Importancia histórica
La iglesia históricamente ha defendido la inerrancia de la Biblia. Aunque no ha habido una teoría completamente enunciada hasta la actualidad, no obstante había, a lo largo de la historia de la iglesia, una creencia general en la fiabilidad completa de la Biblia. Agustín, por ejemplo, escribió:
"He aprendido a ofrecer este respeto y honor sólo a los libros canónicos de las Escrituras: sólo en esos creo firmemente que los autores estaban completamente libres de error. Y si en estos escritos quedo perplejo por cualquier cosa que a mí me parece que se opone a la verdad, no dudo en suponer que o bien el manuscrito tiene fallos, o el traductor no ha captado el significado de lo que se dijo, o yo no he sido capaz de entenderlo".
No obstante, vendría bien matizar. Aunque Agustín aseveró la verdad y fiabilidad completa de la Biblia, también tomó un enfoque bastante alegórico a su interpretación; eliminó dificultades aparentes en el significado superficial del texto mediante la alegorización. Además, Juan Calvino, no sólo en su "Institución", un tratado sobre teología sistemática, sino en sus comentarios sobre la Biblia, señaló cierta libertad en los autores del Nuevo Testamento a la hora de citar el Antiguo Testamento. No obstante, parece que la iglesia a lo largo de la historia ha creído que la Biblia está libre de cualquier falsedad. Si esto es lo que los inerrantes contemporáneos quieren expresar con el término inerrancia, no resulta aparente de forma inmediata. Cualquiera que sea el caso, sabemos que la idea general de la inerrancia no es una creación reciente.
Mientras hablamos de este tema, deberíamos señalar brevemente el impacto que la inerrancia ha tenido históricamente. La mejor manera de proceder es observar las implicaciones que se dan normalmente en otras áreas de la doctrina cuando se abandona la inerrancia bíblica. Hay evidencias de que cuando un teólogo, una escuela o un movimiento empieza a considerar la inerrancia bíblica como materia periférica u opcional y abandona esta doctrina, con frecuencia acaba abandonando o alterando otras doctrinas que la iglesia normalmente ha considerado muy importantes, como la deidad de Cristo o la Trinidad.
Ya que la historia es el laboratorio en el que la teología pone a prueba sus ideas, debemos concluir que apartarse de la creencia de la absoluta fiabilidad de la Biblia es un paso muy serio, no sólo por lo que le hace a una doctrina, sino por el efecto que causa en otras doctrinas.
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