Insatisfacción con el Modernismo
Gradualmente al principio, pero más rápidamente después, ha habido una insatisfacción cada vez mayor con este punto de vista moderno de ver las cosas. Ha surgido una sensación de que el enfoque moderno no ha conseguido lo que se proponía hacer o lo que era necesario hacer. Hay formas más contenidas y más radicales de este abandono del punto de vista moderno. Diogenes Allen ha esquematizado cuatro áreas en las que se ha producido esta desintegración de la síntesis moderna, cuatro pilares de la sociedad occidental que están tambaleándose:
1. La idea de un universo que se contiene así mismo se está disolviendo. Esta fue una premisa ampliamente extendida del pensamiento científico. Era posible explicar el universo sin recurrir a Dios para nada. Aunque era permisible creer en Dios como materia de fe personal y privada, esta creencia no era necesaria para entender la realidad observable. Este consenso, sin embargo, se está poniendo bajo sospecha. Los argumentos filosóficos que parecían impedir el conocimiento teórico o racional de Dios, como lo hacían David Hume y Immanuel Kant, se han considerado fracasos. Los desarrollos en la filosofía han sido apoyados por los desarrollos en la cosmología, donde la teoría del Big Bang ha planteado cuestiones sobre por qué ha surgido este universo. Aunque estas cuestiones no establecen la existencia de Dios en absoluto, al menos hace que sea pertinente la cuestión de Dios.
2. El segundo fracaso es que el mundo moderno no fue capaz de encontrar una base para la moralidad y la sociedad. El objetivo era establecer una ética racional, para demostrar sólo con la razón una moralidad universal y una base para la sociedad. La modernidad no ha sido capaz de hacer eso. El fracaso no fue tan evidente mientras los miembros de la sociedad se adhirieron básicamente a los valores tradicionales, basados en los principios griegos y cristianos. Con el abandono de estos valores, sin embargo, el resultado ha sido prácticamente un caos, similar al tiempo de los jueces del Antiguo Testamento, cuando todo el mundo hacía “lo que bien le parecía” (Jueces 21:25).
3. También se ha perdido el optimismo en lo que se refiere al inevitable progreso. Este se basaba principalmente en la idea de que la ciencia y la tecnología había resuelto tantos problemas que seguramente podían resolver todos los que quedaban. El progreso era por lo tanto inevitable. Sin embargo, se duda bastante de que la reforma educativa y social sea capaz de resolver los problemas a los que todavía tenemos que enfrentarnos, y otros que puedan surgir.
4. El cuarto principio de la Ilustración fue la bondad inherente del conocimiento. Sin embargo, la experiencia nos ha demostrado que el conocimiento es neutral, su valor moral depende de los que lo poseen y lo utilizan. Así muchos de los mayores descubrimientos de nuestro tiempo se han utilizado para el bien, pero también ha habido aplicaciones que han traído grandes males.
Todos estos, según Allen, ofrecen una gran oportunidad a la creencia cristiana de nuestro tiempo, ya que representan la eliminación de los principales obstáculos o competidores de la fe cristiana. Una evaluación similar, pero con algunas diferencias la ha hecho Thomas Oden. Identifica cuatro características de la modernidad tardía relacionadas entre sí que han fracasado o están fracasando: el individualismo autónomo, el hedonismo narcisista, el naturalismo reduccionista y el relativismo moral absoluto. Cada uno de ellos ha seguido su curso y ahora han llegado a una conclusión penosa:
1. El individualismo ha conducido a un conflicto generacional, descomposición de la familia y “batallas con pistolas entre chicos de nueve años con zapatillas de tenis de marca.”
2. El narcisismo hedonista, cuyo epítome es la revolución sexual, ha conducido al SIDA, 300.000 niños nacen al año de madres drogadictas, y el entretenimiento familiar está lleno de sexo y violencia.
3. El naturalismo reduccionista ha despersonalizado a los seres humanos y les ha conducido a la pérdida de libertad.
4. El relativismo moral absoluto ha llevado a un nuevo dogmatismo absoluto que no se puede cuestionar.
Oden también señala el fracaso del método histórico-crítico, un método que asume la identificación prácticamente automática del cambio y de lo nuevo con lo bueno y lo viejo con lo malo.
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