Perseverancia: punto de vista calvinista
Se han adoptado dos posiciones principales en el tema de si la salvación del creyente es totalmente segura o no: la calvinista y la arminiana. Estas dos posiciones mantienen ciertos conceptos comunes. Están de acuerdo en que Dios es poderoso y fiel, y que desea mantener sus promesas. Están de acuerdo, al menos en sus formas más comunes, en que la salvación ni se puede lograr, ni se puede mantener mediante obras humanas. Están de acuerdo en que el Espíritu Santo obra en los creyentes (aunque puede que haya algunos desacuerdos sobre la presencia y actuación del Espíritu). Ambos están convencidos de la plenitud de la salvación que Dios proporciona. Ambos insisten en que el creyente puede sin duda saber en un momento dado que tiene realmente la salvación. Sin embargo, hay puntos significativos de diferencia entre los dos.
La posición calvinista es clara y directa en este asunto; “Aquellos a quienes Dios ha aceptado en el Amado y ha llamado eficazmente y santificado por su Espíritu, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente perseverarán en él hasta el fin y serán salvos por toda la eternidad". Este punto es coherente con el resto del sistema teológico calvinista. Como Dios ha elegido a ciertos individuos de entre la masa de los humanos caídos para que reciban la vida eterna, y aquellos que han sido elegidos necesariamente recibirán esa vida, se deduce que su salvación debe ser permanente. Si los elegidos en algún momento pudieran perder la salvación, que Dios les hubiera elegido para la vida eterna no habría sido realmente efectivo. Por tanto, la doctrina de la elección tal como la entiende Calvino requiere también perseverancia. Como dijo Loraine Boettner:
"Esta doctrina [perseverancia] no se mantiene por sí misma, pero es una parte necesaria del sistema calvinista de teología. La doctrina de la elección y la gracia eficaz implica lógicamente la salvación cierta de aquellos que reciben esas bendiciones. Si Dios ha escogido hombres absoluta e incondicionalmente para la vida eterna, y Su Espíritu efectivamente les aplica los beneficios de la redención, la conclusión ineludible es que esas personas deben ser salvadas".
Sin embargo, los calvinistas no defienden la doctrina de la perseverancia debido a la coherencia lógica exclusivamente. Numerosas enseñanzas bíblicas sirven independientemente de apoyo a la doctrina. Entre ellas está un grupo de textos que resaltan la cualidad indestructible de la salvación que Dios proporciona. Un ejemplo es 1 Pedro 1:3-5: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarchitable, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios, mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo final.” Los tres adjetivos utilizados para describir nuestra herencia son vívidos e impactantes. Hablan de nuestra salvación como incapaz de ser destruida a la manera en que los ejércitos destruyen un país durante una guerra. No puede ser corrompida ni dañada por la introducción de algo impuro. Y nunca se debilita, no importa las influencias que tenga que soportar.
Varios textos que resaltan la persistencia y el poder del amor divino también apoyan la doctrina de la perseverancia. Un testimonio de este tipo se encuentra en la afirmación de Pablo en Romanos 8:31-39, que culmina en los versículos 38-39: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.” Este texto claramente apunta hacia una obra continuada de Dios en la vida del creyente. Cristo no nos da simplemente vida eterna y después nos abandona a nuestro propio esfuerzo humano. Al contrario, la obra que empieza en nosotros se continúa hasta su finalización: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6). Es más, se dice que Cristo intercede por nosotros constantemente (He. 7:25). Como Jesús decía que el Padre siempre oía sus oraciones (Jn. 11:42), se deduce que estas oraciones de intercesión por nosotros son eficaces. Y no sólo está Cristo intercediendo por nosotros a la derecha del Padre, también el Espíritu Santo intercede por nosotros (Ro. 8:26). Por lo tanto, incluso cuando no sabemos cómo orar o por qué orar, se está ofreciendo oración por nosotros.
Apoyo a la posición calvinista también se la proporcionan las garantías bíblicas de que, gracias a las provisiones de Dios, podremos enfrentarnos y superar cualquier obstáculo y tentación que surja en nuestro camino. Nuestro Señor nos permitirá a nosotros sus siervos soportar al juicio (Ro. 14:4). Nos proporciona una manera de soportar a las tentaciones: “No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla” (1 Co. 10:13).
Sin embargo, donde los calvinistas encuentran su mayor fuente de ánimo en este asunto es en las promesas directas de protección del Señor. Una de las más directas es la declaración de Jesús a sus discípulos: “Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco, y me siguen; yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las dio, mayor que todos es, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo uno somos” (Jn. 10:27-30). De la misma manera, Pablo tenía completa confianza en la promesa de protección del Señor: “Pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Ti. 1:12).
Además, muchos calvinistas también deducen su teoría sobre la perseverancia de otras doctrinas. Entre ellas está la doctrina de la unión con Cristo. Si los creyentes se han hecho uno con Cristo y su vida fluye a través de ellos (Jn. 15:1-11), nada en absoluto puede anular esa conexión. Louis Berkhof dice: “Es imposible que se les saque de nuevo del cuerpo, frustrando así el ideal divino.” La doctrina del nuevo nacimiento, que el Espíritu Santo imparta una nueva naturaleza al creyente, apoya de la misma manera a la doctrina de la perseverancia. Juan dice: “Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Jn. 3:9). Si la salvación se puede perder, la regeneración tendría que ser reversible. Pero ¿puede ser así? ¿Puede la muerte espiritual realmente venir a alguien en quien habita el Espíritu Santo, o sea, alguien que ya haya recibido la vida eterna? Esto tiene que ser imposible, porque la vida eterna por definición dura para siempre. Finalmente, la perseverancia está implícita en las enseñanzas bíblicas que dicen que podemos estar seguros de la salvación. Pasajes relevantes sobre esto serían Hebreos 6:11; 10:22 y 2 Pedro 1:10. Quizá el más claro de todos lo encontramos en la epístola de 1 Juan. Habiendo citado varias evidencias (el testimonio del Espíritu, el agua y la sangre) de que Dios nos ha dado la vida eterna en su Hijo, el apóstol resume: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Jn. 5:13). ¿Cómo se podía tener esa seguridad si se podía perder la salvación? Tener ese tipo de seguridad significa que nuestra salvación debe ser segura.
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