La iglesia y el reino
Es obvio que existe una conexión cercana entre el reino y la iglesia. De hecho, Jesús, habiendo anunciado que edificaría su iglesia y que los poderes de la muerte no prevalecerían sobre ella, inmediatamente continuó diciendo a Pedro: “Te daré las llaves del reino de los cielos” (Mt. 16:18-19). De esto se podría sacar en conclusión que la iglesia es sinónimo del reino. De hecho, Geerhardus Vos argumentó que la imaginería de este pasaje es la de que la iglesia es un casa edificada sobre una roca (v. 18) y que las llaves de esa casa serían entregadas a Pedro. Sin embargo, George Ladd, mantiene correctamente que esto es llevar el lenguaje metafórico demasiado lejos. Más bien, argumenta, hay que considerar el reino como el reinado de Dios. La iglesia, por el contrario, es un ámbito de su reinado, la gente que está bajo su gobierno. El reino es el gobierno de Dios, mientras que la iglesia es la comunidad humana que está bajo ese gobierno. Ladd expone cinco puntos básicos sobre la relación entre el reino y la iglesia.
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La iglesia no es el reino.
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El reino crea la iglesia.
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La iglesia da testimonio del reino.
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La iglesia es el instrumento del reino.
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La iglesia es la guardiana del reino.
La iglesia es una manifestación del reino o del reinado de Dios, la forma que toma en la tierra en nuestro tiempo. Es la manifestación concreta del gobierno soberano de Dios en nuestros corazones. Con el pacto antiguo, la forma en que se expresaba el reino era Israel. El reino se puede encontrar dondequiera que Dios gobierne en los corazones humanos. Pero más que eso, se encuentra dondequiera que se haga su voluntad. Por tanto el reino estaba presente en el cielo incluso antes de que los humanos fueran creados, porque los ángeles estaban sujetos a Dios y le obedecían. Ahora están incluidos en su reino y lo estarán en el futuro. Pero nunca han formado ni formarán parte de la iglesia. La iglesia sólo es una manifestación del reino.
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