Desarrollo y naturaleza de la disciplina

La disciplina que se llegó a conocer como crítica de la redacción se desarrolló y floreció después de la segunda Guerra Mundial. Aunque algunos críticos habían estado utilizando algunos de sus puntos de vista, fue un trío de estudiosos del Nuevo Testamento los que le dieron un aplicación completa por primera vez. Trabajando de forma relativamente independiente, cada uno se concentró en un libro diferente: Gunther Bornkamm en Mateo, Hans Conzelmann en Lucas y Willi Marxsen en Marcos. 

Lucas era considerado el modelo de la preocupación histórica, la competencia y la precisión, debido a la exactitud de sus referencias a los funcionarios del Imperio Romano, su obviamente cercano conocimiento de las costumbres y la vida en el imperio y a lo vívido de su narrativa en Hechos. Sin embargo, bajo el escrutinio de Conzelmann, surgió una faceta diferente de Lucas, la del teólogo consciente que modificó la tradición con la que estaba trabajando más para ajustarla a su motivación teológica que por un deseo de ejercitar la precisión histórica. Por ejemplo, Lucas sitúa las apariciones de Jesús tras su resurrección en Jerusalén, mientras que otros testimonios del Nuevo Testamento las sitúan principalmente en Galilea.

Los otros escritores sinópticos también son vistos como teólogos conscientes que incluyeron, ampliaron, resumieron, omitieron e incluso crearon material para ajustarlo a sus propósitos teológicos. En un sentido real, esto convierte al autor simplemente en el último nivel dentro del proceso del desarrollo de la tradición. Por lo tanto, se acostumbra a hablar de:

(1) La situación original en la que Jesús habló y actuó.

(2) La situación a la que se tuvo que enfrentar la iglesia primitiva a la hora de dirigir su ministerio.

(3) La situación del escritor del Evangelio en su obra y propósito.

Mientras que la crítica de las formas se concentra más en la independencia de las unidades individuales del material, la crítica de la redacción se preocupa más por el marco mismo, por las formas posteriores de tradición y, en último lugar, por el propio marco de referencia del autor. Algunos críticos de la redacción empiezan como los más radicales de los críticos de las formas, asumiendo que los evangelistas no estaban demasiado preocupados por lo que Jesús dijo e hizo. Partiendo de esta base, se considera que los autores de los Evangelios decían las cosas que servían a sus propósitos.

Con un enfoque de este tipo, por supuesto, no se supone que todas las palabras atribuidas a Jesús sean auténticas (esto es, realmente dichas por él). Más bien, el peso de la prueba recae en la persona que cree que las palabras atribuidas son auténticas. Piense en el comentario de Ernst Käsemann: “La obligación que recae ahora en nosotros no es investigar y hacer creíble la no autenticidad de las unidades individuales de material, sino al contrario, investigar y hacer creíble su autenticidad.” Perrin hace un comentario similar: “La naturaleza de la tradición sinóptica es tal que el peso de la prueba estaría en la afirmación de su autenticidad.”

En manos de los más radicales de los críticos de la redacción, ha surgido un escepticismo parecido al de los más extremos de los críticos de las formas. Por tanto muchas de las palabras atribuidas a Jesús deben entenderse como palabras dichas por el propio evangelista. Si la crítica de las formas dice que los Evangelios nos ofrecen más la fe de la iglesia que las propias palabras de Jesús, la crítica de la redacción dice que los Evangelios nos ofrecen sobre todo la teología de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. La fe se convierte en fe no en el Jesús que era, sino en el Jesús en que se creía, y en el que los Evangelistas querían que creyéramos.

Se han hecho listas de criterios bastante largas con el empeño de determinar lo que eran materiales de tradición y materiales de redacción. William Walker ha recogido una lista de pasos a seguir para intentar distinguir el material de redacción del de la tradición. Sus criterios incluyen factores funcionales y lingüísticos. Se consideran pasajes de redacción los que:

(1) Explican, interpretan o comentan el material al que acompañan.

(2) Proporcionan resúmenes condensados de algunas de las características de las predicaciones, enseñanzas, curaciones o fama de Jesús.

(3) Anuncian o anticipan sucesos que se van a relatar posteriormente en el Evangelio.

(4) Introducen colecciones de frases o material narrativo.

(5) Proporcionan breves indicaciones de tiempo, lugar o circunstancia.

Que se den a menudo fenómenos lingüísticos significativos en un Evangelio, pero rara vez o nunca aparezcan en los otros puede ser signo de que su origen sea la redacción. Aunque Walker cree que es más probable que el material sea de tradición y no de redacción, muchos otros creen lo contrario.