Implicaciones de la doctrina de la creación
¿Qué tiene de especial la obra creativa de Dios? ¿Los humanos pueden realizar esa misma actividad o algo parecido? En particular, ¿qué sucede si los humanos son capaces de crear vida procedente de un material no vivo? ¿Reduciría esto lo que tiene de especial la obra de Dios, y por lo tanto su deidad? Algunos científicos, trabajando con una definición de vida, aseguran que la humanidad ya ha sido capaz de producirla, mientras que otros, que trabajan con una definición distinta, mantienen que sólo es cuestión de tiempo que lo consigan. Pero ¿qué pasa entonces? ¿Demostraría esto que no era necesario Dios para que comenzase la vida? ¿Nos daría esto una explicación alternativa del origen de la vida?
En este punto es necesario que definamos cuidadosamente cuál será la naturaleza precisa de la primera creación humana de la vida procedente de material no vivo. Primero, no será algo accidental como la colisión de átomos para formar una nueva molécula, y después la combinación de moléculas durante un periodo de tiempo para producir el primer ser vivo. No seguirá la fórmula de átomos más movimiento más suerte. Al contrario, la primera producción de vida que realicen los humanos tendrá que ser el resultado de una intensa planificación y esfuerzo llevado a cabo por seres muy inteligentes en un laboratorio muy bien equipado y bajo condiciones muy controladas. En resumen, se parecerá más a la creación de un Dios sabio y poderoso que a la suerte que proviene de movimientos al azar de la materia.
Es más, los científicos que lo hagan habrán empezado con materia. Esta materia no habrá sido creada por ellos de la nada, sino que la habrán encontrado y utilizado. La materia prima que utilizarán habrá sido producida por Dios. Por tanto, incluso en el acto de la “creación” ellos dependerán de una fuerza superior. La producción de vida a partir de materia no viva que puedan hacer los humanos no minimizará la grandeza del poder y el conocimiento de Dios; sencillamente la subrayará y lo enfatizará.
Entonces ¿cuáles son las implicaciones de creer en la creación? La doctrina tiene una influencia significativa en nuestro modo de ver y tratar la vida y el mundo:
1. Todo lo que existe tiene valor, porque aunque no es Dios, ha sido hecho por él. Lo hizo porque le complació hacerlo, y lo consideraba bueno. Cada parte tiene su lugar, que es exactamente lo que Dios pretendía. Dios ama toda su creación, no solo ciertas partes de ella. Por lo tanto nosotros deberíamos preocuparnos por toda ella, para preservar, guardar y desarrollar lo que Dios ha hecho.
Somos parte de la creación, pero sólo una parte. Aunque Dios pretendiese que utilizáramos la creación para satisfacer nuestras necesidades, también tenemos que tener dominio sobre ella y gobernarla para bien. Por lo tanto tenemos que preocuparnos mucho de la ecología. De hecho, los cristianos deberían estar al frente de la preocupación por la conservación y el bienestar de la creación, porque fue Dios quien la hizo.
Por diferentes de nosotros que puedan ser algunas criaturas, forman parte del plan de Dios. Nada es intrínsecamente malo. Aunque puede que el pecado haya perturbado el universo creado por Dios, el mundo era bueno cuando salió de sus manos. Por lo tanto, no hay una virtud particular en huir de la creación física o evitar lo corporal a favor de actividades más intelectuales o espirituales. El hecho de que seamos criaturas intelectuales y espirituales no niega el hecho de que también somos seres físicos.
2. La actividad creativa de Dios incluye no sólo la actividad creadora inicial, sino también sus obras indirectas posteriores. La creación no excluye el desarrollo en el mundo; lo incluye. Así el plan de Dios implica y utiliza lo mejor de las habilidades y el conocimiento humanos para el refinamiento genético de la creación. Estos esfuerzos son nuestra asociación con Dios en la obra continuada de la creación. Sin embargo, por supuesto, debemos tener en mente que los materiales y la verdad que empleamos en estos esfuerzos provienen de Dios.
3. Hay justificación para estudiar científicamente la creación. La ciencia asume que dentro de la creación hay un cierto orden o patrón que se puede descubrir. Si el universo fuera aleatorio y, en consecuencia, todos los datos recogidos por los científicos fueran únicamente una colección desordenada, no sería posible entender la naturaleza. Pero al afirmar que todo ha sido hecho de acuerdo con un patrón lógico, la doctrina de la creación corrobora la suposición de la ciencia. Es significativo que la ciencia se desarrollara antes y más rápidamente en la cultura europea, donde se creía en un solo Dios que creó siguiendo un plan racional, que en otras culturas donde se creía en varios dioses que realizaban actividades conflictivas. Sabiendo que existe un patrón inteligente en el universo, los cristianos se sienten motivados a buscarlo.
4. Nadie que no sea Dios es autosuficiente y eterno. Todo lo demás, cada objeto y cada ser, recibe su existencia de él. Existe para hacer su voluntad. Sólo Dios merece nuestra adoración. Todo lo demás existe por su bien, y no él por el nuestro. Aunque respetamos mucho la creación, porque ha sido hecha por él, tenemos que mantener una distinción clara entre Dios y ella.
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