Recopilación de materiales bíblicos

El primer paso en nuestro método teológico será recoger todos los pasajes bíblicos relevantes de las doctrinas que van a ser investigadas. Este paso también implicará una utilización amplia y coherente de los métodos y herramientas mejores y más adecuados para llegar al significado del pasaje.

Sin embargo, antes de llegar al significado del pasaje bíblico, deberíamos prestar atención a los procedimientos de la exégesis. A veces tendemos a asumir que estamos trabajando con métodos neutros. Pero en realidad hay factores interpretativos inherentes a la metodología misma; por lo tanto es necesario un cuidadoso y continuado escrutinio de la metodología. Ya hemos apuntado la importancia de conocer todo el marco filosófico dentro del cual trabaja un teólogo. Esto también se puede aplicar al nivel de exégesis; el exégeta querrá asegurarse de que las suposiciones de las herramientas y los métodos empleados están en armonía con los suyos. La exégesis implica, entre otras cosas, la consulta de gramáticas y diccionarios. El teólogo insistirá en investigar, como parte de su tarea de preexégesis, las presuposiciones de los autores consultados, o al menos, estará alerta a la presencia de factores que puedan influir en lo que se dice. Investigar la biografía intelectual y el pedigrí de estos autores debería sensibilizar al exégeta a la posible presencia de presuposiciones inaceptables.

No sólo las herramientas, también los métodos de exégesis tienen que ser examinados a fondo. Aquí hay que insistir en que el método no excluye nada que, al menos en un examen superficial, los documentos parezcan asumir. Como la Biblia cuenta la existencia de milagros, una metodología que asuma que todo se puede explicar sin tener que recurrir a los conceptos o causas sobrenaturales traerá como resultado una interpretación que no concuerda con lo que la Biblia dice que sucedió. Esto es cierto no solo respecto a los sucesos contados en la Biblia, sino también respecto al mismo proceso de producción de la Biblia. Si se asume que la existencia de los documentos se puede explicar simplemente siguiendo los pasos históricos de la formación de la tradición, entonces se elimina cualquier posibilidad de la revelación o la comunicación directa de Dios.

También se puede dar el problema contrario. Se puede tomar un enfoque sobrenatural en el que la Biblia se considere tan especial que se deban excluir para su interpretación y evaluación los criterios y los métodos utilizados para evaluar otros documentos históricos. En este caso la Biblia quedaría prácticamente eliminada de la clase de materiales históricos. Si el primer enfoque pone demasiado énfasis en el carácter humano de la Biblia, este último asume con demasiada fuerza su carácter divino.

Nosotros sugerimos un enfoque que esté abierto a todas las posibilidades. Por lo tanto, no se debería asumir que la explicación más sobrenatural posible es lo que ha ocurrido ni tampoco que no haya podido suceder. Más bien deberíamos asumir que puede haber sucedido o no, el objetivo es determinar sólo lo que sucedió. En particular es importante tomar en serio lo que el texto bíblico expresa, y evaluarlo cuidadosamente. Esto es lo que Hans-Georg Gadamer quiere decir cuando habla de captar lo que se dice entendiendo la distancia que existe con el intérprete. Esto es, el intérprete simplemente debería intentar ver lo que se dijo, lo que intentó decir el autor o el hablante, y cómo habrían entendido el antiguo mensaje los lectores u oyentes originales.

Es posible simplemente adoptar sin crítica la metodología de otro y sin preguntarnos si es realmente coherente con el material que está siendo examinado o con nuestra propia perspectiva. Si lo hacemos así, habremos asumido ciertas conclusiones desde el mismo principio. La interpretación se parece en muchas cosas a la navegación. En sus cálculos, un piloto trabaja con la información de que el barco o la nave empieza en un momento dado y continúa en una cierta dirección a una cierta velocidad durante un cierto tiempo. Incluso aunque la dirección y la velocidad del viento y la velocidad del buque o la nave se haya precisado correctamente, el curso correcto dependerá de la exactitud de la brújula (o mejor aún, del conocimiento exacto que tenga el piloto de la brújula, ya que las brújulas tienen ligeras variaciones según la dirección). Si la lectura de la brújula está desviada sólo un grado, después de cien millas de viaje, la nave se encontrará casi a dos millas de su curso. Cuanto más grande sea el error, más se alejará del curso que se pretendía llevar. De la misma manera, un ligero error en las presuposiciones de la metodología afectará adversamente a las conclusiones. Lo que estamos tratando es de prevenir contra la aceptación ciega de un conjunto de presuposiciones; lo que los teólogos deberían hacer es examinar a fondo su metodología y determinar cuidadosamente su punto de partida.

Una vez que el teólogo ha definido cuidadosamente la metodología a utilizar, es importante hacer la mayor investigación posible del contenido doctrinal. Esto incluirá el estudio detenido de los términos que tienen relación con el tema a considerar. Una comprensión correcta de la fe, por ejemplo, dependerá del examen cuidadoso de los distintos usos de la palabra 'pistisen el Nuevo Testamento. Los estudios léxicos a menudo son el fundamento de una investigación doctrinal.

También debe examinarse cuidadosamente lo que se dice sobre el tema en las secciones didácticas de las Escrituras. Mientras que el estudio léxico nos da una perspectiva general de los bloques de significado, las porciones de las Escrituras en las que Pablo, por ejemplo, habla sobre la fe nos ofrecerán una mejor comprensión de los significados específicos del concepto. Se debería dar especial importancia a esos pasajes en los que se trata el tema de forma amplia y sistemática, y no a los que hacen referencia de manera incidental al tema.

También es necesario prestar atención a los pasajes narrativos. Aunque no sea tan fácil tratarlos como los pasajes didácticos, a menudo arrojan una luz especial sobre el tema, no para definir o explicar el concepto, sino para ilustrarlo o iluminarlo. Aquí vemos la verdad doctrinal en acción. En algunos casos, el término que se toma en consideración puede que no aparezca en pasajes relevantes. Por ejemplo en Génesis 22 se describe la prueba a Abraham; se le pidió que ofreciera a su hijo Isaac como sacrificio a Dios, un holocausto. Las palabras fe y creer no aparecen en el pasaje, sin embargo es una poderosa descripción de la dinámica de la fe, y el autor de Hebreos en el famoso capítulo sobre la fe identifica la disposición de Abraham a ofrecer a su hijo en sacrificio como un acto de fe (11:17-19).

Será importante al estudiar el material bíblico, verlo en contraste con el contexto histórico y cultural de su tiempo. Debemos evitar tratar de modernizar la Biblia. Hay que permitir que la Biblia diga primero lo que trataba de decir a los lectores y oyentes de su época, en lugar de decir lo que creemos que debería haber dicho, o lo que creemos que nos dice a nosotros. Hay un tiempo y un lugar para esto, pero no en este paso.