Los libros apócrifos
En las Biblias de la iglesia Católica Romana y Ortodoxa Griega, se encuentran libros que no están incluidos en la Biblia protestante. Se llaman "libros apócrifos" (ocultos) o "deuterocanónicos" (segundo canon). Hay catorce libros en esta categoría: Esdras; 2 Esdras; Tobías; Judit; agregados al libro de Ester; Sabiduría de Salomón; Eclesiástico (Sabiduría de Ben Sirac); Baruc, con la carta a Jeremías; el Cántico de los tres jóvenes santos; Susana (agregado a Daniel); Bel y el Dragón: la oración de Manasés; y 1 y 2 Macabeos.
Se llaman "apócrifos" no porque presentan verdades encubiertas, sino porque no están aprobados para lectura pública. Fueron escritos principalmente en el siglo II a.C., largo tiempo después de que había terminado el período profético. Eran años de turbulencia política y social. El espíritu de los libros se caracteriza por la respuesta de los judíos a las situaciones conflictivas y su deseo de un futuro mejor. Algunos de estos libros son de pura ficción, y otros tienen valor histórico pues reflejan los eventos y vida de los judíos en el período intertestamentario.
¿Por qué no están incluidos en la Biblia protestante?
1. No existe evidencia de que los judíos los consideraron libros sagrados. Fueron incluidos en la versión griega llamada la Septuaginta o Versión de los Setenta, la cual fue traducida a medIados del siglo III a.C., pues el rey Alejandro Filadelfo quiso incluir todos los libros de los judíos en su biblioteca. Pero los targumes arameos y la Peshita siria en su forma más antigua no los contenían. Además los rabinos de Jamnia los rechazaron. Entonces la colocación de los libros apócrifos entre los canónicos es un fenómeno cristiano y no judío. El gran erudito bíblico Jerónimo (muerto en 420 d.C.) sostenía que estos libros se encontraban en las Biblias griega y latina pero no en la Biblia hebrea de la época. Según él, los libros apócrifos no debían considerarse como igualmente autoritativos que los libros canónicos, aunque podían leerse en la iglesia para edificación. No obstante el criterio de Jerónimo, en 1546 d.C. el Concilio de Trento declaró canónicos doce libros apócrifos. Los reformadores del mismo siglo los rechazaron.
2. Ninguno de sus escritores sostiene la inspiración de sus obras.
3. Nunca son citados en el Nuevo Testamento. Aunque los apóstoles empleaban la Versión de los Setenta, nunca citaron los libros apócrifos. Algunos Padres de la iglesia citaron a los apócrifos, pero la mayoría tomó una posición en contra de su canonicidad.
4. Si bien algunos de los libros apócrifos tienen cierto valor histórico y espiritual, gran parte de ellos contienen errores de hecho y enseñan doctrinas y principios éticos contrarios a la Escritura inspirada. Por ejemplo, algunos de sus defectos son los siguientes: tanto Judit como Tobías contienen errores de historia, cronología y geografía. Estos libros justifican engaño y mentiras, y enseñan que la salvación depende de buenas obras. Eclesiástico y Sabiduría de Salomón promueven una moralidad basada en la conveniencia. Sabiduría afirma que la tierra fue creada de materia preexistente (11:17), Eclesiástico afirma que se gana el perdón de pecados dando limosnas (3:30). En Baruc se encuentra la doctrina de que Dios escucha las plegarias de los muertos (3:4).
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