Inmanencia derogada
Otra versión del inmanentismo es la de Paul Tillich, que se veía a sí mismo en muchos casos en la frontera entre distintos tipos y movimientos. En particular, se veía a sí mismo ocupando una posición intermedia entre el liberalismo y la neoortodoxia. Su idea más distintiva era su doctrina de Dios. Dios no es un ser, ni siquiera el más grande de los seres; él es el ser mismo, o el fundamento del ser, el poder interno o la fuerza que hace que todo exista. Por lo tanto, aunque existen todos los seres finitos, Dios no existe. Aunque esto pueda sonar como una declaración derogatoria sobre Dios, no lo es. Algunos han creído que Tillich era ateo porque decía que Dios no existía. Existe incluso una historia que cuenta que cuando Tillich estaba enseñando en la Harvard Divinity School, la esposa de un miembro de otro departamento de la universidad pidió que se le despidiera. Porque a ella que un ateo enseñara en la facultad de teología le parecía una contradicción. Pero la declaración de Tillich de que Dios no existe no era una afirmación derogatoria; era un cumplido. Cuando dijo que Dios no existía, Tillich quería decir que Dios no sólo existe, ¡Dios es! Los seres finitos existen; Dios es, y es la base de la existencia de todo lo que existe.
Aunque Dios está presente en todo lo que es, no se le puede igualar con todo lo que es. Por lo tanto, el punto de vista de Tillich no es el panteísmo, sino más bien el panenteísmo. No es acertado decir que para Tillich Dios y todo lo que existe son idénticos; más bien, para Tillich Dios está en todas las cosas. Si alguien da una patada a un árbol o a una piedra, no puede decir: “he dado una patada a Dios.” Pero podría decir: “He dado una patada a algo en lo que está Dios.” La relación de Dios con todos los objetos finitos que hay en el mundo es algo como la relación de la savia con el árbol. No es el árbol, pero es la fuerza vital del árbol, la base de su vida. Por lo tanto Dios es el principio de ser de todo lo que existe.
Pero aunque Dios es la base de la existencia de todos los objetos, no se le puede conocer mediante un conocimiento superficial de algún objeto o conjunto de objetos. Es la profundidad de todo lo que es, la fuerza interna profunda que hace que las cosas sean en vez de no ser. Por lo tanto aquí hay un tipo de trascendencia, bastante poco convencional en su naturaleza. Dios no está fuera de los objetos. Está profundamente dentro de ellos. Cuando se experimenta algo en profundidad, se está experimentando al Dios trascendente. Una relación profunda con otra persona es una experiencia de la trascendencia de Dios. En una situación así uno es consciente de que la base de nuestro propio ser es la misma que la de la otra persona. Se puede tener una experiencia similar con seres que no son humanos: animales, plantas, naturaleza inanimada. Al conocer los objetos más allá de su aspecto superficial, nos estamos relacionando con Dios.
Se plantea a veces la cuestión de si el sistema de Tillich le proporciona a uno un dios personal. El mismo Tillich respondería que si la pregunta es: “¿Dios es una persona?” la respuesta debería ser no. Dios no es una persona, de la misma manera que no es un ser. Pero es el fundamento de la personalidad. Es la base o causa de la personalidad humana. Es lo que nos hace personas. Y en ese sentido es personal. Cada vez que experimentamos o contactamos con la personalidad, nos encontramos con Dios, porque él es la causa de toda la personalidad. Pero no es una entidad con la que uno pueda tener una relación personal. No podemos conocer a Dios como Dios. Sólo podemos conocerlo conjuntamente conociendo a otro ser. No podemos conocer a Dios en una relación persona a persona.
Uno de los problemas que aparecen cuando examinamos más atentamente el punto de vista de Tillich es la aparente falta de algo que se parezca a la alabanza o la oración tradicional. Tillich reconoció hacia el final de su vida que ya no oraba. Únicamente meditaba. No encontramos en él la clase de comunión personal que se aprecia en el fondo del cristianismo y que los Evangelios muestran que Jesús practicaba y recomendaba. Cuando se leen los escritos de Tillich, crece el sentimiento de que no es la piedad cristiana o el Dios cristiano lo que se está discutiendo. De hecho, en muchos aspectos un libro como "El coraje de existir" de Tillich parece tener más en común con el hinduismo que con el cristianismo histórico.
Es más, es cuestionable que el punto de vista de Tillich necesariamente proceda de su método. Él trabaja con lo que se denomina el método de la correlación. Después de analizar la situación cultural, se formula una cuestión filosófica a la que la teología da una respuesta. En otras palabras, las respuestas ofrecidas por la teología están correlacionadas con las cuestiones planteadas por la cultura. Surge una pregunta básica en prácticamente todas las situaciones culturales, es la pregunta del ser, planteémosla así: “¿Por qué hay algo en vez de no haber nada?” Como respuesta, Tillich ofrece el fundamento del ser. Hay algo porque dentro de todo existe el poder de ser que hace que se sea lo que se es. Pero ¿es necesario contestar de esta manera a esa pregunta? La respuesta ortodoxa es que Dios es el poder de ser, pero también es un ser, aunque un ser supremo e ilimitado, desde luego. A la pregunta de por qué hay algo, Dios es una respuesta tan efectiva como lo es la del fundamento del ser de Tillich. En la concepción tradicional, Dios es el Creador, independiente y separado de todas las cosas; él da existencia a todas las cosas. Este punto de vista permite una creación genuina, ya que el ser de Dios no depende de nada más. Él es, en y de sí mismo. El punto de vista de Tillich, por otra parte, restringe el ser de Dios a la existencia de todos los demás seres.
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