Creación de la nada
Empezamos indicando que la doctrina de la creación es una creación de la nada, o sin la utilización de materiales preexistentes. Esto no significa que toda la obra creativa de Dios fuera directa e inmediata, que ocurriera en el mismo principio del tiempo. También ha habido una creación mediata y derivada, la obra subsiguiente de Dios desarrollando y dando forma a lo que había creado originalmente. Estamos afirmando que todo lo que existe ahora se inició con el acto de Dios de traerlo a la existencia; no dio forma o adaptó algo que ya existiese independientemente de él.
A veces se ha hecho un esfuerzo por derivar del verbo hebreo ('bara’) esta verdad de que la creación ocurrió sin el uso de materiales que ya existían previamente. La palabra aparece en el Antiguo Testamento treinta y ocho veces en el radical 'qal' y diez veces en el 'nifal'. Esta forma nominal, (beri’ah – creación) solo aparece una vez (Núm. 16:30). Los radicales qal y nifal sólo son utilizados para referirse a Dios, no a los humanos. Parece claro que, utilizado teológicamente, el verbo expresa lo especial de la obra de Dios en contraste con la forma humana de hacer objetos procedentes de materiales ya existentes. Karl-Heinz Bernhardt señala que “hasta cierto punto esto trae como resultado una nivelación de su significado.” Sin embargo, se debería señalar que ‘bara' nunca aparece con un acusativo lo cual apunta hacia un objeto sobre el cual la obra del Creador haya formado algo nuevo. Por tanto, la idea de creación de la nada no queda excluida del significado de esta palabra, aunque tampoco se ha probado de forma concluyente que tenga este significado.
No obstante, la idea de que la creación ex nihilo se puede encontrar en varios pasajes del Nuevo Testamento donde el objetivo principal no es hacer una declaración sobre la naturaleza de la creación. En particular, hay numerosas referencias al inicio del mundo o al inicio de la creación:
- “desde la fundación del mundo” (Mt. 13:35; 25:34; Lc. 11:50; Jn. 17:24; Ef. 1:4; He. 4:3; 9:26; 1 P. 1:20; Apoc. 13:8; 17:8)
- “al principio” (Mt. 19:4, 8; Jn. 8:44; 2 Ts. 2:13; 1 Jn. 1:1; 2:13-14; 3:8)
- “desde el principio del mundo” (Mt. 24:21)
- “al principio de la creación” (Mr. 10:6; 2 P. 3:4)
- “desde el principio de la creación que Dios hizo” (Mr. 13:19)
- “desde la creación del mundo” (Ro. 1:20)
- “Tú, Señor, en el principio fundaste la tierra” (He. 1:10)
- “el principio de la creación de Dios” (Apoc. 3:14)
Sobre estas expresiones Werner Foerster dice: “Estas frases muestran que la creación implica el principio de la existencia del mundo, sin que existiera materia previa.” El verbo 'kitzo' en sí mismo no establece la creación ex nihilo, no obstante estos usos argumentan a favor de que exista un significado específico más allá del mero hacer, dar forma.
Otros usos de 'kitzo' sugieren que se presta al significado de originar de la nada. Por ejemplo, se usa para la fundación de ciudades, juegos, casas y sectas. Es “el acto intelectual y de voluntad básico mediante el cual algo nace.” Por tanto, aunque hay otros significados además del de la creación ex nihilo, ese significado particular desde luego no queda excluido.
No se debería descartar totalmente la palabra hebrea 'bara’ para nuestros propósitos. Aunque la etimología de este verbo sugiere “cortar” o “partir,” nunca se empareja con un objeto directo que denota material sobre el cual Dios obra para hacer algo nuevo, ni se usa nunca en los radicales qal y nifal con un sujeto humano. Es más, la expresión “en el principio” en Génesis 1:1, que se usa sin ninguna otra calificación, parece de muchas maneras ser análogo a los usos de 'kitzo' señalados antes.
En el Nuevo Testamento podemos encontrar varias expresiones más explícitas de la idea de crear de la nada. Leemos que Dios hace que existan las cosas mediante su palabra. Pablo dice que Dios “llama las cosas que no son como si fueran” (Ro. 4:17). Dios mandó: “que de las tinieblas resplandeciera la luz” (2 Co. 4:6). Esto sugiere que este efecto se produce sin el uso de ninguna causa material previa. Dios creó el mundo con su palabra “de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (He. 11:3). Aunque se podría argumentar que lo que Dios hizo fue utilizar una realidad invisible o espiritual como materia prima desde la cual formó materia visible, esto parece una idea artificial y forzada.
Si nuestro énfasis en la creación de Dios ex nihilo parece un poco superflua y obvia, se debería observar que la creación ex nihilo no es obvia desde la perspectiva de la teología del proceso. John B. Cobb Jr. y David Griffin dejan bastante claro que Dios no creó el mundo desde la nada absoluta. Más bien “la teología del proceso en cambio afirma una doctrina de la creación desde el caos.” Ellos afirman que este punto de vista es apoyado por más pasajes del Antiguo Testamento que los que confirman la doctrina de la creación de la nada. En un estado de caos absoluto solo habría un grado muy bajo de ocasiones reales sucediendo al azar; por supuesto, no estarían ordenadas en “individualidades duraderas.” Pero como Dios está creando continuamente, a cada momento surgen una infinita variedad de ocasiones de experiencia. Dios contribuye a que surja cada ocasión real.
La expresión ex nihilo o “de la nada” algunas veces ha dado pie a malentendidos. Ciertos pensadores han llegado a considerar la “nada” como algo de lo cual se ha hecho todo, una especie de sustancia. Para algunas de los existencialistas, como Martin Heidegger, el no ser casi tiene una realidad metafísica en sí mismo, con capacidad de resistirse a ser que recuerda a ciertos elementos de la filosofía griega. Cuando hablamos de creación de la nada, no obstante, nosotros no estamos pensando en la nada como un algo del que se hacen todas las cosas. Nada, más bien es la ausencia de realidad. Por tanto, la expresión “sin el uso de materiales preexistentes” es preferible.
Trayendo toda la realidad al ser, Dios creó únicamente con su palabra. En Génesis 1, leemos que Dios habló y su declaración se hizo realidad inmediatamente (vv. 3, 6, 9). La mera declaración “Que se haga la luz,” fue suficiente para que surgiera la luz. Podemos sacar varias conclusiones:
1. Dios tiene el poder de desear que las cosas sucedan, y las cosas pasan exactamente como él las deseó.
2. La creación es un acto de su voluntad, sin que se sienta forzado a ello por ninguna fuerza o consideración fuera de sí mismo. Es
más, Dios no se implica a sí mismo, a su propio ser, en el proceso. La creación no es una parte de él ni emana de su realidad.
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