Dominio general del Anticristo
El mundo en que vivimos se ha estado moviendo a una velocidad insospechada durante los últimos años de su historia. Cosas que jamás habían sido soñadas por el hombre se han convertido en algo común en nuestra generación. Este ritmo exponencial continuará hasta los días finales de la historia de la humanidad (Daniel 12:4). En un futuro los adelantos en prolongar la vida humana, la posibilidad de viajes interplanetarios, el descubrimiento de nuevas y potentes drogas, con la revolución de la Inteligencia Artificial el hombre ya no será capaz de distinguir lo real de lo falso... Un escenario perfecto para la acción del Anticristo:
1. La bestia recibe la herida mortal y es sanada. El más grande de los milagros ocurridos aquí en la Tierra es, sin duda, la resurrección de Cristo. Nuestro Señor Jesucristo murió y resucitó gloriosamente de entre los muertos (1 Corintios 15). El falso cristo de los postreros días pretenderá imitar la obra de Cristo. De modo que se presentará ante la humanidad como alguien que ha vuelto a la vida después de haber muerto (Apocalipsis 13:3, 12, 14).
Sin entrar en discusiones referentes a las varias teorías que se han sugerido en cuanto a la identificación de la bestia, el texto original sugiere, no una muerte aparente, sino real. La Escritura dice: "Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia" (Apocalipsis 13:3). La idea es que los moradores de la Tierra estarán dispuestos a someterse absolutamente a la autoridad de un personaje que se muestra ante el mundo como alguien que ha podido vencer la muerte. Este es, sin duda, el primero de una serie de eventos que llevan al Anticristo al predominio del mundo. Es posible que el entusiasmo universal en su favor se deba en gran parte a la «sanación» de su herida mortal, de modo que la humanidad le considere como el líder sobrenatural que ha estado soñando.
2. El pacto con Israel es quebrantado. Uno de los acontecimientos más sorprendentes de la historia contemporánea ha sido la formación del estado moderno de Israel. La constitución del estado judío el 14 de mayo de 1948 ha provocado, sin duda, uno de los problemas más candentes en la política internacional. No hay prácticamente un diplomático de reputación que no esté de acuerdo en que la paz del mundo depende en gran parte de lo que ocurra en el Oriente Medio.
Ya hemos mencionado que una de las victorias más rotundas del Anticristo en el desarrollo de su ascensión al poder será la firma de un tratado de paz con Israel. Es nuestra opinión que la firma de ese pacto marcará el comienzo del período llamado la tribulación y que dicho período se corresponde con la semana setenta de Daniel 9:27. Es nuestra convicción que la semana setenta de Daniel es aún futura y que tendrá su cumplimiento literal a su tiempo. Creemos que esta afirmación encuentra apoyo en las palabras del Señor Jesucristo en Mateo 24:15-30. Se debe notar que el Señor anuncia el cumplimiento de la profecía de Daniel (9:27 y 12:11) y asocia ese cumplimiento con lo que él llama "gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá" (Mateo 24:21). Pero más tarde el Señor añade: "E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria" (Mateo 24:29-30).
También debe notarse que todo el pasaje (Mateo 24) fue dado por el Señor en respuesta a la pregunta de los discípulos: "Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?" (Mateo 24:3). Como parte de la respuesta a la pregunta de los discípulos, el Señor dijo que se cumpliría lo dicho por el profeta Daniel acerca de la "abominación desoladora" (Daniel 9:27, 11:31; Mateo 24:15). De modo que dicho suceso es relacionado por el Señor como señal de su venida y del fin del siglo. Es decir, la llamada "abominación desoladora" ocurrirá dentro de la semana setenta de Daniel. Según el mismo Señor Jesucristo esa abominación desoladora tendrá lugar durante un período de tribulación sin precedentes que será seguido por la Segunda Venida en poder y gloria. La conclusión lógica es que esa tribulación es un evento futuro.
Otro aspecto que ha sido motivo de discusión tiene que ver con la pregunta: «¿Quién es el que firma el pacto con Israel?» Hay dos razones básicas que causan confusión. La primera es el hecho de que en el pasaje (Daniel 9:24-27) se mencionan dos príncipes:
a) "El Mesías Príncipe" (v. 25).
b) "El pueblo de un príncipe que ha de venir" (v. 26).
El Mesías Príncipe, obviamente, se refiere a nuestro Señor Jesucristo. La expresión "el pueblo de un príncipe que ha de venir", se refiere al pueblo que destruyó el santuario y la ciudad de Jerusalén en el año 70 d.C: el pueblo romano.
Pero todavía surge la pregunta: «¿Quién es el que hace un pacto firme con Israel?» Algunos han concluido que será "el Mesías Príncipe". Pero una simple regla de gramática es que el sujeto de un verbo ha de ser la palabra que esté más cerca de dicho verbo. De modo que gramaticalmente la expresión "el príncipe que ha de venir" debe ser el sujeto de "hará un pacto firme...". El prominente teólogo Alva J. McClain, indica lo siguiente:
"Primeramente, se nos dice que "él" hará un pacto firme con la nación judía por un período de una semana, siete años. Ahora bien, no existe nada escrito acerca del ministerio terreno de nuestro Señor que ni remotamente se asemeje a dicho pacto. Aquellos que mantienen que el Mesías es el ejecutor de ese pacto de siete años no han podido jamás producir las evidencias para mostrar la existencia de tal pacto entre nuestro Señor y los judíos. No pueden señalar el lugar en la Historia donde comenzó ni dónde ha terminado. Segundo, la teoría que afirma que este pacto fue hecho por nuestro Señor al comienzo de su ministerio terrenal y que por su sacrificio hizo cesar los sacrificios judíos, se destruye porque no hay referencia tocante a tal pacto en los evangelios y también porque la muerte de Cristo no puso fin a los sacrificios judíos. Estos continuaron, en realidad, hasta la destrucción de Jerusalén unos cuarenta años después. Y ya que según esa teoría Cristo murió "en medio de la semana", los sacrificios debieron haber cesado inmediatamente. Pero no fue así. En tercer lugar, insistir en que el Mesías fue el autor de ese pacto de siete años necesariamente pone la totalidad de la semana setenta en el pasado, inmediatamente a continuación de la semana sesenta y nueve... La semana setenta es aún futura, no pasada, según las palabras del mismo Señor en el capítulo veinticuatro de Mateo".
Creemos que las palabras del Dr. McClain son lo suficientemente claras para afirmar que será el Anticristo («el príncipe que ha de venir») y no nuestro Señor («el Mesías Príncipe») quien concertará el pacto de Daniel 9:27 con la nación de Israel. Pasados tres años y medio a partir de la firma de dicho pacto, el Anticristo renunciará a su promesa, iniciándose así un período de persecución sin precedentes (Apocalipsis 11:2, 3; 12:6, 14; 13:5; Daniel 7:25).
3. La bestia es adorada como Dios. Ese decreto de la bestia es un aspecto de la violación del pacto que ha firmado con la nación israelita. Seguidamente el Anticristo se presentará en el templo, se autoproclamará Dios y demandará ser adorado como tal. El apóstol Pablo, en su segunda carta a los Tesalonicenses, nos dice con referencia al Anticristo: "el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios, o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios" (2:4). Este acto de la bestia de "sentarse en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios", es equivalente a la "abominación desoladora" de la que habló el profeta Daniel y a la que Cristo hizo referencia en su sermón del monte de los Olivos (Daniel 9:27; 12:11; Mateo 24:15).
Es decir, el Anticristo se presentará a sí mismo en el lugar santísimo y demandará honra divina y adoración, que recibirá de parte de los habitantes de la Tierra cuyos nombres no están inscritos en el libro de la vida del Cordero. El profeta Daniel describe esta auto-exaltación de la bestia diciéndonos: "Y el rey hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo Dios; y contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y prosperará hasta que sea consumada la ira; porque lo determinado se cumplirá" (Daniel 11:36). El Anticristo consiguirá ser aclamado y adorado por las masas humanas que creerán sus palabras desafiantes y, por medio de milagros engañosos, trastornará de manera insólita a los seres humanos. El Apocalipsis nos dice: "Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió. Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase» (Ap. 13:14-15). Es, sin duda, bajo la influencia del engaño satánico y del endurecimiento del corazón cuando la humanidad adora a la bestia y exclama: «¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?" (Apocalipsis 13:4). Obviamente, eso ocurrirá cuando el Anticristo haya alcanzado el climax de su prestigio en el mundo.
Tres cosas contribuirán decisivamente para ayudar al Anticristo a conseguir que se le adore como a Dios. Primeramente, su magnetismo y gran habilidad personal. Será admirado y homenajeado por las grandes masas populares hasta el punto de maravillarse y rendirle culto (Apocalipsis 13:3-4). Luego, la humanidad verá el despliegue de poder sobrenatural ejercido por la bestia, quien será capaz de obrar milagros y señales públicamente por mediación satánica (2 Tesalonicenses 2:9-10; Apocalipsis 13:12-14). Por último, el Anticristo también aplicará sanciones económicas y militares a todo aquel que no le rinda culto (Apocalipsis 13: 15-17). La humanidad aún no ha contemplado tal manifestación del poder diabólico como el que tendrá lugar cuando se manifieste el hombre de pecado.
4. Lucha por la supremacía. Es una realidad histórica que existen hoy bloques de naciones, alianzas, pactos o esferas de influencias que han dividido al mundo políticamente. Hoy hablamos del bloque occidental o el conjunto de naciones que forman la alianza que solemos llamar «el mundo libre». Por otra parte, nos referimos al conjunto de naciones que forman el bloque soviético y cuyo centro de influencia está en Moscú. El poderío militar de Rusia, su arsenal atómico y sus pretensiones de la hegemonía universal son de sobras conocidas. Existe también la esfera de influencia asiática. No es posible ignorar en nuestros días la tremenda fuerza de la China roja y los países sobre los cuales ejerce influencia. Ninguna nación en el mundo podría movilizar un ejército más numeroso que la China comunista. Finalmente, hemos sido testigos en estos últimos años del poder económico del conjunto de naciones árabes. Sólo tenemos que recordar la crisis causada en el mundo occidental cuando las naciones árabes dejaron de suministrar petróleo a las naciones industriales. Carentes de un ejército efectivo, los árabes se dieron cuenta de que poseen un arma más demoledora aún, es decir, el combustible que produce la energía necesaria para las máquinas de los países industriales.
En medio de estas cuatro esferas o bloques de influencias de naciones se encuentra la nación de Israel. Es de todos conocido que el estado israelita se ha apoyado para su supervivencia en el bloque de naciones occidentales y, especialmente, en el poder militar y la protección que le ofrece los Estados Unidos de América. La mayoría de los expertos coinciden en que sin la ayuda de la garantía norteamericana la nación de Israel sería destruida por los países circunvecinos.
Sin embargo, ¿cómo es que el Anticristo llegará a ocupar la supremacía del poder mundial? Algunos han observado, y no sin falta de razón, que si el Anticristo ha de ser un dictador universal no es posible la existencia de cuatro áreas de influencia o bloques de naciones, ya que esa estructura sería contraria a una forma de gobierno universal. Dicha objeción tiene cierta lógica, pero creemos que Daniel 11:36-45 nos da la respuesta al problema. Ese pasaje nos habla de la lucha que se llevará a cabo entre los poderes mundiales, y que culminará con la subida al poder mundial del Anticristo.
En el mencionado pasaje de Daniel se hace referencia a los cuatro poderes mundiales de los últimos tiempos. En los versículos 36-39 se nos habla del "rey que hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios; y contra el dios de los dioses hablará maravillas...". Creemos que el personaje así descrito se refiere al Anticristo. Una comparación de dicho pasaje con 2 Tesalonicenses 2:4 revelará que tanto Daniel como Pablo se refieren a la misma persona.
En el versículo 40, Daniel menciona dos personajes más. Primeramente habla de "el rey del sur" y, en segundo lugar, de "el rey del norte". Es nuestra opinión que "el rey del sur" se refiere al líder del bloque de naciones árabes, y "el rey del norte" se refiere al líder del conjunto de naciones encabezada por los rusos.
Finalmente, en el versículo 44 se menciona que habrá "noticias del oriente...". Esa expresión está relacionada con Apocalipsis 16:12, donde dice: "El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente". Es decir, "las noticias del oriente" y la venida de "los reyes del oriente" se refiere al mismo evento. Hay otros pasajes de las Escrituras que tienen relación estrecha con estos eventos. Entre los más importantes figuran Ezequiel 38 y 39, Zacarías 12 a 14, Daniel 9:26-27 y 11 a 12.
Conscientes de que no es posible dogmatizar acerca de este asunto, trataremos de sugerir una posibilidad como respuesta a la pregunta: ¿Cómo es que el Anticristo llega a la supremacía del poder mundial? Para ello es necesario recordar que, en nuestra opinión, el Anticristo o "el príncipe que ha de venir" (Daniel 9:26), quien, a su vez, será un descendiente del pueblo que destruyó la ciudad y el santuario en el año 70 d.C., hará o concertará un pacto firme con la nación de Israel. Ese pacto le comprometerá hasta el punto de que cualquier ataque efectuado contra Israel será considerado como un ataque contra el Anticristo mismo. Este pacto entendemos se firmará al comienzo de la semana setenta de Daniel. Es más, es nuestro parecer que la firma de dicho pacto da inicio al último período de siete años comprendidos por las setenta semanas de Daniel.
Sugerimos que cuando el pacto sea firmado, el Anticristo representará a uno de los cuatro poderes mundiales (el del occidente). Hacia la mitad de los siete años algo inesperado ocurre. El rey del sur, en combinación con el rey del norte, programará un ataque sincronizado contra la nación de Israel. Dicha invasión provocará la ira del Anticristo, que interviene con sus ejércitos y, en vez de dar la protección prometida a Israel, ocupará la nación y plantará allí su cuartel general. Es entonces cuando se se cumplirá la profecía de Ezequiel 38 y 39 referente a la destrucción del ejército del rey del norte en las montañas de Israel. Ezequiel 39:4 dice: "Sobre los montes de Israel caerás tú y todas tus tropas, y los pueblos que fueron contigo; a aves de rapiña de toda especie, y a las fieras del campo, te he dado por comida".
También sugerimos que en su invasión de lsrael el Anticristo destruirá el ejército del "rey del sur", de modo que al llegar a la mitad de los siete años, es decir, cumplidos los tres primeros años y medio, el Anticristo se encontrará en una posición firme, ya que tanto el poderío del rey del norte como el del rey del serán neutralizados. Consecuentemente, durante la segunda mitad del período de siete años de la semana setenta de Daniel, él puede ser considerado como el ser humano más poderoso del mundo.
En ese tiempo que, a nuestro parecer, ocurrirá también la invasión de los reyes del oriente (Apocalipsis 16:12). Pero en los versículos siguientes (13 y 14) se nos dice: "Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso". Es decir, que al mismo tiempo que se tienen las noticias de la invasión asiática, por el poder satánico, espíritus de demonios son enviados para congregar ejércitos de todo el mundo para ayudar a la bestia. Todo este movimiento de ejércitos se efectuará, en nuestra opinión, durante esos tres años y medio últimos del período de la tribulación. Dicho período, sugerimos, es equivalente a la campaña del Armagedón (Apocalipsis 16.16). Dicha campaña terminará con la venida personal y en gloria del Rey de reyes y Señor de señores, Cristo Jesús (Apocalipsis 19:11-16).
En resumen, el Anticristo llegará a ocupar la supremacía universal después que los ejércitos del rey del norte son destruidos de manera sobrenatural por el Señor y los ejércitos del rey del sur por el poderío del Anticristo, al tiempo de la invasión de la nación de Israel. Es entonces que por influencias satánicas se forma una gran coalición de ejércitos de todas las naciones del mundo (excepto las naciones asiáticas) para apoyar al Anticristo (Apocalipsis 16:13-14). El propósito principal de la concentración de naciones parece estar dirigido a la destrucción total de la nación de Israel (Zacarías 14:1-4). Es posible que por inspiración satánica las naciones del mundo concluyan que la destrucción de la nación de Israel producirá paz mundial. Pero las promesas de Dios hechas a Abraham tendrán su cumplimiento. El Señor no permitirá que la nación de Israel sea destruida. De modo que Jehová descenderá a librar a su pueblo tal y como lo prometió. Israel reconocerá a Cristo como el Mesías prometido que reinará sobre su pueblo (Isaías 59:20-21; Romanos 11:25-27).
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