La dificultad de reconocer el pecado social

Aquí nos encontramos ante una paradoja. Puede que estemos bastante sensibilizados con el desagrado de Dios hacia nuestros pecados individuales, pero seamos mucho menos conscientes de lo pecaminoso de un grupo del que formamos parte. Por lo tanto, algunas personas que nunca pensarían en matar a otro ser humano, tomar la propiedad ajena o hacer trampas en un negocio pueden formar parte de una corporación, nación o clase social que en efecto sí hace esas cosas. Tales personas contribuyen a estos males financiándolos (mediante impuestos o cuotas), aprobación directa (votando) o consentimiento tácito (no discrepando o manifestando oposición). Hay varias razones para este extraño fenómeno:

1. No nos sentimos inclinados a considerar como propias las obras en las que no tenemos una elección muy activa. El líder o el que toma las decisiones es otro; nosotros simplemente aceptamos lo que se hace. Somos mucho menos conscientes de la responsabilidad de que ocurran ciertas cosas, dado que se habrían producido aunque nosotros no formáramos parte del grupo.

2. También puede que estemos tan condicionados por nuestra pertenencia a un grupo que nuestra misma percepción de la realidad se ve coloreada por ella. Si, por ejemplo, somos blancos, puede que nunca nos hayamos puesto en la situación de los hombres de color. Esta condición es tan sutil y profunda que puede que no nos demos cuenta de que en un asunto puede haber otra perspectiva, o incluso puede que no nos demos cuenta de que existe ese asunto. Piense en la frase que se dice que dijo María Antonieta cuando se le informó que la gente no tenía pan para comer: “Pues que coman pasteles.” Nunca se le ocurrió pensar que la gente era tan pobre que si no se podían permitir comprar pan, mucho menos pasteles.

3. Puede que no reconozcamos el egoísmo de grupo porque puede que en realidad haya en él generosidad individual. Aunque hay tendencia a considerar que el pecado es básicamente egoísmo, en realidad podemos pecar de manera generosa. Puede que no saquemos provecho (al menos palpable o directo) de la acción particular de un grupo al que pertenecemos. Esto nos puede cegar al hecho de que el grupo puede estar actuando de forma egoísta. Por lo tanto, nuestro sacrificio o generosidad por el bien del grupo se puede ver como una virtud, pero en realidad nos podríamos estar beneficiando indirectamente. Nuestra generosidad puede ser una forma sofisticada de sublimación: estamos haciendo un sacrificio a corto plazo para conseguir un beneficio a largo plazo.

4. Nuestros excesos pueden ser mucho menos obvios para nosotros porque formamos parte de un grupo. Observe en algún momento el comportamiento del público de un equipo local en un evento deportivo muy disputado. Hay una audacia, una irreflexión y jactancia en nombre del equipo que probablemente muy pocos individuos mostrarían por y para sí mismos. La gente que no muestra actitudes de superioridad para sí como individuos pueden mostrarlas respecto a su país o iglesia.

5. Cuanto más lejos estemos del auténtico mal, menos real nos parece. Por lo tanto, tenemos menos posibilidades de considerarnos responsables. A muchos de nosotros nos resultaría difícil mirar directamente a un soldado enemigo, apuntarle con un arma y disparar, ya que estaríamos viendo a la persona a la que estamos disparando y los resultados de nuestra acción. Sin embargo, no parecería tan difícil lanzar una bomba o disparar una pieza de artillería, situaciones en las cuales no veríamos a las víctimas ni los resultados de nuestras acciones. Es más, si tuviéramos un cargo como el de contable en la fábrica que produce el armamento, nos sentiríamos todavía menos responsables y culpables. Si personalmente representamos mal un producto o burlamos una ley, nos sentimos mal por lo que hemos hecho. Sin embargo, si somos accionistas de una compañía que hace eso mismo, probablemente no tengamos dificultad alguna para dormir. En muchos casos, no sabemos lo que el grupo de ciudadanos, accionistas o miembros al que pertenecemos hace realmente, y de esa manera podemos contribuir al pecado, pero sin ser realmente conscientes de ello o sin tener sentido de la responsabilidad.

 

Crea tu propia página web con Webador