La iglesia e Israel

Otro tema especializado es el relativo a la relación de Israel con la iglesia. Aquí nos encontramos con opiniones e incluso discusiones que se diferencian de forma amplia y clara. Por una parte algunos teólogos reformados ven al Israel literal como absorbido o desplazado por la iglesia o por el Israel espiritual. No se deja nada por cumplir en relación con el Israel literal; en consecuencia, no es necesario un milenio en el que los judíos serán devueltos a un puesto destacado en la obra de Dios. Por otra parte, los dispensacionalistas consideran que Israel y la iglesia son dos entidades eternamente separadas con las que Dios trata de forma diferente. Como Ladd ha señalado, la verdad aquí, como en tantos otros asuntos, está en alguna parte entre ambos polos.

 

Primero señalamos que el Israel espiritual en muchos aspectos ha ocupado el lugar del Israel literal. Pablo resalta este punto en Romanos y Gálatas. Por ejemplo, escribió: “No es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu y no según la letra” (Ro. 2:28-29). A los gálatas les escribió: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente descendientes de Abraham sois, y herederos según la promesa” (3:29). Otros pasajes pertinentes incluyen Romanos 4:11, 16, 18 y 9:7-8.

Además deberíamos observar que algunas de las promesas dirigidas al Israel literal en el Antiguo Testamento los escritores del Nuevo Testamento las consideran cumplidas en el Israel espiritual, la iglesia. Por ejemplo, Oseas escribió: “Yo la sembraré para mí en la tierra; me compadeceré de la ‘Indigna de compasión’ al ‘Pueblo ajeno’ lo llamaré: ‘Pueblo mío’ y él me dirá: ‘Mi Dios’” (Os. 2:23--NVI). Queda claro por Oseas 1:6-11 que este versículo hace referencia a Israel. Sin embargo, Pablo lo aplica igualmente a los judíos y los gentiles. Porque al hablar de que “[Dios] también ha llamado, a nosotros, no solo de los judíos, sino también de los gentiles”, cita este versículo. Como también en Oseas dice: “Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada” (Ro. 9:24-25). Ladd también cita la aplicación de Pedro de la promesa de Joel: “Después de esto derramaré mi espíritu sobre todo ser humano, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones” (Jl. 2:28; cf. Hch. 2:17). Sin embargo, se debería señalar que en este punto Pedro estaba hablando a los judíos y sobre ellos (Hch. 2:5; 22). Por tanto, la afirmación de que Pedro lo que está haciendo aquí es aplicar a la iglesia las promesas hechas a Israel está abierto a discusión.

Sin embargo, hay futuro para la Israel nacional. Todavía es el pueblo especial de Dios. Habiendo declarado que el rechazo de Israel ha significado la reconciliación del mundo, Pablo pregunta: “¿Qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?” (Ro. 11:15). El futuro es brillante: “Luego todo Israel será salvo” (v. 26). No obstante Israel será salvo entrando en la iglesia al igual que lo hacen los gentiles. No hay ninguna declaración en el Nuevo Testamento que suponga otro tipo de base para la salvación.

Resumiendo: la iglesia es el nuevo Israel. En el nuevo pacto ocupa el lugar que ocupaba Israel en el antiguo. Mientras que en el Antiguo Testamento el reino de Dios estaba poblado por el Israel nacional, en el Nuevo Testamento el reino de Dios está poblado por la iglesia. Sin embargo, hay un futuro especial para el Israel nacional, a través de la conversión a gran escala a Cristo y de la entrada en la iglesia.

 

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