la concreción e indivisibilidad de la sustancia divina. Mucha de la crítica a la doctrina de la Trinidad de los capadocios se centró en la analogía de un universal manifestándose en particulares. Para evitar la conclusión de que hay una multiplicidad de dioses dentro de la divinidad, como existen una multiplicidad de humanos en la humanidad, Gregorio de Nisa sugirió que, estrictamente hablando, no deberíamos hablar de una multiplicidad de humanos, sino de la multiplicidad de un ser humano universal. Por tanto, los capadocios siguieron resaltando que, aunque las tres personas de la Trinidad se pueden distinguir numéricamente como personas, son indistinguibles e inseparables en su esencia o sustancia o ser.

Se debería reiterar aquí que la ousia no es abstracta, sino una realidad concreta. Es más, la esencia divina es simple e indivisible. Siguiendo la doctrina aristotélica de que sólo lo que es material es cuantitativamente divisible, los capadocios a veces casi negaban que la categoría numérica se pudiera aplicar a la divinidad. Dios es simple y no compuesto. Por lo tanto, aunque cada una de las personas es una, no se pueden sumar para hacer tres entidades.

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