Punto de vista católico romano
La posición católica romana sobre la cena del Señor fue expuesta en el Concilio de Trento (1545-63). Aunque muchos católicos, especialmente en los países de occidente, han abandonado en la actualidad algunas de las características de ese punto de vista, sigue siendo la base de la fe de muchos.
La transubstanciación es la doctrina de que cuando el sacerdote consagra los elementos, se produce realmente un cambio metafísico. La sustancia del pan y el vino -lo que es realmente- se convierte respectivamente en el cuerpo y la sangre de Cristo. Los accidentes, no obstante, permanecen igual. Por tanto el pan sigue manteniendo la forma, textura y sabor del pan. Un análisis químico diría que sigue siendo pan. Pero lo que es en esencia ha cambiado. Cristo entero está presente en cada una de las partículas de la hostia. Todos los que participan en la cena del Señor, o en la Sagrada comunión como se la denomina, literalmente toman para sí el cuerpo físico y la sangre de Cristo.
Para las personas modernas que no piensan en términos metafísicos, la transubstanciación resulta extraña, y puede que hasta absurda. Sin embargo, se basa en la distinción de Aristóteles entre sustancia y accidentes, que a través de Tomás de Aquino encontró su camino hacia la teología oficial de la iglesia católica romana. Desde esa perspectiva filosófica, la transubstanciación tiene sentido perfectamente.
Un segundo principio importante para el punto de vista católico es que la cena del Señor implica un acto de sacrificio. En la misa, Cristo realmente ofrece de nuevo un sacrificio por los feligreses, en el mismo sentido que lo hizo con la crucifixión. Debería entenderse como un sacrificio propiciatorio que satisface las demandas de Dios. Sirve como sacrificio por los pecados veniales. Sin embargo, el sacramento de la eucaristía queda gravemente profanado si alguien que carga sobre sí un pecado mortal no perdonado participa. Por tanto, uno debería examinarse seriamente de antemano, tal como Pablo enseñó a sus lectores a hacer.
Un tercer principio del punto de vista católico es el sacerdotalismo: la idea de que un sacerdote debidamente ordenado debe estar presente para consagrar la hostia. Sin un sacerdote así para oficiar, los elementos siguen siendo pan y vino. Sin embargo, cuando un sacerdote cualificado sigue la fórmula adecuada, los elementos cambian completamente y de forma permanente transformándose en el cuerpo y la sangre de Cristo.
En la administración tradicional del sacramento, la copa fue negada a la congregación, quedando reservada sólo para el clero. La razón principal era el peligro de que la sangre se pudiese derramar. Porque que la sangre de Jesús fuera pisoteada sería una profanación. Además, había dos argumentos que hacían innecesario que la congregación tomase la copa:
(1) El clero lo hacía en representación de la congregación; ellos tomaban la copa en lugar de la gente.
(2) No se ganaba nada con que la gente tomase la copa. El sacramento quedaba completo sin necesidad de ello, porque toda partícula tanto del pan como del vino contiene completamente el cuerpo, el alma y la divinidad de Cristo.
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