Administración reservada para los seguidores de Cristo
Todas las denominaciones están de acuerdo en que la cena del Señor no debe ser administrada de forma indiscriminada a todo el mundo. Es en cierta manera un símbolo del discipulado que hay en la relación entre el creyente individual y el Señor. Según esto, no debe ser administrada a aquellos que no sean discípulos del Señor.
Esta restricción se basa en el hecho de que la cena del Señor originalmente se celebró dentro del círculo íntimo de los discípulos. No se compartió con la multitud de personas que se acercaban a Jesús, muchas de las cuales eran simplemente curiosos o gente que deseaban obtener algún beneficio personal de él. Al contrario, la última cena se celebró en la intimidad, entre aquellos que más comprometidos estaban con Cristo. Además, recordemos que el grupo tuvo que ser purificado. Judas, que iba a traicionar a Jesús, aparentemente abandonó el grupo en medio de la comida.
La restricción de la cena del Señor a los creyentes también viene atestiguada por las palabras de Pablo sobre examinarse uno mismo, que hemos señalado anteriormente. Es necesario que una persona se examine a sí misma para poder comer y beber de manera digna. Uno no sólo debe ser creyente, sino un creyente practicante para tomar los elementos. Cualquier otra cosa es pecado (1 Co. 11:27-34).
La cena del Señor es, o representa, el cuerpo del Señor. Es también para el cuerpo, o sea, para la iglesia. En 1 Corintios 10:15-17 Pablo argumenta que ya que todos comen del mismo pan, que es el cuerpo de Cristo, todos son un único cuerpo. Este es el contexto de las declaraciones de Pablo en 1 Corintios 11:17-22. Por tanto, que los miembros de la iglesia se dividan en facciones y menosprecien a otros que comen con ellos el mismo pan es un abuso y una contradicción de la práctica. La cena del Señor es una ordenanza de la iglesia. No la pueden practicar adecuadamente individuos aislados de forma separada.
Crea tu propia página web con Webador