El final del Anticristo
Una de las verdades más obvias enseñadas por la Palabra de Dios es que el mal no triunfará. Cuando la consumación de todas las cosas sea efectuada, "toda rodilla tendrá que doblarse y toda lengua tendrá que confesar que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios el Padre" (Filipenses 2:10-11). Después de tres años y medio como dictador universal, el Anticristo, el hijo de perdición o la bestia, llegará a su fin. La copa de la ira de Dios será derramada sobre su trono y su reino terminará para siempre.
1. El comienzo del juicio del Anticristo. El comienzo del juicio de la bestia se nos presenta en la dramática escena de la visión del profeta Daniel: "Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas. Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente" (Daniel 7:8-9). Es de sumo interés que, al mismo tiempo en que surge "el cuerno pequeño" o el Anticristo, son puestos tronos. Esos tronos son para juicio y se asemejan a los que se colocan en un tribunal.
La interpretación del pasaje que el mismo mensajero celestial dio a Daniel no deja lugar a dudas en cuanto al significado de la visión: "Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo. Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin" (Daniel 7:24-26). De la cabeza de la cuarta bestia surgirá el cuerno que se ensalzará por encima de sus colegas, pero el Juez Eterno intervendrá de manera decisiva, poniendo fin a la carrera del Anticristo.
Lo sorprendente de la escena y a la vez maravilloso es el hecho de que Dios está controlando absolutamente todo lo que está ocurriendo y ha de ocurrir sobre la Tierra. Tan pronto la bestia surge al escenario de la Historia, comienza sobre ella el juicio de Dios que no solamente es derramado sobre el trono de la bestia (Apocalipsis 16:1-10), sino también sobre su sistema comercial y su poderío económico.
La Biblia nos dice que ese juicio será fulminante. Todo el esplendor y la gloria de la hegemonía mantenida por el Anticristo sobre el mundo se derrumbará ante la autoridad de la voz de Dios. Tres veces en el capítulo 18 de Apocalipsis se usa la expresión "en una hora" (vs. 10, 17, 19) para describir la ruina de Babilonia, es decir, la capital comercial del Anticristo.
2. El juicio personal de Cristo sobre el Anticristo. Los ataques constantes de Satanás contra el programa de Dios llegan a su punto culminante con la aparición del Anticristo. Su boca se abrirá para proferir palabras de blasfemia contra el Altísimo (Daniel 7:25), y "contra el Dios de los dioses hablará maravillas" (Daniel 11:36). Además, en su furia perseguirá a los santos del Altísimo, causando grandes estragos y muerte a aquellos que rehusan llevar la marca de la bestia en sus frentes o en su mano derecha (Ap. 13:7; 16-17; 14:9-12). En sus pretensiones llega hasta el punto de "pelear contra el Cordero" (Apocalipsis 17:14). Es, además, quien capitanea a los reyes de la Tierra en su desafío al Ungido de Dios: "¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas" (Salmos 2:1-3). Este salmo mesiánico vislumbra la rebelión de los reyes de la Tierra contra Jehová y contra el Cristo. Pero el salmista nos dice que "Jehová se reirá" y pondrá fin a dicha rebelión con la aparición personal del Rey de reyes.
La Palabra de Dios es absolutamente significativa cuando habla de la derrota que el Hijo de Dios infligirá a la bestia. El apóstol Pablo nos dice: "...aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida" (2 Tesalonicenses 2:8). También la Escritura nos dice que "el Cordero los vencerá..." (Apocalipsis 17:14). De modo que la victoria de Cristo será absoluta y rotunda.
El apóstol Juan, en su visión apocalíptica de la venida en gloria del Señor, nos dice: "Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa en el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores" (Apocalipsis 19: 14-16). Con su venida física y visible el Señor inaugurará la era de gloria, paz y justicia profetizada en las páginas del Antiguo Testamento (Isaías 32-35).
Al fin, aquel que ha tratado de usurpar la gloria que sólo a Dios pertenece será vencido históricamente. El plan maestro de Satanás es reducido al fracaso. Su propósito de regir al mundo mediante el Anticristo fracasará absolutamente. El profeta Daniel dice que llegará su fin y que no tendrá quien le ayude (Daniel 11:45). Y el apóstol Juan dice: "Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lugar de fuego que arde con azufre" (Apocalipsis 19:20).
3. El estado final del Anticristo. La Segunda Venida de Cristo a la Tierra inaugurará una era sin precedentes en la historia del hombre. Entre otras cosas, el Señor juzgará a la nación de Israel, así como a las naciones gentiles (Mateo 25:1-46). Luego, seguirá el reinado mediador o mesiánico profetizado en el Antiguo Testamento (Isaías 11, 35; Daniel 2; Miqueas 4; Amos 9; Zacarías 14). Dicho reinado, según Apocalipsis 20, tendrá una duración de mil años. Durante ese período de tiempo la gloria de Cristo será manifestada y las promesas que Dios hizo a su pueblo serán cumplidas en su totalidad. Habrá una renovación universal, pero dentro del tiempo y en la Historia en que Cristo estará reinando desde el trono de David.
Al final del milenio, según Apocalipsis 20:7-9, tendrá lugar el último intento satánico de malograr el plan de Dios. No es posible explicar las razones por las que ocurre ese acto de rebelión, pero lo importante es que la victoria es de Dios. De modo que la Escritura nos dice: "Y el diablo que los engañaba fue lanzado al lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 20:10).
Así que la trinidad diabólica —el dragón, la bestia y el falso profeta— es derrotada para siempre. De esta forma, el Cordero habrá triunfado sobre el dragón, el Hijo del hombre sobre la bestia, la Esposa sobre la ramera, la Santísima Trinidad sobre la trinidad satánica de engaño y mentira. El esfuerzo satánico para alterar los propósitos de Dios tendrá un fracaso rotundo. La polémica entre el Dios Todopoderoso y Lucifer que a través de los siglos ha afectado profundamente a la raza humana tendrá su fin. Satanás y sus ángeles serán eternamente confinados al lago de fuego. Allí también irán la bestia y el falso profeta. La justicia de Dios será reivindicada y Jesucristo reinará eternamente y con Él sus redimidos. La enseñanza clara de la Biblia es que el mal no triunfará.
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