La creación es la obra de un Dios trino

Un gran número de referencias del Antiguo Testamento al acto creativo lo atribuyen simplemente a Dios, más que al Padre, al Hijo o al Espíritu Santo, porque las distinciones de la Trinidad todavía no habían sido reveladas completamente (por ejemplo, Gn. 1:1; Sal. 96:5; Is.37:16; 44:24; 45:12; Jer. 10:11-12). Sin embargo, en el Nuevo Testamento, encontramos diferenciación. Primera Corintios 8:6, que aparece en un pasaje donde Pablo discute lo apropiado de comer comida que ha sido ofrecida a los ídolos, es particularmente instructiva. Para diferenciar a Dios de los ídolos, Pablo sigue el argumento de varios pasajes del Antiguo Testamento: Sal. 96:5; Isaías 37:16; Jeremías 10:11-12. El meollo de estos pasajes del Antiguo Testamento es que el verdadero Dios ha creado todo lo que hay, mientras que los ídolos son incapaces de crear nada. Pablo dice: “Para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre del cual proceden todas las cosas y para quien nosotros existimos, y un Señor, Jesucristo, por medio del cual han sido creadas todas las cosas y por quien nosotros también existimos.” Pablo está incluyendo al Padre y al Hijo en el acto de la creación y sin embargo también los está diferenciando uno de otro. El Padre aparentemente tiene la parte más destacada; es la fuente de la que proceden todas las cosas. El Hijo es el medio o el agente de la existencia de todas las cosas. Aunque la creación fue principalmente obra del Padre, el Hijo es a través de quien se llevó a cabo. Hay una afirmación similar en Juan 1:3: todas las cosas fueron hechas por medio del Hijo. Hebreos 1:10 se refiere al Hijo como Señor fundador de la tierra en el principio. También hay referencias al Espíritu de Dios que parecen indicar que también estuvo activo en la creación: Gn. 1:2; Job 26:13; 33:4; Sal. 104:30; e Isaías 40:12-13. Sin embargo, en alguno de estos casos, es difícil determinar si la referencia es al Espíritu Santo o a Dios obrando mediante su aliento, ya que la palabra 'ruachse puede utilizar para ambos.

Puede parecer que hay un conflicto entre atribuir la creación al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y mantener que cada miembro de la Trinidad tiene su propia obra distintiva. Sin embargo, esto no es un problema a menos que pensemos que solo hay una forma de causalidad. Cuando se construye una casa ¿quién la hace realmente? En un sentido, es el arquitecto que diseña y crea los planos a partir de los cuales se construye. En otro sentido, es el constructor que es el que realmente lleva a cabo el plan. No obstante el constructor en sí mismo no hace nada de la construcción. Son los albañiles y obreros los que construyen la casa. Pero sin los materiales que se utilizan para hacer la casa no habría estructura. Por tanto, se podría decir que los que proporcionan los materiales son los causantes de la construcción de la casa. O también se podría decir que la entidad que presta el dinero para construir y para la hipoteca son los que han construido la casa. Finalmente, los dueños, aunque no han movido ni un dedo en cierto sentido son los que construyen la casa, ya que ellos firman los papeles para autorizar la construcción y pagan los plazos de la hipoteca. Cada uno, a su manera especial, es la causa de que exista la casa. Algo parecido se puede decir sobre la creación. Según las Escrituras parece que fue el Padre el que dio existencia al universo. Pero fueron el Espíritu y el Hijo los que lo dieron forma, los que llevaron a cabo los detalles del diseño. Aunque la creación es del Padre, la hace a través del Hijo y del Espíritu Santo.