Establecida por Cristo

Durante un largo periodo de tiempo, los estudiosos del Nuevo Testamento no se cuestionaron que Jesús mismo estableciese la cena del Señor. El primero que cuestionó seriamente esto fue H. E. G. Paulus en su "comentario sobre el Nuevo Testamento" (1800-1804) y su "vida de Jesús" (1828). David Strauss igualmente lo negaba en su primera edición de la "vida de Jesús" (1835), pero admitió su posibilidad en la edición popular posterior (1864), cuando cuestionó únicamente los detalles. Algunos críticos de la forma recientes también discuten la autenticidad de las declaraciones de Jesús estableciendo la cena del Señor. W. D. Davies, por ejemplo, habla de “los restos de esas palabras filtrados a través de la mente de un rabino.”

Sin embargo, en su mayor parte existe acuerdo en que el establecimiento de la cena del Señor se debe al mismo Jesús. La evidencia incluye el hecho de que los tres evangelios sinópticos le atribuyen las palabras de la inauguración de la práctica (Mt. 26:26-28; Mr. 14:22-24; Lc. 22:19-20). Aunque hay algunas variaciones en los detalles, la esencia común de los sinópticos argumenta a favor de una introducción temprana en la tradición oral. Además, Pablo en 1 Corintios 11:23-29 ofrece un relato similar sobre la institución de la cena del Señor. Declara que recibió del Señor ('paralambanō') lo que ahora transmite ('paradidōmi') a sus lectores. Mientras que Pablo no aclara si estos hechos le fueron revelados directamente por Dios, o le habían sido transmitidos por otros, el verbo 'paralambanō' sugiere esto último y el pasárselo a la iglesia de Corintio es una continuación del proceso de transmisión. Pablo probablemente escuchó el relato de algunos testigos, o sea, de los apóstoles. En cualquier caso, que Pablo incluya el relato indica que la tradición existía varios años antes de que se escribiera el primero de los evangelios, que probablemente fue el de Marcos. Concluimos que aunque puede que no sea posible determinar las palabras precisas dichas por Jesús, sabemos que instituyó la práctica que lleva su nombre: la cena del Señor.