Llamamiento efectivo

Ciertos asuntos son preliminares a la salvación en sí. En la sección anterior examinamos todo el complejo de temas que están involucrados en la predestinación, concluyendo que Dios escoge a algunas personas para ser salvadas y que su conversión se produce por decisión de Dios. Sin embargo, como todos los humanos están perdidos en pecado, espiritualmente ciegos y son incapaces de creer, Dios debe intervenir actuando en algún momento entre su decisión eterna y la conversión del individuo dentro del tiempo. Esta actividad de Dios se denomina llamamiento especial o efectivo.

Por las Escrituras es evidente que existe un llamamiento general a la salvación, una invitación extendida a todas las personas. Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt. 11:28). Hay una dimensión universal en la declaración que encontramos en Isaías: “Mirad a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra” (Is. 45:22a). Este pasaje combina un énfasis en la exclusividad de Dios con la universalidad de su oferta. Además, cuando Jesús dijo: “pues muchos son llamados, pero pocos escogidos” (Mt. 22:14) probablemente se estaba refiriendo a la invitación universal de Dios. Pero nótese la distinción aquí entre llamar y escoger. Los que son escogidos son los objetos del llamamiento especial o efectivo de Dios.

Varias referencias en el Nuevo Testamento al llamamiento de Dios implican que no todos van a ser llamados. Por ejemplo en Romanos 8:30, Pablo escribe: “Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.” Aquí las clases de los predestinados, llamados, justificados y glorificados parecen tener la misma extensión. Si eso es así, el llamamiento debe ser eficaz: los que son llamados realmente se salvan. También alude a la eficacia de esta llamada en 1 Corintios 1:9: “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor”. Otras re- ferencias al llamamiento efectivo especial de Dios incluyen Lucas 14:23; Romanos 1:7; 11:29; 1 Corintios 1:23-24, 26; Efesios 1:18; Filipenses 3:14; 1 Tesalonicenses 2:12; 2 Tesalonicenses 2:14; 2 Timoteo 1:9; Hebreos 3:1; 2 P. 1:10.

El llamamiento especial significa que Dios obra de una manera particularmente efectiva con los elegidos, permitiéndoles responder con arrepentimiento y fe y haciendo inevitable que lo hagan. Las circunstancias del llamamiento especial pueden variar mucho. Vemos como Jesús invitó especialmente a los que llegaron a formar parte de su círculo interno de discípulos (ver por ejemplo Mt. 4:18-22; Mr. 1:16-20; Jn. 1:35-51). Concedió particular atención a Zacarías (Lc. 19:1-10). En estos casos, Jesús estableció un contacto estrecho con los individuos a los que llamó. Seguramente hizo sus declaraciones de forma directa y personal con una persuasión especial que no era apreciada por la multitud que le rodeaba. Vemos otro llamamiento dramático en la conversión de Saulo (Hch. 9:1-19). En este ejemplo Dios hizo una petición especial. Algunas veces su llamamiento adopta una forma más tranquila, como en el caso de Lidia: “Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo. El Señor le abrió el corazón para que estuviera atenta a lo que Pablo decía” (Hch. 16:14).

El llamamiento especial es en gran medida la obra de iluminación del Espíritu Santo, que permite al receptor entender el auténtico significado del evangelio. También implica la obra de convicción del Espíritu Santo de la que Jesús habló en Juan 16:8-10. Esta obra del Espíritu es necesaria porque la depravación característica de todos los seres humanos impide que capten la verdad revelada de Dios. Comentando 1 Corintios 2:6-16, George Ladd señala que

"La primera obra del Espíritu es permitir que los hombres entiendan la obra divina de la redención... Esta [la cruz] fue un evento cuyo significado era una tontería para los griegos y una ofensa para los judíos. Pero para aquellos iluminados por el Espíritu, es la sabiduría de Dios. En otras palabras, Pablo reconoce un significado oculto en el suceso histórico de la muerte de Cristo (“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” 2 Co. 5:19) que no es evidente para el ojo humano, pero que puede ser aceptado sólo mediante la iluminación sobrenatural. El Espíritu no revela realidades celestiales, sino el auténtico significado de un suceso histórico. No imparte una clase de verdad esotérica “gnóstica”, sino el significado real de un evento en la historia. Sólo mediante la iluminación del Espíritu pueden entender los hombres el significado de la cruz; sólo mediante el Espíritu pueden por lo tanto confesar los hombres que el Jesús que fue ejecutado es también el Señor" (1 Co. 12:3).

Por lo tanto, el llamamiento especial o efectivo implica una extraordinaria presentación del mensaje de la salvación. Es lo suficientemente poderoso como para contrarrestar los efectos del pecado y permitir que la persona crea. También es tan atractivo que la persona creerá. El llamamiento especial es en muchas maneras similar a la gracia previa de la que hablan los arminianos. Sin embargo, se diferencia de ese concepto en dos aspectos. Se ofrece sólo a los elegidos, no a todos los humanos, y lleva de forma infalible o eficaz a una respuesta positiva del receptor.