Período apostólico (Siglo I)

¿Por qué existen los cuatro evangelios? ¿Por qué el canon del Nuevo Testamento incluye cuatro relatos distintos, tres de ellos, (los llamados sinópticos) con muy pocas diferencias aparentes, sobre la vida de Jesús? Dios utilizó autores humanos con diferentes trasfondos culturales para llevar a cabo sus propósitos. Cada evangelista tiene un interés diferente y enfatiza distintos aspectos de la persona y el ministerio de Jesucristo. Antes de la redacción de los evangelios, la iglesia apostólica subsistió durante más de un cuarto de siglo únicamente con fuentes orales, sin documentos escritos. No fueron los escritos del Nuevo Testamento los que dieron inicialmente forma al cristianismo, sino justamente al revés.

Los textos bíblicos se originaron, por voluntad del Espíritu Santo, con el propósito de aportar orientaciones a sus destinatarios, sobre cómo vivir y mantener la pureza de su fe. Los textos bíblicos se escribieron por una causa apologética concreta. El ejemplo más claro de esto son las epístolas, especialmente las cartas de Pablo, pero también los cuatro evangelios.

El evangelista Marcos fue testigo ocular de la vida de Jesús, y un gran amigo del apóstol Pedro. Escribió sobre todo para los gentiles. Por eso no ofrece genealogías hebreas, ni controversias entre Cristo y los líderes judíos, ni aporta citas del Antiguo Testamento. Marcos enfatizó a Cristo como el Siervo sufriente, aquel que no vino para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Pues bien, Marcos es el primer evangelista que combate, en el capítulo 13, las falsas esperanzas escatológicas difundidas por algunos, que enseñaban una relación directa entre la destrucción del templo de Jerusalén y el fin del tiempo. Y lo hace recordándoles las palabras de Jesús acerca de que: es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones (Mc. 13:10).

Se supone que Mateo escribió pocos años después, alrededor del 60 d.C., pero ya en una época distinta, en la que la Iglesia había roto sus lazos con la sinagoga. Uno de los propósitos de su evangelio es mostrar, mediante la genealogía de Jesús y el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, que el rabino galileo era en realidad el Mesías. Se concentra en fortalecer la fe de los cristianos de origen judío ante los ataques de sus compatriotas. Desde luego, esto era hacer apologética. Para ello, añade la genealogía y ciertos detalles del nacimiento de Jesús, identificándolo como el Mesías prometido, Hijo de David e Hijo de Dios.

El evangelista Lucas escribe fundamentalmente para los paganos, y lo hace solo un poco más tarde que Mateo (65-70 d.C.). Su intención es mostrar que la fe cristiana está basada en eventos históricamente confiables y verificables. Se enfrenta a un problema distinto: la crisis escatológica originada con la destrucción de Jerusalén. Los cristianos ven como pasan los años y la parusía no llega, Jesús no vuelve. Lucas les abre la mente, haciéndoles ver que la esperanza escatológica no estsujeta al tiempo y que este es una magnitud histórica indefinida.

Por su parte, el evangelio de Juan fue escrito alrededor del año 90 d. C. y enfatiza tanto la deidad de Cristo como su humanidad. El problema en su época no era el enfrentamiento con los judíos ni la crisis escatológica, sino las infiltraciones masivas de los gnósticos, que despreciaban la carne y negaban a Jesús toda realidad corporal. Por eso escribe: "El Verbo, que estaba con Dios y era Dios... se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn. 1:1, 14).

Lo mismo sucede con las epístolas. Pablo, se enfrenta a los corintios con tendencias gnósticas que negaban la resurrección porque consideraban que esta se realizaba solamente en el éxtasis del espíritu. Les habla de parecidos y diferencias entre la resurrección de Jesús y la de los cristianos, retándoles al decirles: "Pues, si no hay resurrección, vana es nuestra fe". Pablo disipa las dudas de los tesalonicenses explicándoles que en la Segunda Venida los muertos en el Señor no se verán en peor condición que los supervivientes. Reprocha a los gálatas su credulidad y la facilidad con que se dejaron engañar, llamándoles “insensatos”. También censura el sincretismo de los colosenses, recordándoles que: en Él (en Cristo) habita toda la plenitud de la deidad y, por tanto, si habéis muerto al mundo: ¿por qué os sometéis a sus preceptos? Es evidente que todo esto es pura apologética.

De la misma manera, el apóstol Pedro, en su segunda epístola, polemiza con algunos que ridiculizaban la realidad de la Segunda Venida del Señor (cap. 3). Les llama burladores sarcásticos, y les recuerda que para Dios el tiempo humano no cuenta: "un día es como mil años y mil años como un día". Así pues, la iglesia apostólica se mantuvo ininterrumpidamente en una doble apologética: defendiéndose de los ataques externos y atajando los problemas internos.