Hacia dónde va la historia: varias formas de entenderla
La doctrina cristiana del plan divino responde específicamente a las cuestiones de hacia dónde va la historia y qué la está moviendo. Algunas formas de entender el flujo de la historia son bastante negativas. Esto es particularmente así en los puntos de vista cíclicos, que no ven la historia como algo progresivo, sino como una simple repetición del mismo patrón, aunque con una forma un tanto diferente.
Las religiones orientales tienden a ser de este tipo, en particular el hinduismo, con su énfasis en la reencarnación. Uno pasa por ciclos de muerte y renacimiento, en los que la nueva reencarnación tiene mucho que ver con la conducta que se ha tenido en la vida anterior. La salvación, si se la puede llamar así, consiste en el nirvana, escapar del proceso que se repite.
Las filosofías catastrofistas abundan en nuestro tiempo. Se cree que la historia pronto llegará a un final desastroso como resultado de una debacle financiera, una crisis ecológica que implica una polución medioambiental masiva, o el estallido de una guerra nuclear. La raza humana está condenada porque no ha sido capaz de manejar sabiamente el mundo.
Otra filosofía pesimista prominente del siglo XX es el existencialismo. La idea de lo absurdo del mundo, de la paradoja e ironía que hay en la realidad, de la ciega aleatoriedad de mucho de lo que ocurre, conduce a la desesperación. Cuando no existe un patrón discernible en los eventos históricos, uno debe crear su propio significado mediante un acto consciente de libre albedrío.
Por otra parte, ha habido una serie de puntos de vista bastante optimistas, especialmente en la última mitad del siglo XIX. El darwinismo se extendió desde el ámbito de la biología a otros ámbitos, particularmente a la sociedad. Según el pensamiento de Herbert Spencer se convirtió en una filosofía totalmente inclusiva que implicaba el crecimiento, progreso y desarrollo de toda la realidad. Aunque este punto de vista resultó ser bastante irreal, tuvo una gran influencia en su tiempo. En años más recientes, los utópicos empleando los métodos de las ciencias del comportamiento han intentado reestructurar la sociedad o al menos las vidas individuales.
Hasta hace poco, la filosofía de la historia más militante en una escala global ha sido el materialismo dialéctico, la filosofía en la que se basa el comunismo. Adaptando la filosofía de Hegel, Karl Marx reemplazó su metafísica idealista con un punto de vista materialista. Las fuerzas de la realidad material están empujando a la historia hacia su fin. Mediante una serie de pasos, se cambia el orden económico. Cada etapa del proceso se caracteriza por un conflicto entre dos grupos o movimientos antitéticos. Los medios de producción que prevalecen van cambiando del feudalismo hasta el capitalismo para llegar a una etapa final socialista en la que no habrá propiedad privada. En la sociedad sin clases, la dialéctica que mueve la historia mediante un proceso rítmico de tesis – antítesis – síntesis cesará y el mal se desvanecerá. Como se ponía la confianza en una fuerza impersonal, mucha gente que estuvo bajo el comunismo no lo encontró ni personalmente satisfactorio ni socialmente eficaz.
Finalmente, está la doctrina cristiana del plan divino, que afirma que un Dios todopoderoso y sabio desde toda la eternidad ha planeado lo que tiene que suceder y que la historia está llevando a cabo su intención. Hay un objetivo definido hacia el que la historia se va acercando. La historia, pues, no se mueve únicamente por sucesos al azar, átomos impersonales, o fatalidad ciega. La fuerza que hay detrás es la de un Dios amante con el que podemos tener una relación personal. Podemos esperar, pues, con confianza la consecución del telos del universo. Y podemos alinear nuestras vidas con el resultado asegurado de la historia.
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