Samaria
SAMARIA, la capital de las diez tribus, esto es, el reino de Israel (1 Reyes 21:1; 2 Reyes 17:24; Isaías 7:9; Jeremías 31:5; Ezequiel 16:46) estaba ubicada sobre una colina de 91 metros, a 67 Km al norte de Jerusalén; fue edificada por Omri sobre dicha colina que adquirió por dos talentos de plata de un hombre llamado Semer, que significa «montar guardia». Omri llamó Shõm'rõn a la ciudad, derivando su nombre del de Semer (1 Reyes 16:24). Al suroeste de la ciudad se levantaba una torre de vigilancia. La capital, que coronaba una altura llamada en ocasiones monte de Samaria (Amos 4:1; 6:1), dominaba un fértil valle (Isaías 28:1). Esta ciudad fuerte estaba tan bien situada que permaneció como capital del reino del norte hasta el cautiverio de las diez tribus.
Desde el mismo comienzo de su historia, Samaria fue una ciudad llena de idolatría. Acab abrió el camino a los cultos paganos al erigir un templo y un altar a Baal (1 Reyes 16:32). Cuatrocientos profetas de Astarté comían a la mesa de Jezabel, la malvada esposa de Acab (1 Reyes 18:19), y es probable que el monolito sagrado, emblema de esta divinidad, subsistiera hasta el reinado de Jehú (2 Reyes 13:6). Los falsos cultos, combatidos por Elías, comportaban embriaguez e inmoralidad (Oseas 7:1-8; Amos 4:1; 8:14; cfr. 1 Reyes 18). Eliseo vivía en Samaria (2 Reyes 5:3-9), donde vivía asimismo el profeta Oseas. Fueron numerosos los profetas que predijeron el castigo del reino del norte y de su capital (Isaías 7:9; 8:4; Jeremías 31:5; Ezequiel 16:46, 51, 53, 55; 23:33; Oseas. 8:5, 6; 13:16; Amos 3:12; Miqueas. 1:5-9).
La ciudad cayó bajo un juicio catastrófico. Los asirios, bajo el reinado de Salmansar V, asediaron la ciudad el año 724 a.C.; finalmente, sobre el año 722, cayó en manos del rey de Asiria (2 Reyes 17:3-6). Sargón, sucesor de Salmansar V, accedió al trono en el año 721. Él se atribuye la toma de la ciudad. El conquistador deportó a los israelitas de Samaria, y puso en lugar de ellos a babilonios y otros extranjeros (2 Reyes 17:24). En el año 332 a.C., Alejandro Magno tomó la ciudad, los echó a Siquem, y puso en lugar de ellos a siro-macedonios. Hacia el año 108 a.C., Juan Hircano la asedió y la rodeó de un vallado de 80 estadios (algo más de 14,5 Km.). La ciudad resistió durante un año, pero finalmente se tuvo que rendir por hambre. El vencedor la arrasó, e intentó suprimir todo vestigio de sus fortificaciones (cfr. Miqueas 1:6; Antigüedades 13:10, 2 y 3; Guerras 1:2, 7 y 8). En la época de Alejandro Janneo, la ciudad volvió a ser habitada de nuevo. Pompeyo la incluyó en la provincia romana de Siria. Gabinio la volvió a fortificar (Antigüedades 14:4, 4; 5, 3). Herodes el Grande la reconstruyó, la fortificó y le dio el nombre de Sebasté (fem. de Sebastos, forma gr. del lat.«Augustus»), en honor del emperador, protector de Herodes (Antigüedades 15:8, 5).
Samaria ha sido excavada de 1908 a 1910 por una expedición dirigida por la Universidad de Harvard (doctores G. A. Reisner y Clerence S. Fisher), y en el período 1931-1935 por varios grupos (Harvard Excavations at Samaria 1908-1910, 2 vols., 1924, y Crowfoot, K. Kenyon y E. Sukenik: «The buildings at Samaria», 1942). Estas excavaciones desvelaron tres períodos principales de la vida de la ciudad:
1. El de Omri y su hijo Acab (880-853 a.C.).
2. El periodo de Jehú (841-840 a.C.).
3. El siglo VIII a.C., que vio el reinado de Jeroboam II y el apogeo de su esplendor.
En el nivel de la época Omri-Acab se hallan unas murallas de gran grosor. Con ellas pudo Samaria resistir eficazmente el embate de los sirios (2 Reyes 6:24-30) y del imperio asirio (2 Reyes 17:5). El aprovisionamiento de agua se llevaba a cabo mediante un gran número de cisternas. Samaria carecía de manantiales al estilo de los Gezer, Meguido o Hazor. El descubrimiento de numerosos fragmentos de marfil e incrustaciones de marfil en fragmentos de mobiliario, con tallas de papiros, lotos, toros, esfinges y dioses egipcios como Isis y Horus, que evidencian un gran esmero en su ejecución, concuerda con la mención bíblica de "la casa de marfil" (1 Reyes 22:39; cfr. Amos 3:15 y 6:1-4).
El distrito de Samaria formado por la Palestina central, entre Galilea al norte y Judea al sur (1 Macabeos 10:30). Josefo no da una descripción clara de los límites (Guerras 3:3, 4 y 5), pero sí dice que la frontera septentrional atraviesa un pueblo que se halla en la gran llanura llamada «Ginea», que, evidentemente, es En Gannim (Josué 19:21; 21:29), en el ángulo meridional de la llanura de Esdraelón. La frontera meridional se hallaba en el distrito de Acrabatena, a poco más de 10 Km. al sur de Siquem. Samaria se extendía al este del Jordán, pero al oeste no alcanzaba el Mediterráneo. Aco pertenecía a Judea. Según el Talmud, el límite occidental era Antípatris. El distrito de Samaria comprendía los antiguos territorios de Manasés al oeste del Jordán, y de Efraín, con una parte de Isacar y de Benjamín. En el año 63 a.C., Pompeyo anexionó Samaria a la provincia de Siria (Antigüedades 14:4, 4). En el año 6 d.C., Augusto hizo de Judea, Samaria e Idumea una división de la prefectura de Siria, y le dio el nombre de provincia de Judea, designando procuradores para su gobierno (Antigüedades 17:13, 5; cfr. 11:4); ésta era la división administrativa que regía en la época de Jesucristo.
OSTRACA SAMARITANA
En 1910, durante la excavación de Samaria, G. A. Reisner descubrió un grupo uniforme de sesenta y cinco documentos escritos en pedazos de cerámica rota en antigua escritura hebrea. Estos se encontraban en el suelo de un cuarto que perteneció a la primera fase del segundo período de la construcción del palacio de Samaria. Habían sido escritos con una pluma de caña en tinta de carbón negro en una escritura clara y fluida y parecía ser el trabajo de escribas hábiles. Las palabras estaban divididas con puntos o líneas como en la piedra moabita y en las inscripciones de Siloé.
Aunque estos documentos contienen sólo escasa información, son de considerable significado por la escritura, ortografía, nombres personales, topografía, religión y administración del período. Una ostraca típica (la Nº 18) ofrece un cuadro general de sus contenidos. Dice: "En el año diez. De Hazeroth a Gaddiyau; un jarrón de aceite fino."
En el cuarto evangelio, el apóstol Juan hace referencia a la ciudad de Samaria cuando Jesucristo habla con una mujer de aquella zona:
"Cuando, pues, el Señor supo que los fariseos habían oído decir: «Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan» (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria (1) . Fue, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar (2), junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del viaje, se sentó junto al pozo. Era como la hora sexta (3). Llegó una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: --Dame de beber --pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos--. La mujer samaritana le dijo: --¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? --porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí (4)--. Respondió Jesús y le dijo: --Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le pedirías, y él te daría agua viva (5). La mujer le dijo: --Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Jesús le contestó: --Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: --Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: --Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: --No tengo marido. Jesús le dijo: --Bien has dicho: "No tengo marido", porque cinco maridos has tenido y el que ahora tienes no es tu marido. Esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: --Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte (6), pero vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: --Mujer, créeme que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que lo adoren (7). Dios es Espíritu, y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren. Le dijo la mujer: --Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo (8); cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: --Yo soy, el que habla contigo" (Juan 4:1-26)
(1) El camino más directo entre Judea y Galilea pasaba por Samaria.
(2) Sicar: Una antigua versión dice Siquem. El lugar está situado entre los montes Gerizim y Ebal .
(3) La hora sexta: es decir, el mediodía.
(4) Los samaritanos, aunque en su origen eran parte del mismo pueblo, se habían separado de los israelitas política y religiosamente desde hacía mucho tiempo. De la Biblia hebrea solo conservaban los libros de la Ley (el Pentateuco). Los judíos llegaron a considerar a los samaritanos prácticamente como a paganos.
(5) En el uso común la expresión agua viva se refiere al agua corriente o de manantial. Jesús la utiliza como símbolo de los dones que él ofrece al que cree (cf. Isaías 55:1; Jeremías 2:13; 17:13; Ezequiel 47:1-9; Zacarías 14:8; Apocalipsis 7:17; 21:6; 22:1,17).
(6) Este monte: Gerizim. Cf. Deuteronomio 11:29; Josué 8:33
(7) Acerca de esta nueva relación entre Dios y los hombres, véase Juan 2:21 y cf. Filipenses 3:3
(8) Los samaritanos esperaban un enviado de Dios, un profeta como Moisés (Deuteronomio 18:18), aunque no le daban el nombre de Mesías o Cristo.
Lucas, el médico amado, también cita esta ciudad en su segundo escrito a Teófilo (Hechos de los Apóstoles) al explicarle la ascensión de Cristo y la venida del Espíritu Santo:
"Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: --Señor, ¿restaurarás el reino a Israel (9) en este tiempo? Les dijo: --No os toca a vosotros saber los tiempos o las ocasiones que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra (10). Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y lo recibió una nube que lo ocultó de sus ojos" (Hechos 1:6-9)
(9) Restaurarás el reino a Israel: La esperanza mesiánica de los discípulos aún era, como la de muchos judíos, la de un reino político establecido por un descendiente de David.
(10) El avance progresivo señalado en el versículo 8, que culmina con el mundo pagano hasta lo último de la tierra, es la síntesis del desarrollo de la historia que narra todo el libro de los Hechos. Y, por supuesto, la historia del Espíritu Santo.
También en el libro de Hechos se confirma la predicación del evangelio en Samaria y Judea:
"Entonces Felipe (11), descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. La gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía, pues de muchos que tenían espíritus impuros, salían estos lanzando gritos; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad. Pero había un hombre llamado Simón (12), que antes ejercía la magia en aquella ciudad y que había engañado a la gente de Samaria haciéndose pasar por alguien importante. A este oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, y decían: «Este es el gran poder de Dios». Estaban atentos a él, porque con sus artes mágicas los había engañado por mucho tiempo. Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y después de bautizado estaba siempre con Felipe; y al ver las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito. Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, una vez llegados, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, pues aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: --Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: --Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero (13). No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón, porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. Respondiendo entonces Simón, dijo: --Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí. Ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio" (Hechos 8:5-25)
(11) Felipe, el evangelista. Uno de los siete varones de buena reputación, elegido para administrar el socorro a las viudas judías de habla griega y a los pobres de la iglesia de Jerusalén. Un ángel ordenó a Felipe que siguiera el camino que llevaba de Jerusalén a Gaza. Obedeciendo, encontró al eunuco etíope, hablándole de Cristo y bautizándole (Hechos 8:26-39). El evangelista tenía cuatro hijas vírgenes que profetizaban (Hechos 21:8-9).
(12) Simón ha sido llamado "el mago" por su práctica de la magia o la brujería (cf. la aplicación del término a otro personaje en Hechos 13:8)
(13) De esta historia de Simón procede la palabra simonía, con la que se hace referencia al indebido comercio con puestos eclesiásticos y con las cosas sagradas.
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