Veracidad

La veracidad divina significa que Dios representa las cosas tal como son. Ya sea hablando de él mismo o de parte de su creación, lo que Dios dice es exacto. Samuel le dice a Saúl: “El que es la Gloria de Israel no mentirá ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta” (1 S. 15:29). Pablo habla del Dios “que no miente” (Tit. 1:2). Y en Hebreos 6:18 leemos que cuando Dios añadió el juramento a su promesa, había “dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta.” Jesús dijo que la palabra de Dios es la verdad (Jn. 17:17). Fíjese en que estos pasajes confirman más que el mero hecho de que Dios no miente ni mentirá. Dios no puede mentir, porque la mentira es contraria a su misma naturaleza.

¿La veracidad significa que se puede confiar siempre en lo que Dios dice? ¿O significa simplemente que él a sabiendas nunca dirá una cosa que no sea verdad? Sin embargo, la omnisciencia de Dios se combina con su veracidad para garantizar la verdad de todo lo que nos dice.

Dios ha pedido a su pueblo que sea honesto en todas las situaciones, tanto en lo que afirman como en lo que implican. De este modo, por ejemplo, los israelitas tenían que tener una única pesa en su bolsa. Aunque algunas personas tenían dos pesas una que utilizaban para sus compras y otra para sus ventas. El pueblo de Dios tenía que utilizar una misma pesa para ambas cosas (Dt. 25:13-15). El pueblo de Dios tiene que ser completamente honesto en la presentación del mensaje del evangelio también. Aunque algunos pueden racionalizar que la importancia del fin justifica la utilización de medios de distorsión. Pablo deja claro que “renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios. Por el contrario, manifestando la verdad nos recomendamos, delante de Dios, a toda conciencia humana” (2 Co. 4:2). A un Dios de verdad se le sirve mejor presentando la verdad.

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