Naturaleza analógica de la revelación especial

Dios recurre a esos elementos en el universo del conocimiento humano que pueden servir como retrato o reflejar en parte la verdad en el ámbito divino. Su revelación emplea el lenguaje analógico, que está a medio camino entre el lenguaje unívoco y equívoco. En el lenguaje unívoco, un término se emplea con un solo sentido. En el lenguaje equívoco, un término posee significados completamente diferentes. Por lo tanto si en inglés utilizamos la palabra row como nombre para describir una configuración de árboles y como verbo para referirnos a impulsar una barca mediante remos, estamos haciendo un uso equívoco de la palabra. En el lenguaje unívoco, un término que se emplea predicativamente con dos sujetos diferentes tiene el mismo significado en ambos casos, como cuando decimos por ejemplo que un hombre es alto y que un edificio es alto. En el sentido analógico, siempre hay al menos un elemento unívoco, pero también hay diferencias, como cuando decimos que los corredores corren una maratón y que el tren corre entre Sevilla y Córdoba.

Cada vez que Dios se ha revelado a sí mismo, ha seleccionado elementos que eran unívocos en su universo y en el nuestro. Langdon Gilkey ha señalado que, desde el punto de vista ortodoxo, cuando decimos que Dios actúa o ama, tiene el mismo significado que cuando decimos que un ser humano actúa o ama. Cuando decimos que Dios paró las aguas del río Jordán, tenemos lo mismo en mente que cuando decimos que el Cuerpo de ingenieros del ejército impidió que un río siguiera fluyendo. Aunque puede haber diferencias de métodos y materiales, la acción tiene básicamente el mismo efecto: el agua del río deja de fluir más allá de cierto punto. Los actos de Dios suceden dentro de un universo de espacio-tiempo. La muerte de Jesús fue un suceso observable como la muerte de Santiago, Juan, Pedro, Andrés o cualquier otro ser humano. Un médico que hubiese examinado a Jesús cuando fue bajado de la cruz habría observado que no tenía respiración ni pulso. Un electrocardiograma o un electroencefalograma no habría dado una lectura discernible. Y cuando la Biblia dice que Dios ama, habla del mismo tipo de cualidades que a las que nos referimos cuando hablamos del amor humano (en el sentido de agape): una preocupación leal y desinteresada por el bienestar de otra persona.

Cuando utilizamos aquí el término analógico, queremos expresar “cualitativamente idéntico;” en otras palabras, la diferencia es más de grado que de clase o género. Dios es poderoso como son poderosos los humanos, pero mucho más. Cuando decimos que Dios sabe, el significado es el mismo que cuando decimos que los seres humanos saben, pero de lo que un humano sabe algo Dios lo sabe todo. Dios ama como aman los seres humanos, pero ama de forma infinita. Nosotros no podemos saber cuánto más de estas cualidades posee, o lo que significa decir que Dios tiene el conocimiento humano ampliado hasta un extremo infinito. Habiendo observado sólo formas finitas, no podemos captar los conceptos infinitos. En este sentido, Dios siempre resulta incomprensible. No es que no tengamos conocimiento de él, y un conocimiento genuino. Sino que la dificultad está en que somos incapaces de abarcarlo con nuestro conocimiento. Aunque lo que sabemos de él es el mismo conocimiento que él tiene de sí mismo, nuestro grado de conocimiento es menor. No es un conocimiento exhaustivo como el que él tiene de sí mismo, y en ese aspecto resultará incompleto o no exhaustivo incluso en el escatón.

Este conocimiento analógico es posible porque Dios selecciona los componentes que utiliza. A diferencia de los humanos, Dios tiene conocimiento de las dos partes de la analogía. Si los seres humanos sólo mediante su propia razón natural buscan entender a Dios construyendo una analogía que implique a Dios y a la humanidad, el resultado siempre es algún tipo de enigma, porque están trabajando con una ecuación compuesta de dos incógnitas. Por ejemplo, si uno tuviera que argumentar que el amor de Dios es para el amor humano lo que el ser divino es al ser humano, sería equivalente a decir que x/2 = Y/5. Sin saber que relación hay entre el ser de Dios (o su naturaleza o esencia) y el de la humanidad, los seres humanos no pueden construir una analogía con sentido.

Dios, por otra parte, conociéndolo todo completamente, sabe qué elementos del conocimiento y la experiencia del hombre son lo suficientemente similares a la verdad divina como para poderlos utilizar para ayudar a construir una analogía con significado. Como no tenemos forma de verificar una analogía como esa de forma independiente, siempre sigue siendo una presuposición y en ese sentido un asunto de fe que esta se corresponde con la verdad que Dios está reflejando. En conexión con esto deberíamos fijarnos en que no se puede verificar lo cerca que están nuestras ideas de lo que se supone que representan y por lo tanto deben ser aceptadas por la fe. A este respecto, el teólogo que trabaja con la revelación especial está en una situación similar a la del empírico, que no puede asegurar

que las percepciones sensoriales se correspondan adecuadamente a los objetos que se proponen representar.

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