Definición dinámico-empírica de la iglesia
Hay un factor que ha servido para frustrar intentos modernos por desarrollar una doctrina de la iglesia. El siglo XX con su extendida aversión hacia la filosofía, y particularmente hacia la metafísica y la ontología, está mucho menos interesado en la naturaleza teórica de algo que en sus manifestaciones históricas concretas. Por tanto, gran parte de la teología moderna está menos interesada en la esencia de la iglesia, lo que “realmente es” o “debería ser”, que en su expresión, lo que es concretamente o en lo que dinámicamente va a convertirse. En un enfoque filosófico, que es básicamente deductivo y platónico, se empieza formulando una definición del ideal de iglesia y después pasa de esta esencia pura y fija a ejemplos concretos, que no son más que copias imperfectas o sombras. En un enfoque histórico, lo que va a ser la iglesia surge de forma inductiva de su implicación con lo que existe: la condición del mundo y los problemas que hay en él dan forma a lo que debería ser la iglesia. Esto, por supuesto, es parte de lo que ocurre al pasar de una preocupación por lo sobrenatural, el ámbito de la realidad que no puede ser visto, a una preocupación por lo terrenal, el ámbito de lo observable.
Existe un reconocimiento extendido de que se ha producido un cambio de orientación de ese tipo en nuestra cultura, y que muchos teólogos lo aceptan como normativo y deseable. Carl Michalson, por ejemplo, ha escrito: “el ser de Dios -él mismo, su naturaleza y atributos, la naturaleza de la iglesia, la naturaleza del hombre, la naturaleza preexistente de Cristo- todos estos temas hipotéticos que han sacado la teología del campo de los hombres vivos a un ámbito de especulación física o metafísica remota deberían ser abandonados”. Colin Williams está de acuerdo: “No tengo duda alguna de que este cambio se ha producido y debe ser bien recibido.”
El cambio de énfasis de una esencia teórica a una presencia empírica es característico de la manera en que se ve el mundo en su conjunto: como algo que fluye en lugar de algo fijo. Walter Ong llama la atención sobre el hecho de que hayamos pasado de ser una cultura impresa a una cultura oral. La primera tendía a ser fija; la segunda tiende a ser dinámica y a cambiar o madurar. Ilustra esta tendencia con el "Webster’s New International Dictionary". Las primeras ediciones reflejaban la idea de que el lenguaje tiene formas fijas que hay que seguir de forma rígida. Las edición más reciente refleja la idea de que el lenguaje es dinámico: está vivo y en continuo cambio. Sus reglas vienen determinadas por el uso real. (Ong considera la fuerte reacción popular en contra de esta nueva visión sobre el lenguaje como una forma simple del rechazo general a considerar la realidad como dinámica). De forma similar, la iglesia ahora se ve de forma dinámica. No se considera según su esencia, sino según su existencia: una interpretación abiertamente existencialista. Es un evento, un proyecto, no una entidad ya totalmente realizada y completa.
Como resultado de este cambio de orientación, la iglesia ahora se estudia mediante disciplinas y metodologías diferentes a la teología sistemática o dogmática, lo cual trata de definir o aislar esencias. Muchos teólogos observan la historia de la iglesia para que les diga lo que es la iglesia: la iglesia es lo que ha sido. Algunos la consideran estrictamente un fenómeno del Nuevo Testamento; o sea, limitan su estudio histórico al primer periodo de la iglesia, considerándolo como normativo.
El nuevo énfasis en la utilización de disciplinas y metodológicas no teológicas para el estudio de la iglesia supone un peligro cuando la iglesia trata de entenderse a sí misma teológicamente. En el pasado cada vez que la iglesia, ante una nueva alternativa metodológica o ante un nuevo marco de trabajo (por ejemplo la biología, la antropología o la psicología), trataba de justificar su manera de entender doctrinas particulares (por ejemplo la doctrina de la humanidad o el pecado), ya había llegado a un alto grado de formulación, así que estaba relativamente segura de sí misma. Sin embargo, en este caso, la iglesia no está muy segura de su propia doctrina, y en consecuencia puede sentir la tentación de adoptar una visión y categorías derivadas de las ciencias sociológicas. Como institución social, la iglesia ha atraído el interés de los que estudian las instituciones sociales de distinto tipo. Sin embargo, la iglesia es más que una institución social y por lo tanto debe definirse en términos que van más allá de lo meramente sociológico.
Intentando definir la iglesia según su actividad dinámica se evita hacer cualquier declaración sobre la naturaleza de la iglesia. Pero surge la pregunta: si la definición de iglesia va a sufrir modificaciones frecuentes para relacionarla con el mundo moderno, ¿en qué sentido se puede decir que hay continuidad con lo precedente? O en otras palabras, ¿por qué seguir llamándola iglesia? ¿Cuál es el rasgo común que identifica a la iglesia a lo largo de todos los cambios? ¿No es probable que en un momento dado sea de aplicación un término diferente? Pensemos en el campo de la evolución biológica. Cuando una especie se desarrolla desde una anterior, se le asigna un nombre nuevo. Los biólogos no aplican un nombre antiguo a una especie nueva. Ese nombre se reserva para los miembros de la especie antigua. Con todos los cambios aparentes del mundo, ciertas categorías morfológicas y clasificatorias permanecen fijas. Sin embargo, se argumenta que aunque la iglesia está cambiando y debe cambiar, quizá de forma muy radical, todavía debería seguir llamándose iglesia. Pero si hay que seguir llamándola iglesia, debemos saber que es eso que la distingue como iglesia, o lo que la califica para que la denominemos de esa manera. Debemos determinar si hay un punto en el cual la iglesia debería denominarse club, agencia social o algo similar. Estas cuestiones no se pueden responder sin enfrentarse al asunto de la naturaleza de la iglesia. Este es un tema que debe tratarse, y no hay mejor manera de empezar a hacerlo que con el testimonio bíblico mismo.
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